Calefón o termotanque: cuál elegir para ahorrar gas y garantizar agua caliente
Ahorrar gas y garantizar agua caliente de forma continua son los principales objetivos al elegir entre un calefón o termotanque.
Consejos, según el uso. Fuente: Shutterstock.
A la hora de equipar una vivienda o reemplazar el sistema de agua caliente, surge un interrogante recurrente en la cocina o el lavadero: ¿conviene instalar un calefón o un termotanque? Ambos artefactos cumplen el mismo propósito, pero operan bajo principios de funcionamiento opuestos.
¿Cómo funcionan el calefón y el termotanque?
La diferencia sustancial entre ambos equipos radica en la forma en que calientan y distribuyen el agua. En el caso del calefón, enciende sus quemadores únicamente al abrir una canilla de agua caliente. Al no acumular líquido, ofrece un suministro inagotable y reduce el consumo energético cuando no se utiliza.
Su principal limitación es que depende directamente de una buena presión de agua: si el caudal es bajo o se abren varios grifos en simultáneo, pierde rendimiento y temperatura.
Mientras que el termotanque mantiene un depósito de agua caliente listo para ser utilizado en cualquier momento. Su gran virtud es que permite alimentar varias salidas a la vez (como dos duchas en uso simultáneo) sin fluctuaciones de temperatura.
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Sin embargo, requiere un espacio físico mayor, genera un gasto pasivo de gas para mantener la temperatura y, si el tanque se vacía, exige un tiempo de espera para volver a calentar el agua.
La elección debe adaptarse a la dinámica diaria de cada hogar. Para departamentos o personas solas el calefón es la solución más práctica y económica por su tamaño compacto y su uso puntual.
En cambio, para familias numerosas o casas con varios baños el termotanque resulta la alternativa más cómoda para evitar caídas de presión o enfriamientos repentinos durante el baño.
El aspecto económico a largo plazo también incluye los costos de reparación y conservación. En el caso del termotanque, tiende a acumular sarro y sedimentos por lo que requiere purgas periódicas. El calefón tiene controles mínimos si está bien instalado y suele ofrecer una vida útil de hasta 10 años con costos de reparación accesibles.


