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¿Salís hoy? ¿Salís conmigo? ¿Te acordás? Nos conocimos en el laberinto...

Llega "Arte que motiva": una reflexión sobre la mirada, el amor y la búsqueda de sentido frente a la incertidumbre de la existencia humana y la fe.


Entre un espejo y un laberinto: “Subí a mi cuarto; absurdamente cerré la puerta con llave y me tiré de espaldas en la estrecha cama de hierro. En la ventana estaban los tejados de siempre y el sol nublado de las seis. Me pareció increíble que ese día sin premoniciones ni símbolos fuera el de mi muerte implacable.

A pesar de mi padre muerto, a pesar de haber sido un niño en un simétrico jardín de Ha¡ Feng ¿yo, ahora, iba a morir? Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí...”

(El jardín de senderos que se bifurcan – Jorge Luis Borges)

¿Acaso nos extraviamos en los espejos sin retornar a sí mismos…?

Un gran laberinto.

Y es el laberinto…

El espejo apenas retiene cómo nos miraron…

El pasado es una tentación.

La salida del laberinto es creer

Es el ¡Ahora!... Al creer advenimos punto de partida.

Creer es así como me creo

Lo que somos está expuesto. ¡

¡Estoy expuesto a mí!

El lugar del otro evidencia el laberinto.

La búsqueda de la salida de mí mismo alcanza el desenlace al reconocer el lugar del otro.

Frente al espejo evidenciamos nuestra imagen.

El laberinto nos evidencia frente a sí mismos “perdidos”.

¿De qué nos perdemos?

El laberinto es la conciencia. Nos hace reconocer…

Lo que contemplamos es como lo contemplamos. ¡Así es en nosotros! Y es nuestra fe…

“¡Ven a salvarnos! Este es el clamor del hombre de todos los tiempos, que siente no saber superar por sí solo las dificultades y peligros. Que necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto. Ya el mero hecho de elevar esta súplica al cielo nos pone en la posición justa, nos adentra en la verdad de nosotros mismos” Benedicto XVI confesaba así la necesidad de la entrega frente a la incertidumbre y los límites que representan al laberinto.

El espejo apenas evidencia nuestro modo de ser. Otros modo de Ver evidencian el modo de ser de Dios en nosotros.

La actualidad nos exige salvar todo en sí mismos. ¡Nos laberinta! La inmediatez no nos deja ver más que el paso que nos tienta dar.

¡Somos tentados por sí mismos! Ya ni siquiera nos tientan…

Nos tienta aceptar que alguien puede tener un amor tan grande por nosotros…

Una Vida espiritual lo es por el ánimo, por el envión que excede las condiciones.

El espejo apenas evidencia nuestro modo de ser. Otros modo de Ver evidencian el modo de ser de Dios en nosotros.

”Amados” es la única condición

Nos cuesta creer lo que hace por nosotros amar. Nos cuesta creer amar. La crisis es lo “no amado”. Y entonces resistido como experiencia y negado como sentido.

“Sólo el Dios que es amor y el amor que es Dios “

Amar es la voz incluso de los que no tiene voz.

Amar nos prueba duramente en nuestra dignidad.

En el laberinto hay gritos

¡Que no sean gritos perdidos!

¡Son los gritos de los perdidos! El grito es la entrega.

Por eso reconstruyo estos laberintos en madera. ¿”Reconstruir”? Si, un modo de esculpir lo que ya es, evidenciándolo imagen.

Al esculpir mis laberintos adviene lo inesperado, lo imprevisto, las respuestas que aún no tienen las preguntas a las que ofrendarse.

Andar es encontrarse con uno mismo y tal como nos encontramos en el otro.

“Cada ruta puede ser la correcta, siempre y cuando uno quiera ir hacia donde va y cada punto puede estar unido a cualquier otro punto. El rizoma es por ende el lugar de las conjeturas, de las apuestas, de los azares, de las reconstrucciones, de las inspecciones locales descriptibles, de las hipótesis globales que debe ser continuamente replanteadas, pues una estructura en rizoma cambia de forma constantemente” (La línea y el laberinto / Umberto Eco).

La inminencia de un orden es la creación de la mirada.

La experiencia del cómo puedo en qué puedo-.

El laberinto lo inicia una visión

Creer en el camino lo abre.

Ver no es límite de la realidad.

Lo inexplicable lo es en sí mismo. Sin remontar a un sentido…

La mirada es la creación. Lo amado es lo recreado.

* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.