Qué implica la sequía y qué pasará con el agua en Mendoza la próxima temporada
Tras dos años buenos en materia hídrica, Mendoza vuelve a enfrentar una temporada de sequía y deberá planificar cómo llegar con reservas al 2026.
Los técnicos de Irrigación advierten que la sequía meteorológica afectará a toda la provincia.
ALF PONCE MERCADO / MDZEl Departamento General de Irrigación presentó el pronóstico de escurrimiento 2025-2026 y anticipó que será una temporada con menor cantidad de agua en los ríos respecto a los últimos dos años y al promedio histórico.
Si bien los embalses arrancan llenos esta temporada gracias a los buenos caudales previos, la preocupación se centra en cómo se llegará al invierno de 2026 y a la temporada 2026/27 ya que se espera un panorama más seco y con dificultades para reponer reservas.
Pensando en la temporada 2025/2026, el superintendente de Irrigación, Sergio Marinelli, explicó que la escasa nieve caída durante el invierno de 2025 marcará la diferencia: “Habrá poca agua, bastante menos que en la temporada pasada, y por lo tanto será necesario que todos los usuarios cuiden y hagan un uso eficiente del recurso”.
Reservas actuales y desafíos futuros
Por otra parte, el director de Gestión Hídrica, Rubén Villodas, señaló que “estamos bajos y con niveles de sequía moderada en todos los ríos, pero los embalses llenos nos ayudaron a arrancar la temporada”. Sin embargo, el verdadero problema llegará en la próxima primavera: “No va a ser buena y nos va a costar mucho llenar los embalses. Hay que mirar desde ahora cómo llegamos a julio o agosto del año que viene”, advirtió Villodas.
En octubre se definirán los planes de erogación con las subdelegaciones e inspecciones de cauce para acordar acciones de manejo hídrico que permitan enfrentar el 2026 y la temporada 2027 con reservas suficientes.
Pensar más allá del pronóstico
Aunque el panorama inmediato parece controlado, Mendoza enfrenta el desafío de planificar su futuro hídrico. La sequía meteorológica no solo afecta a la producción agrícola y al abastecimiento urbano, sino que también pone a prueba la capacidad de gestión y previsión de la provincia.
El objetivo de los próximos meses será optimizar el uso del agua disponible y garantizar que los embalses lleguen con niveles aceptables al invierno de 2026 y con vistas en la planificación 26/27. “Hay que preocuparse bastante esta temporada en cómo llegamos al próximo julio o agosto”, remarcó Villodas.
Cómo se mide la disponibilidad de agua
Cada año, el organismo realiza el pronóstico de escurrimientos para anticipar la cantidad de agua que tendrá la provincia según las nevadas del invierno. Este trabajo incluye acciones de campo y análisis estadísticos, apoyados por una red de estaciones telemétricas que registran datos meteorológicos y nivológicos.
El objetivo de estos estudios es prever la oferta hídrica y diseñar estrategias de distribución. Según explican desde Irrigación, las estaciones están ubicadas en zonas de difícil acceso, lo que requiere expediciones terrestres o aéreas para obtener mediciones precisas.
Con los resultados de estos informes, se elaboran los planes de erogación que determinan cuánta agua se destinará a cada cuenca y qué medidas de ahorro o compensación se tomarán para evitar el agotamiento de los embalses.



