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Terremotos, ingeniería y sociedad

Mendoza está en una zona de alto riesgo sísmico. Esa situación puede controlarse razonablemente si disminuimos la vulnerabilidad de nuestras edificaciones. En el día de la prevención sísmica, un análisis profundo de un especialista.

Las ruinas de la iglesia de San Agustín después del terremoto de 1861 en Mendoza. Foto: Mendoza Antigua
Las ruinas de la iglesia de San Agustín después del terremoto de 1861 en Mendoza. Foto: Mendoza Antigua

El 20 de marzo de este año se cumple el 165 aniversario del devastador terremoto que afectó a nuestra provincia, con el conocido saldo de muertos de aproximadamente un tercio de su población y de la importante destrucción de la ciudad. Aquel evento nos recuerda que Mendoza es zona de gran peligrosidad sísmica y el gobierno provincial ha declarado por ello el 20 de marzo como "Día Provincial de la Prevención Sísmica en la Provincia de Mendoza" (Ley 9.052).

Cada año la conmemoración se traduce en diversos llamados a mantener e incrementar nuestra "conciencia sísmica". Hacemos seguidamente una puesta al día de algunos aspectos vinculados a la prevención y mitigación del riesgo sísmico, que implica atender muy diversas cuestiones técnicas, políticas, culturales, económicas, etc. Nos centramos aquí sólo en uno de esos tópicos, pero de fundamental importancia, tal el de la seguridad de nuestras construcciones frente a la acción sísmica. Prescindiendo de muchos otros factores, las consecuencias de cada terremoto muestran un escenario muy diferente cuando las construcciones no colapsan (aún cuando muchas queden inutilizables por sus daños).

Es decir que aunque la peligrosidad sísmica en nuestra zona es muy alta por condiciones geológicas, el riesgo implícito puede controlarse razonablemente si disminuimos la vulnerabilidad de nuestras edificaciones e infraestructura ante el evento sísmico. Esto se logra cuando, con la adecuada intervención de la Ingeniería sismorresistente, se provee a las construcciones una estructura especialmente diseñada para resistir acciones y/o disipar la energía que el sismo introduce en las mismas, además de las acciones permanentes y de servicio. Nuevas tecnologías de aislación sísmica, disipadores de energía, etc., permiten proteger no sólo las construcciones sino también elementos no estructurales así como sus equipamientos.

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El temblor volvió a poner el foco en la mochila de emergencia y en tener suministros listos.

El temblor volvió a poner el foco en la mochila de emergencia y en tener suministros listos.

En tal sentido Mendoza adhiere actualmente a la aplicación de los Reglamentos de Construcción Sismorresistente INPRES-CIRSOC 103 (IC-103) y posee un Consejo de los Reglamentos de Seguridad Estructural de Obras Civiles (CoRSEOC), integrado por especialistas de la Universidad Tecnológica Nacional-Facultad Regional Mendoza-, Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Cuyo, Centro de Ingenieros de Mendoza y Consejo Profesional de Ingenieros y Geólogos de Mendoza, con sede en este último, según Decreto 3525/07, que asesora al Poder Ejecutivo en esta materia. Este órgano participa además en la actualización de dichas normas, en activa colaboración con el Instituto Nacional de Prevención Sísmica.

La citada adhesión a los Reglamentos IC-103 no es aún completa en todos los municipios de la Provincia, pero el Gobierno Provincial promueve actualmente un Código Unificado de Construcción que los asume y que alentamos como modo de arribar finalmente a un nivel de seguridad uniforme y acorde con el estado del conocimiento en todo el territorio provincial en esta materia.

Esta aspiración requiere del compromiso de la comunidad profesional, pero asimismo del gobierno y de los usuarios finales. El título de esta columna alude a ello; una vasta red de responsabilidades está involucrada en alcanzar la seguridad esperada. Los profesionales tienen el deber de mantener su preparación y práctica a tono con el vertiginoso avance de tecnologías y conocimientos, los órganos de control de velar por el cumplimiento de los Reglamentos, tanto en lo concerniente a las documentaciones de proyecto como a la ejecución de las obras y finalmente los usuarios de las construcciones, es decir sus propietarios, deben asesorarse con especialistas de la Ingeniería sobre las implicancias de un correcto diseño estructural sismorresistente de su obra (abandonando la difundida noción, consciente o no, de que es un aspecto secundario o complementario), de su posterior ejecución respetando las condiciones proyectadas y del mantenimiento que requiere en el tiempo para conservar su seguridad.

Mendoza se prepara para incrementar su matriz productiva, lo que sin duda implica crear nueva infraestructura, nuevas edificaciones, etc. Un terremoto destructivo puede arrojar por tierra en segundos muchos de esos ingentes esfuerzos de toda la sociedad, con lamentables saldos de pérdidas de vida y económicas. Afortunadamente, la Ingeniería ofrece soluciones para reducir riesgos e incrementar la resiliencia ante la emergencia de estos eventos, pero su eficaz implementación requiere de la acción de toda la sociedad. El Consejo Profesional de Ingenieros y Geólogos alerta una vez más al respecto sobre la indispensable toma de conciencia de la comunidad en su conjunto.