San Valentín y el arte de amar: del flechazo al amor profundo
Celebramos San Valentín, enamorarse es intenso y pasajero; amar es un proceso que conoce, acepta y da sentido en tiempos de saturación digital.
El enamoramiento necesita de la mirada atenta y de la contemplación del otro para que sea posible descubrir lo imperceptible.
Archivo MDZCada 14 de febrero celebramos a San Valentín, patrono de los enamorados. En su memoria, festejamos el valor del amor que inspira a novios, parejas, familias y amistades a recordar ese sentimiento que, en muchos casos, fue el origen de vínculos que nos brindan alegría, satisfacción, gratitud y sentido a lo largo de la vida.
En el hemisferio norte, esta fecha también se asocia con el despertar de la naturaleza tras el invierno y con las danzas de cortejo de los pájaros. Es, entonces, un día que invita a celebrar el amor y la amistad como expresiones de apertura a lo nuevo, al encuentro y a la vida. También nos convoca a la magia y misterio que muchos vivimos en el enamoramiento. En la actualidad, especialmente entre los más jóvenes, circulan múltiples expresiones para referirse al “estar enamorado”: estoy enganchado, hasta las manos, me tiene loco. Todas ellas describen un estado de intensa exaltación emocional, vivido como un embobamiento placentero, en el que las demás preocupaciones quedan momentáneamente relegadas y el presente se vuelve absoluto.
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Festejamos el valor del amor que inspira a novios, parejas, familias y amistades
El enamoramiento se despierta y se sostiene, en gran medida, en estímulos de carácter sensorial. Nos enamoramos de una voz, de una mirada, de una presencia, de una imagen en redes sociales o en aplicaciones de citas. Sin embargo, en esta etapa no hay todavía un reconocimiento pleno de la totalidad de la persona amada. La fuerza del estímulo inhibe otros procesos psíquicos y dificulta ver al otro en su real dimensión, tanto en sus aspectos positivos como negativos, los que siempre están presentes en toda relación amorosa. Sin duda, la mayoría recordará su primer amor que en realidad en muchas ocasiones corresponde a un enamoramiento en donde nos hemos sentido colmados e inundados de un sinnúmero de sensaciones: nuestros sentidos se ven transformados, agudizados y despiertos. El mundo se percibe diferente, con más color y claridad. Hermann Hesse lo describe en su Carta de un adolescente con la imagen de un artista que ve las cosas de otro modo e incluso percibe sonidos y olores a los que antes no atendía. Sólo que se trata de algo pasajero.
El amor, en cambio, no puede explicarse a partir de una sola razón
Amar no es el resultado de un estímulo puntual, sino de un proceso. Puede compararse con el revelado de una fotografía: poco a poco emerge una imagen que estaba oculta y que adquiere un significado único para quien ama. Tras el enamoramiento, el amor profundo transforma la mirada y permite reconocer al otro en su singularidad aceptándolo con todas sus características. No es ciego quien ama; ciego es quien no puede amar. Solo conocemos verdaderamente aquello que amamos, y cuanto más profundo es ese conocimiento, más intensos y vivos pueden ser el amor y la pasión.
En tiempos de cambio acelerado, de vínculos mediados por pantallas, de saturación digital, de individualismo y pérdida de sentido, resulta necesario volver a preguntarnos por el lugar del amor en nuestras vidas. Alentar el enamoramiento —no como un fin en sí mismo, sino como una puerta de entrada al amor— implica recuperar la posibilidad de salir de uno mismo para descubrir al otro en todas sus dimensiones. Estar enamorado es un estado sensible, estimulante que se distingue del amor humano.
Amar no es el resultado de un estímulo puntual, sino de un proceso
Es esencial en todas las etapas de la vida, dar lugar al enamoramiento y al amor en sentido amplio de modo de compartir con otros intereses que promuevan la realización mutua. El enamoramiento necesita de la mirada atenta y de la contemplación del otro para que sea posible descubrir lo imperceptible y así transformarlo poco a poco en nuevas formas de madurez en el amor.
* Mag. María de la Paz Grebe Noguera. Decana de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad Católica Argentina (UCA)


