Tras las nevadas, ¿fin de la megasequía en Mendoza? Qué dicen los científicos
Las nevadas de los últimos días fueron intensas. Qué pasará de acuerdo a los científicos con la megasequía que hay en Mendoza.
Nevadas, ¿terminó la sequía?
Alf Ponce Mercado / MDZLas postales de una Cordillera de los Andes tapizada de blanco encendieron la ilusión en las calles y los hogares mendocinos. Tras años de mirar al cielo con preocupación por la escasez de agua, las recientes nevadas reavivó una pregunta recurrente: ¿significa este fenómeno el fin definitivo de la megasequía en la provincia?
Para echar luz sobre el tema, en diálogo con el programa After Office, Facundo Rojas, doctor el Geografía, investigador del CONICET y docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, aportó una mirada rigurosa sobre el presente hídrico de la región y advirtió que no hay que confundir un evento puntual próspero con la resolución de un problema estructural.
Un alivio bienvenido, pero acotado en cuanto a la megasequía
"Veníamos de varios años secos, de una sequía histórica que afectó fuertemente desde 2010 hasta 2022. Si bien luego mejoró un poco, este año ha superado por mucho a varios anteriores. Es una muy buena noticia para la provincia y para la producción", comenzó explicando el investigador.
Sin embargo, el especialista fue categórico al distanciar este optimismo de una conclusión apresurada: "No alcanza para decir estadísticamente que hemos salido de esa gran sequía. Al haber sido tantos años secos consecutivos, este fenómeno no anula el proceso de fondo que estamos viviendo con el cambio climático".
Según Rojas, los ríos experimentarán una recuperación visible durante el próximo verano, aunque la distribución no será homogénea. "El río Mendoza, por ejemplo, no va a mostrar un comportamiento tan marcado como sí se verá en el río Grande", detalló, subrayando que la disponibilidad efectiva de agua para el sector productivo y la población dependerá también de las políticas de gestión y distribución que se adopten.
El fenómeno de El Niño y los "motores climáticos" que también afectan a Mendoza
El origen de este temporal extraordinario se explica en gran medida por la presencia del fenómeno meteorológico conocido como El Niño. No obstante, Rojas aclaró que la relación entre este evento global y la acumulación de nieve no es automática.
"Se esperaba un evento fuerte de El Niño desde principios de año. Pero la respuesta en la montaña depende de cómo se combine con otros motores del clima global, como la oscilación antártica o el ciclo del Pacífico", señaló. A modo de contraste, recordó lo sucedido en el período 2015-2016: "En aquel momento tuvimos un Niño gigantesco, apodado 'Godzilla', que paradójicamente no produjo tanta nieve. En cambio, este año se dieron las combinaciones necesarias para generar precipitaciones de nieve propiamente dichas en nuestra cordillera".
Respecto a la duración de los beneficios, el investigador precisó que el pico de este ciclo se proyecta para noviembre y diciembre, por lo que el agua de deshielo garantizará un insumo valioso principalmente para la temporada estival 2024-2025. Parte de ese caudal permitirá recargar acuíferos y, en el mejor de los casos, aportar a la recarga de algunos glaciares, aunque no revertirá la tendencia de pérdida de masa de hielo que sufren desde hace décadas.
El cambio climático y la "nueva normalidad" en Mendoza
A la hora de analizar las proyecciones a largo plazo, el diagnóstico científico apunta a una transformación profunda de las dinámicas del clima en Cuyo. El especialista advirtió que la tendencia hacia una Cordillera más seca se mantendrá en las próximas décadas, marcando lo que organismos como el Departamento General de Irrigación ya denominan una "nueva normalidad".
Además del volumen de precipitación, la variable determinante es la temperatura. "A una nevada como la de hace 20 años hoy le corresponde una temperatura media más alta, sobre todo en las mínimas. Esto provoca que la nieve se derrita más rápido o que fenómenos que antes caían como nieve en alta montaña hoy lo hagan en forma de lluvia", sostuvo el científico, lo que incrementa el riesgo de aludes e inundaciones en la zona cordillerana.
Por otro lado, Rojas destacó un fenómeno particular que se observa en los registros históricos: mientras la cordillera tiende a aridecerse, las precipitaciones estivales provenientes del Atlántico han mostrado incrementos en el llano mendocino. "Mendoza tiene investigaciones en marcha para estudiar cómo aprovechar el agua de lluvia en el llano, un recurso que hoy no está estructurado para ser captado y reutilizado masivamente", puntualizó, visibilizando el trabajo de investigadores locales como el especialista Luis Bastidas.
El rol de los científicos y el "cambio climático"
El investigador enfatizó la importancia de sostener el financiamiento y el apoyo estatal a la investigación científica para anticipar y gestionar los riesgos ambientales.
"Hay hechos científicos consolidados: la temperatura global sube y la disponibilidad media de nieve en nuestros Andes tiende a bajar. La discusión sobre el cambio climático no es una cuestión de fe, sino de evidencia", concluyó Rojas.
En síntesis, las intensas nevadas representan una excelente tregua que traerá alivio inmediato a las cuencas y embalses de la provincia. Sin embargo, para la ciencia, el desafío de fondo permanece intacto: Mendoza deberá seguir administrando su recurso más preciado en un escenario donde la escasez seguirá siendo la regla y la abundancia, apenas una afortunada excepción.

