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Cinco playas de Brasil que sorprenden por su limpieza y aguas turquesas

De Fernando de Noronha a Santa Catarina, estas cinco playas de Brasil se destacan por su paisaje, el buen estado de la arena y un entorno natural.

Santa Catarina posee una de las playas más atractivas de Brasil.

Santa Catarina posee una de las playas más atractivas de Brasil.

Foto: Shutterstock

Brasil tiene costa para todos los gustos: ciudades con playas, pueblos tranquilos, islas remotas y rincones que parecen fuera del mapa. En los últimos años, a la hora de elegir destino, un factor empezó a pesar más que antes: encontrar lugares bien cuidados. No se trata solo de estética.

Una playa limpia suele ser señal de gestión ambiental, turismo más responsable y participación local. Y eso se nota en lo más simple: agua clara, arena sin residuos y ecosistemas que no están al borde del colapso.

Noronha: el clásico donde el control funciona

En Fernando de Noronha, Pernambuco, la Baía do Sancho es famosa por su belleza, pero también por su modelo de preservación. Está dentro de un área con normas estrictas y acceso regulado, algo que ayuda a mantener el lugar en condiciones. El resultado salta a la vista: mar transparente y una costa que se conserva con un equilibrio poco común en destinos tan buscados. Para quienes hacen snorkel o buceo, suele ser un punto privilegiado para ver fauna marina como tortugas, delfines y peces de colores, con acantilados verdes completando el cuadro.

Fernando de Noronha es ideal para principiantes que quieran hacer buceo Foto: BRUNO LIMA
Fernando de Noronha es ideal para principiantes que quieran hacer buceo Foto: BRUNO LIMA
Fernando de Noronha es ideal para principiantes que quieran hacer buceo Foto: BRUNO LIMA

En el sur de Bahía, cerca de Trancoso, la Praia do Espelho es sinónimo de descanso y paisajes cuidados. Cuando baja la marea, aparecen piscinas naturales entre arrecifes y el mar se vuelve sereno, ideal para meterse sin apuro. La franja de arena suele mantenerse limpia, en parte por el perfil de la zona y por prácticas más conscientes en posadas y restaurantes cercanos. En días despejados, el agua refleja el cielo con una claridad que explica su nombre y le da un aire casi irreal, como si el horizonte estuviera duplicado.

Florianópolis: una playa que se gana caminando

En Santa Catarina, la Lagoinha do Leste ofrece otra lógica: para llegar hay que hacer sendero o ir en barco. Ese acceso más exigente limita el flujo de visitantes y, con eso, reduce el impacto humano. Rodeada de morros con Mata Atlántica, la playa se siente aislada, silenciosa, con arena clara y un mar que suele mantenerse limpio. Su sello es la laguna de agua dulce que le da nombre, un plus que suma paisaje y contraste. Es un plan perfecto para quien busca ecoturismo, caminatas y una costa menos intervenida.

La limpieza, en estos casos, no es casualidad. Cuando hay control de accesos, menor urbanización o un turismo que respeta el entorno, la playa se sostiene mejor en el tiempo. También influye la infraestructura: baños, senderos, reglas claras y servicios que no invaden la costa. Por eso, en Brasil conviven destinos muy populares que logran mantenerse ordenados con otros más discretos que conservan su encanto justamente por no haberse masificado.

Pernambuco y Alagoas: postales del nordeste de Brasil con perfil tranquilo

En Tamandaré, Pernambuco, la Praia dos Carneiros combina aguas tibias, palmeras y un mar generalmente calmo. Aunque recibe muchos visitantes, suele mantenerse en buen estado gracias a la organización de los accesos y a una conciencia ambiental que crece año tras año. Los arrecifes ayudan a que el agua se vea más clara y protegida, y el escenario invita a actividades como kayak o stand up paddle. La imagen de la pequeña iglesia junto al mar completa una postal que se volvió emblema del nordeste.

Más al norte, en Porto de Pedras, Alagoas, la Praia do Patacho conserva un perfil bajo que juega a favor. Es menos conocida que otros puntos del litoral, y eso se traduce en una costa con poca intervención urbana: no abundan los grandes quioscos ni las construcciones pegadas a la arena. La playa ofrece una franja amplia y limpia, mar tranquilo y una sensación de exclusividad que no necesita lujo para funcionar. Para quien busca contemplación y descanso real, es de esas paradas que se agradecen en un itinerario de verano.