Verónica Sguazzini: "La obra siempre sigue, de distintas formas pero es la misma, es una sola, es uno"

La diseñadora y artista que crea rostros en óleo sobre tela laminado, nos abrió las puertas de su taller para conocer el detrás de escena de cada una de sus obras. 

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Muriel Del Barco

Verónica Sguazzini

Pachy Reynoso/MDZ

Verónica Sguazzini aunque es diseñadora gráfica, descubrió que su verdadera vocación tenía que ver con la creación a través de sus manos. 

A tres materias de terminar la carrera de Artes Visuales en la UNCuyo, mostró su obra por primera vez en una muestra de Arte Erótico, el ciclo anual que lleva la impronta de Orlando Siliotti, y ganó de a poco confianza para exhibir sus dibujos, pinturas y objetos artísticos. Además en 2001 ganó el Primer Premio en el 31° Salón de Pintura del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Mendoza por su óleo sobre tela laminado Quattrocentesco, que forma parte de la primera serie a la que le dio vida: Putti de fin de siglo, inspirada en la figura de niños desnudos en forma de querubín. 

¿Te dicen?

Vero, cuando me dicen Verónica me incomoda.

¿Autodidacta o estudiada?

Las dos cosas. Porque pienso que cuando a uno le apasiona o le interesa mucho algo trata de involucrarse con todo, de conocer en profundidad el tema, por eso decidí, después de estudiar diseño gráfico, seguir con artes plásticas en la facultad.

¿Qué es el arte para vos?

No sé qué es pero es inevitable… Esto lo he leído y escuchado varias veces, me encanta y coincido, es la única certeza que tenemos sobre el arte. Es algo que viene con el ser humano. ¿Es quizás un intento de explicarse el mundo? ¿De aprehenderlo estéticamente?

Verónica Sguazzini

¿Qué expresa?

Supongo que una visión del mundo. Quizás, la posibilidad de abstraer, conceptualizar o comunicar lo que con otros lenguajes no se puede.

¿Cómo nació esta necesidad de expresarte a través del arte?

Conmigo misma. Aunque creo que es más bien una forma de ser, una forma de pensar, porque desde que yo me acuerdo nunca dejé de pintar, dibujar, armar y desarmar cosas, de fabricarme mundos, en definitiva de jugar, nunca dejé de jugar.

¿Qué sentís cuando hacés una obra?

Me concentro, me compenetro totalmente con lo que estoy haciendo, depende en qué parte del proceso sea, pero en general siento que me aíslo, me olvido del mundo y del tiempo.

Verónica Sguazzini

¿Cómo enfrentás a un material sin forma?

Cuándo encaro un material, cualquiera sea, es porque ya sé lo que voy a hacer. No tengo ese famoso temor del que se habla a veces, porque anoto todo lo que se me va ocurriendo, hago esquemas o bocetos, además junto cosas de todo tipo, es decir voy a mi archivo y ahí está todo, siempre tengo algo que me está esperando. Igual pienso mucho antes de materializar cualquier proyecto, no soy espontánea, hay un proceso que depende de distintos factores del momento, del contexto.

¿Cuál es el primer paso que das en una hoja en blanco?

Ubicar espacialmente el elemento del que se trate, punto, línea, plano, mancha, objeto.

Verónica Sguazzini

Cuando mirás obras viejas tuyas ¿te encontrás o ya no?

Sí claro. No puedo escapar de mí. Veo mi recorrido y suelo comprobar que mis obsesiones son las mismas.

¿Cuándo te propusiste vivir del arte?

Nunca.

¿Se puede?

Si, por supuesto, muchos lo hacen. Yo todavía no sé bien cómo pero que se puede, se puede.

Verónica Sguazzini

¿Cuál es tu sueño?

Una humanidad evolucionada, dónde no hagamos, “nos” hagamos tanto daño, donde se pueda vivir sin tanto odio, que en realidad es miedo.

¿Te gusta mostrar lo que hacés? ¿Cómo te llevás con el marketing?

Sí, claro que me gusta mostrar, para mí la obra no existe si no la ve o participa de ella alguien más, me es necesario ese feedback con el receptor. Y el marketing me cuesta un poco, hago lo que puedo básicamente con las redes sociales y aprendo de los consejos de amigos colegas.

¿Qué te inspira?

Cualquier cosa puede ser un disparador, pero fundamentalmente es el ser humano (nosotros, uno mismo) con todos sus conflictos y contradicciones y cómo se relaciona con las cosas, con el tiempo.

¿Qué sentís cuando terminás un cuadro? ¿Y cuando lo empezás?

A mí me pasa eso de que la obra nunca está terminada, porque lo veo como un proceso. La obra siempre sigue, de distintas formas pero es la misma, es una sola, es uno.

¿Cómo le ponés valor a tu obra?

Me cuesta como el marketing, porque poner un valor monetario a eso que es uno mismo en realidad, y que para colmo alguien lo aprecie y lo quiera, cobrar se me hace contradictorio, agridulce (risas). Pero, cuando debo cobrar me asesoro con los que saben, que también son amigos y colegas.

¿Quién valora más tu arte, el mendocino o el turista? ¿Tiene que ver con el valor que le das vos?

No lo sé. El arte no sabe de fronteras, me parece.

¿Dónde soñás con ver una obra tuya?

No sé, en cualquier lado, me basta con que se aprecie, se valore o reconozca todo eso que lleva una obra, el pensamiento, el trabajo, ese darse a uno mismo, que no es para nada poco.

¿Qué pieza o cuadro quisieras tener en tu casa que no sea tuyo?

Un montón. Pienso mucho en pintura, me gustan muchos pintores chinos, pero en este momento me viene potente la pintura de Horacio Quiroz, pintor mexicano con el que me siento plenamente identificada. También me gustaría algún vídeo inédito de los hermanos Quay, aunque con una obrita de Liliana Porter ¡moriría!

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