Cómo aliviar el dolor emocional
El dolor emocional es un mal que está muy arraigado en un contexto histórico en el que las diferentes circunstancias parecen conjugarse para acicatear este malestar. Vivimos apurados por lo urgente e incidental, y nos olvidamos de lo más importante, mientras dejamos germinar en nuestro interior los dolores y traumas que terminan sojuzgándonos, en algunos casos. Ante esta "pandemia", que cruza a todas las sociedades, existe un concepto que parece haberse puesto de moda y que es el de resiliencia, que tiene que ver con la capacidad de gestionar este dolor.
Desde la psicología clínica existe una tipificación del dolor, el cual puede ser categorizado entre físico y emocional. El dolor físico tiene que ver con una percepción de un estímulo sensorial localizado en una parte definida del cuerpo. Aquí el dolor está claramente sectorizado y el grado de intensidad con que lo sentimos va de la mano del nivel de información que llega a nuestra cerebro, y de los propios filtros que impone nuestro organismos, que eleva o baja el umbral de dolor tolerado. En tanto, el dolor emocional es una experiencia subjetiva en la que la persona tiene una herida psíquica.
Cómo impacta el dolor emocional en nuestro físico
Los daños emocionales recibidos en la infancia, o en otros tramos de nuestra vida, pueden ser muy intensos o muy prolongados en el tiempo, lo cual puede generar consecuencias fisiológicas. Una herida emocional puede afectar al cuerpo de múltiples formas: dolores, problemas gástricos, disfunciones sexuales, incluso, en casos extremos, pueden llegar a enfermar los órganos o aparecer síntomas neurológicos. A este fenómeno se le conoce como "somatización".
Cómo aliviar el dolor emocional
Permitir que suceda: los especialistas recomiendan ser receptivos a este dolor y no intentar combatirlo o censurarlo. Eso solo hará escalar el dolor emocional que padecemos. Por lo tanto debemos permitirnos sentirlo, y no evitarlo o esconderlo, valorándolo como algo que puede ser muy natural como respuesta a una situación dada.
Actitud propositiva: si un ser querido muere o decide cesar su relación con nosotros, es lógico y normal tener un elevado nivel de sufrimiento, un estado de ánimo triste y que disminuyan los niveles de energía y las ganas de hacer cosas. El paso del tiempo y la llegada de nuevas vivencias van a contribuir a que poco a poco gestionemos nuestro dolor y salgamos adelante, superándolo.
Adaptarnos: debemos ser maleables ante este dolor emocional, esto es así debido a que si nos mantenemos rígidos en nuestro dolor, solo lo reafirmaremos y no conseguiremos ubicarnos en otra perspectiva para poder convivir con el malestar.
Resiliencia: una vez que se logra identificar la existencia del dolor emocional, debe iniciarse un proceso en el que la experiencia dolorosa puede prolongarse y mostrar un nuevo clímax, antes de que podamos empezar a superarlo.
Emociones incompatibles con el dolor: debemos permitir que estas sean expresados y fluyan, procurando aprender a modificarlas o incluso introducir experiencias que generen emociones incompatibles.

