Vecinos de Las Heras viven entre rejas y el miedo cotidiano por la inseguridad
Robos diarios, merodeos nocturnos y poca presencia policial marcan la vida de vecinos del Barrio Módica en Las Heras, que reclaman respuestas urgentes.
Las rejas y concertinas de todo tipo ya son parte del paisaje cotidiano en un barrio de Las Heras que vive azotado por la inseguridad.
Alf Ponce Mercado / MDZEn el Barrio Módica, en Las Heras, la inseguridad dejó de ser una sensación para convertirse en una rutina. Robos constantes, merodeos nocturnos y viviendas cada vez más enrejadas forman parte del día a día de vecinos que dicen estar cansados de vivir encerrados en sus propias casas.
MDZ estuvo en la zona y dialogó con vecinos que relataron situaciones reiteradas de violencia y desprotección. Desde robos de picaportes y medidores hasta el saqueo completo de juegos de jardín, los hechos se repiten incluso con cámaras, alarmas y rejas colocadas en casi todas las viviendas.
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Algunos de los episodios más recientes quedaron registrados en videos donde se observa a personas encapuchadas actuando de madrugada. En cuestión de segundos, se llevan manijas, picaportes o elementos metálicos de las rejas, sin que nadie intervenga.
Robos constantes y sensación de abandono
Los vecinos coinciden en que la situación se agravó en los últimos dos años. Relatan que los delincuentes se mueven con total tranquilidad, suben a los techos, cruzan patios y se llevan objetos voluminosos sin ser detectados a tiempo.
“Estamos todos enrejados y aun así entran”, repiten quienes viven desde hace décadas en el barrio. En algunos casos, los robos ocurrieron mientras las familias estaban dentro de sus casas, lo que incrementa el miedo y la sensación de vulnerabilidad.
Además de los robos, denuncian la presencia permanente de personas que merodean la zona, duermen en autos abandonados o utilizan pasillos y viviendas deshabitadas como aguantaderos. “Los vemos todos los días, saben nuestros horarios”, aseguran.
Patrullajes que no alcanzan y llamados sin respuesta
Los reclamos a la Policía y al Municipio no son nuevos. Según los vecinos, se realizaron reuniones con autoridades y se prometieron refuerzos en el patrullaje, pero las mejoras duraron apenas unos días.
“Llamamos al 911 y muchas veces no viene nadie”, explican. Incluso con alarmas sonando durante varios minutos, los móviles no llegan o lo hacen cuando la situación ya pasó.
También cuestionan el rol del GUM, que, según relatan, solo puede observar y volver a llamar a la Policía. “Es una tomada de pelo, no pueden hacer nada y nosotros seguimos pagando”, sostienen.
Calles oscuras, basura y servicios ausentes
La inseguridad se combina con problemas estructurales que, según los vecinos, facilitan los delitos. Calles mal iluminadas, árboles frondosos que tapan las luces, pasajes poco transitados y acumulación de basura generan zonas oscuras y propicias para esconderse.
A esto se suman reclamos por obras inconclusas, caños rotos, pozos en la calzada y demoras en la recolección de residuos. “La municipalidad no entra al barrio”, afirman, y cuentan que algunos reclamos ni siquiera figuran en el sistema.
El mal estado de las calles obliga a muchos a caminar por la calzada, con el riesgo de ser atropellados. “Todo se junta: mugre, oscuridad y nadie que controle”, resumen.
Miedo a salir y vidas condicionadas
El impacto no es solo material. Los vecinos dicen que ya no salen de noche, revisan varias veces antes de guardar sus autos y entran a sus casas con extrema precaución. “Primero bajo yo, miro todo y después entra mi marido”, contó una vecina.
La bronca convive con el temor a represalias. Aunque se habló de protestas y cortes de calle, muchos vecinos dudan por miedo a quedar expuestos. “Ellos nos conocen, saben dónde vivimos”, explican.
Un reclamo concreto: presencia y respuestas
El pedido de los vecinos es claro: mayor presencia policial, patrullajes sostenidos, mejoras en la iluminación y un accionar municipal más activo. Quienes viven en el barrio reclaman por respuestas concretas y sostenidas en el tiempo.
“Pagamos impuestos y no vemos nada a cambio”, repiten. Para muchos, la nota periodística es una de las pocas herramientas que les queda para ser escuchados.
Mientras tanto, en el Barrio Módica el miedo sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana. Vecinos que eligieron ese lugar para vivir hoy solo esperan poder volver a hacerlo con algo tan básico como tranquilidad.





