Pasó de ser rival de PlayStation a actor secundario: Xbox perdió peso en el mercado de consolas
Del liderazgo con Xbox 360 al declive de Series X|S, Microsoft cambió su estrategia y relegó el hardware frente a PlayStation.
La caída de ventas y la pérdida de identidad marcan el momento más débil de Xbox.
imagen extraída de la webDurante más de dos décadas, Xbox intentó disputar el liderazgo del mercado de consolas dominado históricamente por PlayStation y Nintendo. Lo logró por momentos, especialmente con Xbox 360, pero hoy el negocio de hardware atraviesa su etapa más débil. Las cifras de ventas, la pérdida de identidad y el cambio de estrategia abren una pregunta incómoda: ¿las consolas dejaron de importarle a Microsoft?
De proyecto disruptivo a competidor global
El nacimiento de Xbox en 2001 fue una jugada estratégica. Microsoft no buscaba solo vender consolas, sino proteger su ecosistema de software ante el avance de Sony y el potencial de Linux en el PS2. Aun así, el resultado superó expectativas: el Xbox original vendió más de 24 millones de unidades, una cifra respetable para un debutante en una industria dominada por gigantes.
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Más allá de las ventas, la consola construyó identidad. Xbox apostó por un enfoque más maduro del gaming, atrayendo a un público adulto y compitiendo directamente con PlayStation. Microsoft sabía que el camino implicaba pérdidas millonarias, pero asumió el riesgo como una inversión a largo plazo. Sin embargo, desde sus inicios quedó claro un problema recurrente: la dificultad para penetrar el mercado japonés.
Xbox 360: la era dorada que no volvió
El punto más alto llegó con Xbox 360. Lanzada antes que PS3, con un precio competitivo, un sólido servicio online y un catálogo de exclusivos inolvidables como Halo 3, Gears of War y Forza, la consola se convirtió en un fenómeno global. Vendió más de 84 millones de unidades y logró liderar mercados clave como Estados Unidos y Reino Unido.
El Xbox 360 consolidó a la marca como una potencia real del sector. Incluso con problemas graves como el “anillo rojo de la muerte”, sigue siendo el hardware más exitoso de Microsoft y el único que figura en el top 10 de consolas más vendidas de la historia. Paradójicamente, ese mayor logro ocurrió hace casi 20 años, un dato que expone las dificultades posteriores.
Del tropiezo de Xbox One al declive de Series X|S
El quiebre llegó en 2013 con Xbox One. Microsoft apostó por una visión centrada en servicios, multimedia y conectividad permanente, pero lo hizo de forma torpe: precio más alto que PS4, Kinect obligatorio, pocos juegos y un mensaje confuso. Aunque corrigió el rumbo, el daño reputacional fue irreversible. Con ventas estimadas en 58 millones de unidades, nunca logró recuperar el terreno perdido.
La generación actual profundizó el problema. Xbox Series X|S ofrece hardware potente y uno de los ecosistemas más completos del mercado, pero sus ventas apenas superan los 28 millones de unidades. En contraste, PS5 se acerca a los 90 millones y Nintendo Switch ya superó los 150 millones. La diferencia es abismal.
La explicación no es técnica, sino estratégica. Microsoft decidió que la consola ya no sería el centro de Xbox. Hoy, el foco está en Xbox Game Pass, el juego en la nube y la expansión multiplataforma. La campaña “This is an Xbox” lo deja claro: cualquier dispositivo puede ser parte del ecosistema. El problema es que, al diluir el rol de la consola, la marca también diluyó su identidad.
El futuro, con proyectos como Xbox Magnus, es incierto. Puede que el modelo basado en servicios funcione a nivel financiero, pero el prestigio de Xbox se construyó alrededor de una consola. Y eso, para muchos jugadores, sigue siendo irremplazable.




