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¿Balanceado o comida casera? La dieta que necesita un gato para vivir más

La veterinaria Natalí Mazzitelli explicó qué necesitan los gatos, qué riesgos tiene la dieta cruda y cuándo conviene realizar controles de sangre.


Elegir qué poner cada día en el plato del gato no debería depender únicamente del precio, la marca o sus preferencias. La veterinaria Natalí Mazzitelli, matrícula 926, explicó a MDZ que estos animales tienen necesidades nutricionales diferentes de las de los perros y que una dieta inadecuada puede afectar su salud con el paso de los años.

“El gato es muy distinto al perro con respecto a su alimentación”, señaló la especialista. La diferencia central es biológica: se trata de un carnívoro estricto, por lo que depende de nutrientes presentes en productos de origen animal. Según explicó Natalí Mazzitelli, “es muy importante considerar que la alimentación tenga una buena concentración proteica para brindarle una mejor calidad de vida”. El Centro de Salud Felina de la Universidad de Cornell coincide en que los gatos necesitan una dieta con abundantes proteínas, una cantidad moderada de grasas y una proporción menor de carbohidratos.

Por qué un gato no debe comer igual que un perro

Los perros atravesaron un proceso de domesticación que modificó su capacidad para aprovechar algunos alimentos. Natalí Mazzitelli recordó que una investigación identificó “36 regiones del genoma que difieren entre los perros y los lobos” y que diez de ellas están relacionadas con la digestión y el metabolismo del almidón.

El trabajo, publicado en la revista científica Nature, vinculó esas variaciones genéticas con la adaptación de los perros a una dieta con mayor presencia de almidón. En los gatos, el escenario es diferente. “Presentan una capacidad limitada para manejar concentraciones altas de carbohidratos en comparación con otras especies”, explicó la veterinaria. Esto no significa que no puedan digerirlos, sino que su organismo conserva adaptaciones propias de un animal carnívoro. “No quiere decir que no puedan consumirlos, pero hay que tener en cuenta que necesitan una buena concentración de proteína”, aclaró.

Frente a la góndola, no alcanza con mirar una cifra aislada en el envase. Natalí Mazzitelli mencionó como referencia alimentos balanceados con “un mínimo de 32% de proteína y una carga baja de carbohidratos”, aunque el valor adecuado depende de la etapa de vida, el estado clínico y la forma en que se expresa la composición nutricional. Un porcentaje del rótulo, por sí solo, no permite determinar la calidad ni la cantidad real de nutrientes que recibe el animal. La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales aconseja comprobar que el producto sea completo, equilibrado y apropiado para la edad del gato. También recomienda observar quién formuló la dieta, qué controles de calidad aplica el fabricante y si puede proporcionar un análisis detallado de sus nutrientes.

Comida casera y dieta cruda: los cuidados necesarios

Otra posibilidad es preparar comida en casa. “Se le puede brindar carne de cerdo o de vaca, pescado o merluza, e incluso combinar una dieta casera con alimento balanceado”, indicó Mazzitelli. Sin embargo, una preparación compuesta solo por carne o pescado no garantiza por sí misma todos los aminoácidos, vitaminas, minerales y ácidos grasos que necesita el gato. Cornell advierte que formular una dieta casera completa es complejo y recomienda hacerlo con una receta desarrollada por un veterinario especializado en nutrición. La elección tampoco debería basarse en que un alimento le guste al animal: “Ninguna alimentación termina de ser absolutamente ideal para todos los gatos. Hay que informarse y evaluar cuál responde mejor a los requerimientos de cada uno”, sostuvo la veterinaria Mazzitelli.

Mazzitelli también se refirió a la dieta BARF, basada en carnes, vísceras y otros alimentos crudos. El frío puede ayudar a conservar el producto, pero no elimina todos los microorganismos. “La desventaja es que puede haber bacterias, como la salmonela, o parásitos”, advirtió. Por esa razón, señaló que requiere especial precaución en hogares donde viven embarazadas, adultos mayores, niños pequeños o personas con defensas reducidas. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos encontró Salmonella y Listeria monocytogenes en muestras comerciales de comida cruda y alertó sobre el riesgo tanto para los animales como para quienes manipulan el producto. Cornell tampoco recomienda estas dietas porque no existe evidencia clara de beneficios que compensen la exposición a bacterias, virus y parásitos.

Los controles que pueden anticipar un problema

La alimentación forma parte del cuidado, pero no reemplaza las consultas periódicas. “Si cuido su alimentación, es más probable que mi gato viva más años”, resumió Natalí Mazzitelli. A partir de la madurez, también resulta necesario prestar atención al peso, el consumo de agua, la cantidad de orina, el apetito y los cambios de conducta.

“Cuando tienen ocho años, se justifica hacer un análisis de sangre para revisar valores como la urea y la creatinina y detectar una posible alteración renal”, explicó. Las guías de la Asociación Estadounidense de Hospitales de Animales recomiendan estudios cada uno o dos años en gatos de entre 7 y 10 años y, desde los 10, al menos una evaluación anual, con controles semestrales como opción aconsejada. La dieta más conveniente, en definitiva, será la que cubra todos los nutrientes, se adapte a cada etapa y cuente con seguimiento veterinario.