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Sin refugio y sin familia: la situación de calle que persiste cuando termina el invierno

Miles de personas viven en situación de calle y Jonatan es una de ellas. Con los refugios cerrados, la solidaridad es lo único que protege del frío.


El invierno empieza a despedirse y la primavera asoma, pero Mendoza volverá a sentir el frío. Para quienes tienen un techo, será apenas un cambio en el termómetro. Para las personas en situación de calle, cada noche sigue siendo una prueba. Jonatan duerme en la puerta de una propiedad en alquiler gracias a una mujer que decidió dejarlo quedarse.

Un permiso, no una casa

El lugar es apenas un escalón, una pequeña entrada que funciona como refugio. No hay cama, paredes ni calefacción. Hay una puerta cerrada detrás suyo y algo de reparo frente al frío. Pero, sobre todo, hay permiso.

“Es que antes venían otras personas y bardeaban mucho. La chica de la inmobiliaria nos dijo que nosotros nos podemos quedar”, cuenta Jonatan.

Quedarse tiene condiciones. Él y su amigo deben mantener limpio el lugar, evitar conflictos y cuidar el frente de la propiedad. Es poco, pero para alguien que no tiene dónde dormir puede significarlo todo.

Jonatan perdió a sus padres y dice que no tiene familia. Vive de changas y carga con una historia atravesada por las adicciones, una problemática que aparece una y otra vez cuando se intenta entender por qué tantas personas terminan viviendo en la calle.

Jonatan y su amigo mantienen el lugar limpio y ordenado, cuando se levantan dejan todo en condiciones para después salir a "changuear".

“No fui a los refugios que puso el Gobierno, porque estuve un tiempo en un espacio de AA (Alcohólicos Anónimos), pero me fui de ahí”, relata.

Su historia no puede reducirse a una elección ni a una falta de voluntad. Salir de esa situación requiere mucho más que un lugar donde pasar la noche.

Una vecina de la zona también habló con MDZ. Dice que conoce a varias de las personas que duermen en las calles cercanas y que suele hablar con ellas, brindarles abrigo, ropa, comida y ayudarlas con lo que puede. Las llama por su nombre o por sus apodos. Para ella, el problema más difícil de abordar son las adicciones.

“Es muy difícil salir, es una enfermedad y no es fácil de resolver”, sostiene. También cuenta que ha conocido a personas muy capaces, que fueron profesionales, saben idiomas, tienen cultura general y viajaron por el mundo. Sin embargo, le confiesan que lo que terminó complicando sus vidas fue justamente una adicción.

Adicciones, salud mental y vínculos rotos

La relación entre la situación de calle y los consumos problemáticos también aparece en los operativos que realiza el Gobierno provincial. Priscila Segura, directora de Contingencias de Mendoza, aseguró que “del 100% de las personas en situación de calle, el 95% yo te diría que tiene problemas de adicciones y de salud mental”, afirmó.

Segura explicó que los equipos detectan esta problemática cuando concurren a los lugares donde las personas duermen o arman sus “ranchadas”. Según señaló, una de las primeras alternativas que ofrecen es el acceso a tratamientos y dispositivos de asistencia, aunque la decisión de iniciar un proceso depende de cada persona.

“Están totalmente atravesados por eso”, sostuvo la funcionaria, quien vinculó los consumos problemáticos con la pérdida progresiva de los vínculos.

“Perdieron sus vínculos seguros, perdieron sus trabajos, perdieron sus amigos, van perdiendo en el camino todo por el tema de las adicciones”, explicó.

Para quienes aceptan iniciar un proceso de rehabilitación, el Gobierno provincial trabaja mediante un convenio con Remar. En determinados casos, las personas son trasladadas a granjas de rehabilitación ubicadas fuera de Mendoza y lejos de los lugares donde desarrollaban su vida cotidiana y consumían.

Los refugios cerraron, la calle sigue

El 31 de agosto cerraron los refugios Huentala y Azul, que la Ciudad de Mendoza había dispuesto durante el invierno y que funcionaron desde el 15 de junio.

Los espacios ofrecieron alojamiento nocturno, alimentos y distintos servicios a unas 80 personas. Sin embargo, la cifra queda muy lejos de las más de 1.000 personas que, según datos difundidos durante este año por organizaciones sociales, atraviesan una situación de calle en Mendoza.

El cierre de los refugios no significa que el problema haya desaparecido. Apenas cambió la estación.

Más allá de la emergencia

Ofrecer una cama es lo urgente. Pero no siempre alcanza. En espacios como el Centro Integrador Puentes, que trabajan durante todo el año con personas en situación de calle y consumos problemáticos, el abordaje incluye acompañamiento psicológico, trabajo social, tratamientos y reconstrucción de hábitos y vínculos.

La situación de calle tampoco es una realidad uniforme. Organizaciones pertenecientes a Red Calle han advertido que mujeres y disidencias enfrentan riesgos y necesidades específicas y reclaman dispositivos de alojamiento y acompañamiento adecuados.

La historia de Jonatan queda ahí, en una puerta cualquiera de Mendoza. Una inmobiliaria tiene una propiedad que espera un inquilino. Él tiene un escalón donde espera poder dormir.

Entre ambas cosas apareció una mujer que decidió mirar y escuchar antes que simplemente cerrar la puerta.

Su gesto no resuelve la situación de calle, las adicciones ni la pobreza. Pero para Jonatan significa algo concreto: esta noche tiene un lugar donde quedarse.

Y detrás de cada persona que duerme en la calle hay una historia que empezó mucho antes de llegar a ese escalón.