Adiós al escurridor de siempre: la solución 2026 que ordena sin ocupar mesada
Los sistemas de secado vertical se vuelven tendencia en las cocinas porque despejan la encimera y reducen la humedad diaria.
Este tipo de escurridor quedará obsoleto en este 2026.
Durante décadas, el escurridor apoyado al lado del fregadero fue un fijo en la cocina. Era práctico y nadie lo cuestionaba. Pero los hogares cambiaron. Las cocinas se achicaron, se integraron al living y pasaron a ser un espacio más visible.
En esa nueva lógica, el escurridor tradicional empezó a incomodar. No por capricho estético. Por rutina. Ocupa lugar, suma “ruido” visual y, con el tiempo, puede convertirse en un pequeño problema de higiene. En 2026, una alternativa más discreta y eficiente se abre paso como la opción favorita para ordenar la vajilla sin resignar superficie de trabajo.
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La mesada libre se volvió prioridad
El punto de partida es simple: la encimera vale oro. Se usa para cortar, apoyar bolsas, preparar comidas y hasta trabajar con una notebook. Cuando el escurridor se instala ahí, el espacio se achica de golpe. Y no solo eso. Después de un almuerzo con varios platos, el conjunto se ve desbordado. Vasos amontonados, cubiertos mezclados y una bandeja inferior que retiene agua.
Esa humedad persistente suele dejar marcas, generar olores y exigir una limpieza frecuente que no siempre se sostiene. En cocinas compactas, el efecto es mayor: la sensación de desorden aparece rápido y cuesta mantener el orden.
La nueva tendencia apunta a aprovechar un lugar que se usa poco: la pared. Los escurreplatos verticales se instalan sobre la bacha o en una zona cercana. Cambian el enfoque. En vez de “invadir” la mesada, suben el secado a un plano superior y dejan libre la superficie. Además, permiten que el agua caiga directo al fregadero, sin depender de una base colectora grande que acumule restos. Ese detalle, que parece menor, cambia la experiencia diaria. Hay menos agua estancada y menos humedad circulando alrededor.
El sistema suele estar organizado por módulos. Un sector para platos, otro para vasos y tazas, un espacio para cubiertos, y en algunos modelos, ganchos o barras para utensilios y paños. La vajilla queda separada, más aireada, y seca con mayor rapidez. También se facilita la limpieza: al no haber bandejas con charcos permanentes, se reduce el tiempo de mantenimiento. Para quienes cocinan a diario, ese ahorro de esfuerzo pesa.
Más higiene, más orden y un diseño que acompaña
El impacto no es solo visual. La menor acumulación de humedad ayuda a bajar el riesgo de hongos y bacterias en zonas críticas de la cocina. Y, al estar todo dispuesto de forma vertical, el orden se vuelve más estable. No hay montañas de platos que tapan lo demás. Cada pieza tiene su lugar. Eso mejora el acceso y evita la típica escena de “encastrar” vasos entre platos para que entren.
Otra clave es que estos sistemas ya no se ven como un accesorio rústico o de emergencia. Hay versiones de acero inoxidable para estilos modernos, opciones livianas para departamentos pequeños y modelos resistentes pensados para uso intensivo. Algunas propuestas son modulares y permiten ajustar la distribución según la cantidad de vajilla o el tamaño de la cocina. Esa flexibilidad explica por qué se multiplican en catálogos de equipamiento y en tendencias de interiorismo.
El cambio, en el fondo, es cultural. No se trata de “eliminar” el escurridor, sino de moverlo de lugar y hacerlo más inteligente. En 2026, la cocina busca despejarse. Quiere verse más prolija y funcionar mejor. El secado vertical de pared encaja con esa idea: menos objetos sobre la mesada, menos humedad dando vueltas y una sensación de orden que se sostiene, incluso en días de mucho uso.


