"Vivir con trastorno bipolar es vivir a medias": un testimonio de lucha, recaídas y resiliencia
A Marisa le diagnosticaron trastorno bipolar hace más de 20 años, aunque convivía con síntomas desde mucho antes. En primera persona, relata cómo es atravesar una enfermedad estigmatizante y con dificultad de acceso a un diagnóstico y tratamiento adecuado.
Marisa Giordano comparte su historia y cuenta cómo es vivir con trastorno bipolar.
Marisa GiordanoEl Trastorno Bipolar es una afección de salud mental que afecta al estado de ánimo, la energía, la actividad y la ideación de la persona, y que se caracteriza por la aparición de episodios maníacos (o hipomaníacos) y depresivos.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que afecta a 1 de cada 200 personas en todo el mundo; pero, en muchas ocasiones, no se diagnostica ni se trata correctamente. Habitualmente, las personas con trastorno bipolar son discriminadas y estigmatizadas, tanto por su entorno social como por los servicios de salud, lo que dificulta que acudan a los establecimientos de atención de salud.
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Marisa Giordano tiene 60 años y vive en General Alvear, Mendoza. A comienzos de los años 2000 fue diagnosticada con trastorno bipolar, aunque su historia con la enfermedad había comenzado mucho antes. En diálogo con MDZ, la mujer relata su vivencia y expone cómo es convivir con esta afección de salud mental.
El camino al diagnóstico
Marisa se casó en el año 1992, y 8 meses después, quedó embarazada de su hija mayor. Si bien la angustia había iniciado previo a su embarazo, la situación se agudizó en el tercer trimestre.
"Empecé con mucha angustia que atribuíamos a diferentes factores. Cuando me quedo embarazada, eso se profundiza y a los 7 meses de embarazo me derivan a un psiquiatra, que confirmó que yo estaba atravesando una muy profunda depresión. Ahí empezó el derrotero", inicia.
Esa fue la primera de varias depresiones que atravesó durante los siguientes 7 años: "La segunda depresión llegó cuando mi bebé ya tenía 9 meses; en el medio yo tuve una vida normal, le di de mamar, concurrí a la escuela a trabajar. Mi bebé había nacido perfecta, teníamos una casa nueva que habíamos comprado, el trabajo que yo quería", aportó.
Así estuvo varios años, "entrando y saliendo" de depresiones. Pero aquella del 1999 fue un antes y un después: la mujer cambió de psiquiatra buscando otra alternativa y el resultado no fue el esperado, la nueva medicación le hizo muy mal. Marisa se tuvo que ir a vivir a la casa de sus padres y sus hijas quedaron a cuidado de los abuelos paternos.
"Ahí estuve muy mal. Mi cuñado, que es médico, llegó un día Alvear y se asustó por el estado en el que me encontró. De la mano de él, fui a otro médico", cuenta. En ese proceso, y después de varias consultas, fue que le diagnosticaron trastorno bipolar de tipo II, que se caracteriza por episodios de depresión mayor y episodios de hipomanía - ánimo elevado o irritable - pero sin presentar episodios maníacos completos.
Los "años de gloria"
Aunque se desconoce la causa exacta del trastorno bipolar, se sabe que tiene una connotación genética: "Me puse a ver mi árbol genealógico y vi que había muchos casos, aunque en ese entonces no se hablaba de trastorno bipolar. Entonces ahí yo no tuve más dudas. No fue fácil, pero me dije a mí misma que tenía que enfrentarlo", expresa.
Luego del diagnóstico y con una nueva medicación y tratamiento, llegó lo que Marisa describe como sus "años de gloria".
"A partir de ahí vinieron los años de gloria de la crianza de mis hijas, de mi profesión. Estuve cinco años y medio sin un día de angustia. Fueron años totalmente fructíferos. Pude disfrutar a mis niñas, hice un posgrado, empecé a trabajar en un terciario. Todo lo que hice esos años fue divino", recuerda.
Los síntomas del trastorno bipolar pueden aparecer y desaparecer, y generalmente, requiere un tratamiento de por vida. Luego de esos "años de gloria", volvió la angustia. Sin embargo, la situación de Marisa ya no era la misma, ahora lograba comprender qué le pasaba.
"A partir del 2006 volvieron los episodios. Algunos eran más largos que otros. Después aparecían los descansos, que en su mayoría duraban un año o dos, pero siempre volvían", relata.
Vivir con trastorno bipolar
"Vivir con trastorno bipolar es vivir una vida a medias. Es muy difícil. Nuestro humor nunca va a estar en una línea recta. Hay días de cansancio extremo, dolor en el pecho, taquicardia y una angustia que me ahoga. Cuando estoy así, se ve todo en blanco y negro, pero más negro que blanco. Yodos los pensamientos negativos se vienen a tu cabeza", describe Marisa.
Y suma: "Vivo la mitad de la vida que viven las personas sanas. De 20 festejos con familia o amigos, yo concurro a 8. Es una enfermedad absolutamente limitante, y lo peor es que la gente cae en la torpeza de pedir que pongamos voluntad, es como pedirle a un deportista que corra una maratón con una pierna quebrada".
Aún estando medicada, hay días que Marisa atraviesa lo descripto anteriormente. Sin embargo, su autoconocimiento ya le permite identificar este tipo de situaciones y utilizar las herramientas que ha adquirido todos estos años para pasar esos episodios de la mejor manera posible.
Actualmente, Marisa cuenta con una red de contención. Si bien sus hijas ya no viven con ella, están en contacto permanente con su madre. Además, una asistente terapéutica la acompaña lunes, miércoles y viernes. También tiene su mercadito de confianza que le lleva las compras a su casa, así como una chica que la ayuda a mantener limpio y ordenado el hogar, y un jardinero. A todo esto se le suman las visitas al psiquiatra y psicólogo.
Sin embargo, la mendocina reconoce que su caso es excepcional. La medicación, que no puede abandonar y que tiene que tomar de por vida, es sumamente costosa. Ni hablar de las consultas con un psiquiatra y la psicoterapia. Mientras que la salud mental debería ser una política nacional, al día de hoy es un "privilegio" al que muchos no pueden acceder.
"Es una enfermedad muy cara. Yo le agradezco a Dios, a mi familia y a mi profesión que he tenido todas los recursos. Pero he visto casos que son un despojo humano, por eso pido a los gobiernos que se encarguen de una vez por todas de ayudar a las personas con problemas de salud mental", concluyó.
Más acerca del trastorno bipolar
De acuerdo al National Institute of Mental Health, hay tres tipo de trastorno bipolar y todos suponen cambios evidentes en el estado de ánimo, la energía y los niveles de actividad:
- Trastorno bipolar I: se define por episodios maníacos que duran al menos siete días (la mayor parte del día, casi todos los días) o cuando los síntomas maníacos son tan graves que se necesita atención hospitalaria. Por lo general, también se producen episodios depresivos separados, que suelen durar al menos dos semanas. También es posible que ocurran episodios de alteraciones en el estado de ánimo con características mixtas. Cuando una persona tiene cuatro o más episodios de manía o depresión en un año, se les llama “ciclos rápidos”.
- Trastorno bipolar II: se define por un patrón de episodios depresivos e hipomaníacos, pero estos son menos graves que los episodios maníacos que ocurren en el trastorno bipolar I.
- Trastorno ciclotímico: se define por síntomas hipomaníacos y depresivos recurrentes que no son tan intensos o no duran lo suficiente como para calificarlos como episodios hipomaníacos o depresivos.
Entre los síntomas de un episodio maníaco se resalta lo siguiente: sentirme muy optimista, animado, eufórico, extremadamente irritable o susceptible; sentirse sobresaltado o nervioso, o más activo que de costumbre; tener pensamientos acelerados; tener menos necesidad de dormir; tener apetito excesivo.
En el caso de los episodios depresivos, la persona puede sentirse muy decaído, triste o ansioso; lento o inquieto; tener problemas para concentrarse y tomar decisiones; tener problemas para conciliar el sueño, despertarse muy temprano o dormir demasiado; perder el interés en casi todas las actividades; sentirse sin esperanza o valor; hablar muy despacio, sentir que no tiene nada que decir u olvidar muchas cosas.
Cómo ayudar a una persona con trastorno bipolar
Entre algunas de las sugerencias para ayudar a un amigo o familiar con trastorno bipolar, se sugiere:
- Ofrecer apoyo emocional, comprensión y paciencia.
- Escuchar sus experiencias.
- Comprender los desencadenantes y estar atento a cualquier cambio importante en el estado de ánimo.
- Recordarles que es posible mejorar con el tratamiento adecuado.
- Ofrecer ayuda práctica como llevarlos a sus citas médicas o buscar sus medicamentos.



