Así el alcohol engaña al cerebro: dopamina falsa
Alcohol y dopamina: así se activa el bucle que atrapa al cerebro. El efecto invisible del alcohol en tu cerebro.
El alcohol engaña el cerebro Foto: Imagen generada por MidJourney/MDZ
El alcohol no solo relaja ni acompaña momentos sociales. Actúa sobre el cerebro. Cada consumo altera circuitos internos ligados al placer y la motivación. Con el tiempo, ese efecto deja de ser opcional. El cerebro aprende, recuerda y pide repetir la experiencia.
El cerebro quiere repetir
Las adicciones no aparecen por debilidad. Surgen por química cerebral. Sustancias como el alcohol activan el sistema de recompensa y disparan dopamina. Ese neurotransmisor marca lo que el cerebro considera valioso. Cuanto más intenso el estímulo, más fuerte el registro interno.
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La psiquiatra Anna Lembke lo explica con claridad en el podcast The Diary of a CEO. Vivimos rodeados de estímulos intensos, accesibles y constantes. Más ingresos, más ocio y más productos diseñados para captar atención. Sin embargo, también ocurre cuando tienes menos ingresos y menos ocio, porque estás saturado.
El alcohol imita recompensas naturales. Lo hace con una descarga de dopamina muy superior a la que generan actividades básicas como comer o socializar. Esa explosión deja una marca profunda. El cerebro lo interpreta como algo necesario para sobrevivir.
Tras el pico llega el vacío. El sistema busca equilibrio y reduce dopamina basal. Aparecen apatía, ansiedad y malestar. Para aliviar esa sensación, el cerebro recuerda la fuente del placer. Así nace el círculo vicioso.
Con el tiempo, la misma cantidad ya no genera el mismo efecto. Se necesita más. No por gusto, sino por adaptación cerebral. Este fenómeno explica por qué el consumo escala sin que la persona lo planee.
Según estudios en neurociencia, este patrón se repite con drogas, tabaco, apuestas y uso compulsivo de tecnología. El mecanismo es el mismo. Cambia el estímulo, no la respuesta cerebral.
El problema actual es la potencia y disponibilidad. Las sustancias y conductas adictivas hoy generan estímulos más intensos que décadas atrás. El cerebro humano no evolucionó para este nivel.



