"Presentaba movimientos": el relato de uno de los médicos que asistió al andinista japonés en el Aconcagua
El relato Germán Crimi, uno de los médicos del equipo oficial que participó en el operativo que terminó con el traslado aéreo de un andinista japonés.
Así atendieron al andinista japonés que se cayó en el Aconcagua.
Guardaparques Plaza de MulasEn alta montaña, una señal puede cambiarlo todo. Eso fue lo que ocurrió cuando se encendió una alerta de emergencia en las cercanías de La Cueva, una zona próxima a la cumbre del Aconcagua. MDZ habló con el médico Germán Crimi (matrícula 11784), integrante de Extreme Medicine, el equipo médico oficial del Parque Aconcagua.
El médico reconstruyó en primera persona la secuencia que derivó en el rescate de un andinista japonés de 19 años. “Nosotros estamos acá en varios campamentos de altura dentro del Parque Aconcagua. A mí puntualmente me tocó el de Plaza de Mulas”, contó. El primer aviso llegó por un dispositivo que muchos montañistas llevan como respaldo: “Recibimos la información de que se había activado un SPOT”, explicó, y detalló que ese equipo emite una señal satelital con ubicación GPS que alerta a las autoridades locales e incluso puede notificar a contactos del propio andinista.
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La alarma en La Cueva y el riesgo del Gran Acarreo
Al principio, el dato era incompleto. El equipo médico y los guardaparques sabían que había ocurrido algo, pero no el qué. Minutos después, la patrulla aportó el contexto: un montañista había caído en las inmediaciones de La Cueva y se deslizaba hacia el Gran Acarreo. Germán Crimi describió ese sector como un punto crítico del ascenso: “Es una pendiente bastante extrema, una pendiente severa”, advirtió, y recordó que allí se registraron accidentes previos, varios con desenlace fatal. Con esa referencia, el operativo comenzó a ordenarse con el esquema habitual del parque: coordinación entre guardaparques, patrulla de rescate, radio permanente y el apoyo de helicópteros cuando las condiciones lo permiten. “Nosotros trabajamos en conjunto con el servicio de guardaparques, patrulla y helicópteros”, remarcó el traumatólogo.
La patrulla de rescate se puso en marcha en plena madrugada. Según el relato de Crimi, el equipo salió a buscar al andinista cerca de las 2 o 3 de la mañana y alcanzó el área alrededor de las 3 o 4. Sin embargo, la primera aproximación no dio resultado: no lograron hallarlo en el punto esperado. Mientras tanto, Extreme Medicine seguía cada novedad porque su cobertura en los campamentos funciona de forma continua. “Tenemos un servicio activo 24-7 acá”, señaló. En ese lapso, la información más fuerte llegó por otra vía: los compañeros del joven —eran tres en total— avisaron a campamenteros de un sector cercano y aportaron un estimado que encendió todas las alarmas: la caída habría sido de alrededor de 400 metros.
“Cinemática de alta energía”: lo que temían los médicos
Para quienes trabajan en emergencias, ese número cambia el pronóstico antes de ver al paciente. Germán Crimi lo explicó con una frase técnica, pero directa: “Cuando nos hablan de la cinemática del trauma, una caída de 400 metros es una cinemática de alta energía”. En ese escenario, la expectativa inicial es la peor, sobre todo por dos factores que se sumaban esa noche: exposición prolongada y temperaturas extremas.
El médico recordó que el frío en altura no da tregua y que, con el correr de las horas, el riesgo no es solo el golpe, sino también el deterioro del cuerpo. “Esa noche hizo frío extremo”, dijo. Además, por la información que les transmitieron, el andinista estaba “pobremente equipado” en capas de abrigo y con escaso equipamiento disponible. A eso se añadió otra sospecha médica: el joven podía estar descendiendo ya afectado por mal agudo de montaña. “Muy probablemente siendo víctima de mal agudo de montaña”, evaluó Crimi, y mencionó síntomas típicos como náuseas y mareos.
Con ese cuadro, el equipo se mantuvo a la espera de un dato decisivo: el contacto visual. Y llegó, pero de la forma más inesperada. Desde los campamentos de altura se informó un avistamiento en el Gran Acarreo. No era una silueta inmóvil. “Presentaba movimientos”, indicó el médico, y describió una escena que suele ser determinante para decidir el despliegue aéreo: “Movía las manos, movía los brazos, como buscando refugio”. Ese detalle activó, sin demoras, la intervención con helicóptero.
El rescate aéreo y la estabilización en el consultorio de altura
Con el sobrevuelo, el piloto logró ubicarlo y hacer contacto. La extracción se concretó con una maniobra en estacionario, una técnica compleja que permite levantar a una persona sin aterrizar en terreno peligroso. “Ahí nos enteramos de que el paciente estaba vivo”, relató Crimi. El rescate no cerraba el riesgo; lo abría hacia una nueva etapa. Persistía la sospecha de lesiones mayores por el impacto y por el tiempo expuesto al ambiente.
La decisión fue llevarlo al consultorio de altura que el equipo sostiene desde hace años en el parque, un espacio pensado para resolver emergencias con herramientas avanzadas en condiciones extremas. Crimi destacó el perfil del grupo: “Los representantes de la empresa son terapistas, especialistas en terapia intensiva; yo soy traumatólogo”, enumeró, y sumó que contaban con una médica radióloga con experiencia en ecografía y con equipos de ultrasonido en el lugar. Allí pudieron estabilizarlo y orientar un diagnóstico inicial. “Notamos heridas de gravedad que requerían atención en centros más avanzados de neurotrauma”, afirmó.
Diagnóstico y traslado urgente: la ventana que no se puede perder
En la evaluación, el diagnóstico principal fue contundente: “Traumatismo encefalocraneano con pérdida de conocimiento”, indicó Germán Crimi. Según lo que pudieron reconstruir al interrogarlo, el período de inconsciencia habría sido prolongado: “La ventana aproximada fue de unas 6 a 7 horas”. Cuando el equipo lo asistió, sin embargo, el joven ya estaba lúcido: “El paciente estaba consciente cuando nosotros lo pudimos intervenir”, precisó. Además del trauma en cráneo, presentaba lesiones por frío: “Tenía congelamiento en ambas manos”. Para descartar complicaciones internas, le realizaron ecografías de emergencia, incluyendo el protocolo FAST, usado para buscar signos de sangrado interno y lesiones graves en un primer abordaje.
Con el paciente estabilizado, la prioridad pasó a ser el traslado. El helicóptero aguardaba y se articuló el enlace con el servicio de emergencias para el pase a un centro de alta complejidad. “En ese momento el servicio de helicóptero estaba esperando para el traslado”, recordó el médico. “Una vez logramos estabilizarlo e intervenirlo, se hizo el traslado en helicóptero donde nos estaba esperando personal del servicio de emergencias”, completó.
Para Germán Crimi, el caso resumió el tipo de situaciones que se repiten en la temporada: la montaña castiga, la altura condiciona, y el trauma puede mezclarse con cuadros propios del ambiente. “Estamos acostumbrados a este tipo de patologías”, dijo, y lo definió como un episodio donde se cruzaron “trauma relacionado con patología de altura” y “posibles lesiones graves”. Esta vez, una señal satelital, un avistamiento oportuno, un gran trabajo con coordinación de guardaparques y una extracción aérea precisa empujaron el resultado hacia el lado menos probable: el de una vida que, contra todo, llegó a recibir atención.


