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Un judío en el Vaticano: mi encuentro con el papa Francisco

La figura imponente del papa Francisco me impactó en las dos oportunidades en las que pude charlar con él.

El papa Francisco me dio dos charlas inolvidables.

El papa Francisco me dio dos charlas inolvidables.

Alejandro Spivak

La profesión de periodista me dio la gracia de estar en dos oportunidades con el papa Francisco. La primera fue en 2018, cuando me recibió en el altar de la Plaza San Pedro junto a mi esposa. Fue unos días antes de la conmemoración de la Guerra de Malvinas.

En esa oportunidad charlamos unos minutos sobre temas la guerra en particular y demás temas generales. “Las guerras no sirven para nada”. Seis años después, en junio de 2024 volví a estar con él en una nueva charla en el Vaticano.

Los encuentros con el Papa Francisco

En ese segundo encuentro, hablamos de Misiones, las Ruinas Jesuíticas, su San Lorenzo querido e inclusive me dio el permiso de contarle un chiste sobre la Ultima Cena.

Su figura imponente me impactó en las dos oportunidades. Poder dialogar con uno de los líderes más importantes del mundo fue para mí una experiencia indescriptible. La emoción, por momentos, le ganó al profesional.

Como periodista tuve la oportunidad de entrevistar a varias personalidades nacionales e internacionales, pero haber tenido el honor de charlar dos veces con el papa Francisco fue lo más importante que me dio esta profesión.

Hablar de la guerra de Malvinas, de la guerra en Medio Oriente, de su recuerdo sobre la Ruinas Jesuíticas misioneras cuando era estudiante, su querido San Lorenzo de Almagro y con respeto permitirme contarle un chiste mostró la humildad y sencillez del máximo religioso de la Iglesia Católica que sigue siendo admirado por más del 90 por ciento de la población mundial más allá de las creencias religiosas.

“Las guerras no sirven para nada, no traen la paz como hacen creer quienes las originan”, me dijo en la primera visita.

“Misiones, recuerdo una anécdota: cursaba el 5to grado y la maestra preguntó a la clase, qué hicieron los jesuitas. Yo le respondí… Ruinas…”, recordó como anécdota graciosa en la segunda charla. Y sobre fútbol, hablamos del San Lorenzo campeón 1972 y de los “Carasucias”; El chiste del hombre de la colectividad judía dueño del restaurante donde se celebró la Ultima Cena y se fueron sin pagar mostró el lado humorístico del Papa Francisco.

En el primer encuentro tomamos mate con yerba misionera. Y en la segunda le regalé una kipá (gorro judío) que se lo puso y su foto recorrió el mundo.

A un año de su partido, el recuerdo de un Líder que intentó cambiar el mundo. Su legado, más allá de no compartir su creencia religiosa seguirá en mi memoria durante toda mi vida.