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Sufrió una injusticia, murió en la cárcel y se convirtió en el fantasma protector del Teatro Independencia

En el segundo puente de maniobra de la sala mendocina, un espíritu de la época de la antigua cárcel entona su protesta.

El Teatro Independencia tiene una agenda recargada para febrero. Foto: Gobierno de Mendoza

Las historias de fantasmas en los teatros han construido mitos y leyendas muy arraigados en la cultura popular, y sobre todo en la amplia comunidad artística que diariamente frecuenta esos espacios. Con mucho respeto a la creencia popular, y celosa prudencia ante los que habitan cotidianamente el teatro, hoy en nuestra nota abordaremos un tema del que poco se habla: el fantasma del Teatro Independencia.

Con cierta frecuencia la presencia de ánimas en pena en las salas teatrales, suele vincularse con la intempestiva percepción de sucesos paranormales como ruidos inexplicables, objetos que se mueven solos, luces parpadeantes y apariciones de figuras espectrales, a menudo vinculadas con tragedias ocurridas en el lugar. Estas leyendas pueden involucrar a artistas fallecidos, como bailarinas o actores; a trabajadores del teatro que sufrieron un accidente fatal; a caseros o serenos de la sala; duendes imaginarios escapados de alguna obra; o hasta operarios como bomberos y policías que encontraron la muerte en pos de contener un siniestro y cuyos espíritus se consideran atrapados en el edificio.

Nada de estas circunstancias nombradas como ejemplos, que inundan los teatros del mundo, están vinculados con el legendario fantasma de la famosa sala mendocina que termina de cumplir cien años de vida.

El fantasma del Independencia se encuentra muy lejos de parecerse al “Hombre de Gris”, aquel habitante de uno de los teatros más antiguo de Londres: el “Royal Drury Lane”, inaugurado en 1663 y que todavía sigue abierto. Ese hombre vestido de gris, que al haber sido descubierto besándose con una actriz tras los bastidores, fue asesinado por el amante de ésta y cuyo cuerpo se descubriría años más tarde, emparedado entre dos paredes. O al espíritu del operario maquinista Luis Efraín Cáceres (chileno), quien se suicidó en 1985, ahorcándose en el porteño “Teatro Maipo”. Algunos dicen, al no ser correspondido en su amor por una corista. O al mundialmente celebre “Fantasma de la ópera”, inspiración de la novela de Gastón Leroux (1868 – 1927), basada sobre hechos espeluznantes sucedidos en el Palacio Garnier, sede de la Opera de Paris.

Pero tampoco el caso del fantasma mendocino del Independencia tiene semejanza con otras ánimas fantasmagóricas notables que incluyen al actor William Terriss (quien interpretó a Robin Hood), quien fuera asesinado en 1897 por otro compañero comediante de una puñalada en el “Adelphi Theater” de Londres y cuyo espíritu deambula por las estaciones de trenes inglesas. O al productor artístico estadounidense, David Belasco (1853 – 1931), quien vivía en el mismo teatro (“Stuyvesant”) de Broadway (Nueva York), sala que actualmente lleva su nombre. La leyenda cuenta que el productor aún pasea por el teatro, y hay quienes comentan haberlo visto con un habano en mano y otros, que lo observaron pellizcando el trasero de las actrices que le gustaban con el argumento que esa práctica traería buena suerte.

Mucho menos parecido al espectro cuyano del Independencia, será el fantasma referenciado con la consagrada actriz argentina, Lola Membrives (protagonista de grandes obras de la dramaturgia española durante la primera mitad del siglo XX), cuya alma recorre los pasillos del “Teatro Lara” de España, y de donde se desprenden testimonios de varios actores que la escucharon cantar tras su muerte (1969) en lo que fue su camarín. O la bailarina del “Teatro Colón”, quien falleciera trágicamente tras una lesión, y su imagen deprimida se manifiesta como una silueta en sombras que se posa en los espejos de los camerinos o de la sala de ensayos. En fin, las historias de fantasmas en teatros son tan comunes que al Independencia no podía faltarle la suya. Creer o reventar.

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Las bases del Teatro Independencia

El Teatro Independencia surgió de un proyecto del gobierno provincial de Carlos Washington “Gauchito” Lencinas durante 1922, para ser inaugurado en 1925. Tenía como objetivo desarrollar un corredor turístico aprovechando la amplia Plaza Independencia, pero que además del teatro contemplara la inauguración del lujoso Plaza Hotel y un Casino Provincial, en la manzana donde había funcionado la vieja Penitenciaría de Mendoza y por ese tiempo (hasta antes del proyecto que dará nacimiento al Independencia) era ocupada por el Cuartel General de Bomberos.

En este punto nos detendremos un momento. La vieja cárcel colonial de Mendoza, que funcionó en las dependencias de lo que fuera el predio del antiguo cabildo (actualmente el Área Fundacional de Mendoza) se derrumbó tras el terremoto de 1861. Muchos fueron los proyectos para su reubicación hasta que finalmente la penitenciaria se terminó construyendo en la manzana Nº 44 de la Ciudad Nueva, frente a la Plaza Independencia, siendo inaugurada en abril de 1865 y cuyo primer alcaide fue Felipe Aroma. Ahí funcionará la cárcel mendocina hasta que se trasladó en 1910 a su ubicación actual sobre calle Boulogne Sur Mer. Desde la desocupación de la cárcel, ese edificio se reconvirtió en la sede del Cuerpo de Bomberos dependientes de la policía. Este grupo de bomberos (“los soldados del agua”, como se denominaban) había nacido el 26 de octubre de 1907, convirtiéndose en el primer escuadrón profesional de bomberos de Mendoza. Esta repartición de servidores públicos, ocupará ese lugar hasta que se iniciaron las obras de lo que comprendió el ya nombrado “proyecto de Lencinas”: teatro, hotel y casino; todo en una misma manzana.

La muerte del cantor inocente

“Él aparece en el segundo puente de maniobra y desde ahí protege a los artistas”; dicen los que lo han visto pasar, en referencia al sector donde se mueven los telones del escenario. Así pues, el fantasma del Independencia no es el espíritu de alguien que haya muerto en el mismo teatro. Su trágica historia es muy anterior a la apertura de la emblemática sala. La leyenda nos dice que es un ánima de la época en que en ese predio funcionaba la cárcel de Mendoza y fue víctima de una gran injusticia.

El mítico relato popular nos pintará una escena donde un tropero, que a su vez también oficiaba de payador y guitarrero (para algunos de apellido Torres; para otros: Torrent), fue denunciado de haberle robado una cuadrilla de caballos a la familia de Angelino Arenas Raffo, quienes eran dueños de las mayores tropillas de caballos y mulas que se recuerden en Mendoza. Lo cierto fue que el verdadero ladrón era un comisario de policía, que todo lo robado se lo vendía al gobierno (por ejemplo: mulas y caballos), convirtiéndose a través de distintos terraferros en proveedor del mismo estado provincial. Ese mismo comisario habría sido el que falsamente denunció al susodicho (tropero, guitarrero y cantor), que a la postre fue encarcelado y murió envenado en 1905, estando en prisión, sin aclararse nunca su situación.

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De los primeros filmes sonoros a John Malkovich, el Teatro Independencia recorre un siglo de espectáculos que dejaron huella en Mendoza.

De los primeros filmes sonoros a John Malkovich, el Teatro Independencia recorre un siglo de espectáculos que dejaron huella en Mendoza.

La leyenda cuenta que aquella penitenciaría, proyectada con 118 celdas en los planos originales del ingeniero belga Fernando Berghmans, finalmente se construyó de 80 calabozos. En la celda Nº 55 fue donde pasó el resto de sus desgraciados días, el desafortunado Torres o Torrent. La celda del preso estaba frente a la capilla del penal. Desde sus calabozos será desde donde los detenidos oirán misa sin salir de sus recintos, mientras el único consuelo de Torres o Torrent, fue cantar viejas tonadas cuyanas, simulando con un trozo de madera, tocar su guitarra que nunca más volvió a ver, mientras suplicaba clemencia como un acto de justicia por un hecho que nunca cometió. Dicen los supersticiosos que el número 55 representa “la música” y que la madera que simulaba su guitarra tenía unas cuerdas dibujadas con un pedacito de carbón. Vaya paradoja, el proveedor de carbón a la penitenciaría mendocina habría sido un italiano de apellido Pugliese. Otra vez; creer o reventar, teniendo en cuenta que el venerado y muy conocido Osvaldo Pugliese (“San Pugliese” para el colectivo artístico y cultural) nació en 1905, el mismo año que envenenaron al músico preso, probablemente para que “no cantara” nada más. No vaya a ser que la melodía “deschavara” al verdadero ladrón.

El fantasma protector

Ese sería el espíritu del fantasma que aún hoy sigue cantando su protesta y que ronda las alturas del Independencia, protegiendo y velando por la reivindicación de los artistas, cultivando el papel de un fantasma bueno y protector. Mientras otros observan, muy lejos de una casualidad, que con justicia la obra seleccionada para la apertura del Teatro Independencia, un 18 de noviembre de 1925 (“La emigrada”), haya pertenecido a Vicente Martínez Cuitiño, un pionero en el arte de trasladar desde sus geniales creaciones artísticas una punzante crítica social al comportamiento antojadizo, corrupto e impune del poder.