Quedó atrapado en la Panamericana y el agua se lo llevó todo: "Nadé para salir"
Un conductor relató cómo una crecida súbita en la Panamericana lo obligó a abandonar el auto y pedir ayuda, mientras asegura que no encuentra responsables.
Gianfranco todavía lo cuenta con el tono de quien repasa una película que no eligió ver. Iba en su auto por la Panamericana, en hora pico, con un tránsito espeso y una tormenta que no daba respiro. No le llamó la atención la lentitud. Era el escenario típico de un día pesado.
Pero cuando siguió la indicación del GPS y entró a la colectora, todo cambió. El avance se volvió mínimo y, de golpe, se frenó por completo. La lluvia caía como una “cortina” cerrada. “No se veía” casi nada hacia adelante, dijo en su testimonio a MDZ Ciudadano, mientras describía que los limpiaparabrisas no alcanzaban.
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Un atasco que se transformó en emergencia
El primer signo de que algo raro pasaba no fue el agua. Fue un auto que apareció en sentido contrario por la banquina. Gianfranco se quedó helado. En medio del chaparrón, no entendía qué había delante. Intentó salir de la fila. Buscó una maniobra para girar y retroceder. Ahí llegó el golpe. El nivel subió “muy rápido”. En segundos, el agua ya estaba a media altura de las puertas.
Según su relato, los desagües no daban abasto y el problema se agravó porque había restos de corte de pasto sin retirar. “Me desesperé”, resumió. Cuando quiso reaccionar, el interior empezaba a llenarse y el motor terminó apagándose.
Salir del auto, empujar la puerta y nadar
Gianfranco contó que levantó los vidrios, tiró el freno de mano y bajó del vehículo con esfuerzo. El agua presionaba la puerta. Tuvo que empujarla con fuerza. Afuera, el nivel ya le llegaba “a la cintura”. En esa escena, tomó una decisión instintiva: alejarse como pudiera. Avanzó como si estuviera “nadando”, empujando el agua hacia una zona más alta, cerca del puente de Thames.
Allí se refugió. En cuestión de minutos, la corriente terminó por tapar su auto. No estaba solo. Había alrededor de una docena de vehículos atrapados y, según relató, varias personas tuvieron que ayudar a adultos mayores a salir de la zona.
Después de la tormenta, la imagen del daño
Cuando el temporal aflojó y quedó apenas una llovizna, volvió para mirar. La escena era desoladora. Autos cubiertos, barro, pastos y ramas amontonados. Recién horas después el nivel bajó lo suficiente como para que intervinieran las grúas. Primero lo remolcaron hasta una calle lateral y más tarde su seguro trasladó el auto hasta su casa. Gianfranco lo resume con bronca: “me cagó” el cierre de año. Fue, además, en la víspera de Navidad. Un golpe doble, por el daño material y por el momento.
Desde entonces, asegura que empezó una peregrinación sin destino. Afirma que ni el seguro, ni el Estado, ni la concesionaria de la autopista le dieron una solución. “No se hace cargo”, repitió, una frase que se volvió leitmotiv de su caso. El auto quedó inmovilizado y, según dice, todavía no puede resolver cómo repararlo o reemplazarlo. La frustración crece porque, mientras pasan las semanas, los gastos se acumulan y la vida cotidiana se complica.
En diálogo con MDZ, Gianfranco también apuntó contra la respuesta de su aseguradora, Providencia Seguros. Dijo que le rechazaron el reclamo por un motivo puntual: el auto figura inscripto en aplicaciones de transporte. Según explicó, hacía viajes de manera “esporádica” cuando necesitaba sumar ingresos y llegar a fin de mes. La empresa, siempre según su versión, interpretó eso como uso comercial y no particular. Hoy, su reclamo sigue abierto, con un final incierto y una pregunta que se repite: quién responde cuando una ruta se convierte, de golpe, en un río.
Si tienes un reclamo o una mala experiencia como consumidor, comunicalo a [email protected], con una breve explicación del hecho ocurrido y un teléfono o correo electrónico para que luego podamos contactarte.

