Cómo cuidar tu planta de lavanda para que no se muera
La lavanda es una planta que requiere atención a ciertos detalles. Su capacidad para adaptarse a diversas condiciones la convierte en una opción para quienes buscan llenar de vida su hogar o jardín.
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El lugar donde decide colocar la lavanda es primordial. Esta planta necesita abundante luz solar directa, por lo que es importante buscar un sitio donde reciba al menos seis horas de sol al día. La exposición al sol también intensifica su aroma característico, uno de los mayores atractivos de esta planta.
Si optas por cultivarla en maceta, es fundamental que esta sea lo suficientemente amplia y profunda. Las raíces necesitan espacio para expandirse, por lo que se recomienda un diámetro de al menos 30 centímetros. Además, asegúrese de que la maceta tenga agujeros de drenaje, ya que los suelos encharcados son perjudiciales para la lavanda.
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La lavanda prefiere un suelo bien drenado, con una textura ligera que permita la circulación del agua sin dificultad. Una mezcla de tierra para macetas con un 30% de arena o perlita es ideal para lograr este objetivo. Este tipo de sustrato imita las condiciones naturales en las que la lavanda crece.
El proceso de siembra de lavanda puede realizarse mediante esquejes o semillas, dependiendo de tus preferencias y experiencia. Si opta por esquejes, elija ramitas de unos 10 centímetros de largo, retire las hojas inferiores y plante el tallo en tierra húmeda. Por otro lado, las semillas requieren un poco más de paciencia, ya que suelen tardar entre 14 y 21 días en germinar.
La poda también es esencial para mantener la lavanda en buen estado. Retirar las flores secas y los tallos más largos ayuda a que la planta conserve una forma compacta y continúe produciendo flores.