Perdió a su hija y tocó fondo: la decisión que la ayudó a volver a amar la vida
Tras perder a su hija en un accidente, Carolina Martín transformó el dolor en un proyecto de acompañamiento para personas en duelo. Conocé su historia.
Carolina Martín, un ejemplo de resilencia.
Milagros Lostes - MDZPerder a un hijo es una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar una persona. No hay recetas ni fórmulas para el duelo. Cada historia es distinta. Así lo explica Carolina Martin, psicopedagoga, quien luego de la muerte de su hija inició un proceso de transformación personal que hoy se traduce en acompañar a otros en momentos de pérdida.
El duelo como proceso
“Durante mucho tiempo peleé con la vida”, reconoce. En ese recorrido, atravesó la culpa, el enojo, el vacío y la sensación de estar sobreviviendo más que viviendo. Con el tiempo, pudo identificar recursos internos y externos que la ayudaron a rearmarse emocionalmente, aun sabiendo que el dolor no desaparece: se transforma.
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Carolina remarca que el duelo no es un proceso lineal. Hay momentos de mayor estabilidad y otros de retrocesos emocionales, especialmente en fechas significativas. En ese contexto, el acompañamiento se vuelve clave para no transitar el dolor en soledad.
Uno de los ejes que destaca es la importancia de abrazar las emociones sin negarlas. El duelo no es solo tristeza: también hay bronca, miedo, confusión y una profunda sensación de quiebre con la vida que se conocía antes. “No se vuelve a ser la misma persona. Se aprende a vivir una vez más”, explica.
Del dolor al acompañamiento: "Psicopedagogía del Alma"
Hoy, su experiencia personal se transformó en una herramienta para ayudar a otros. Carolina Martín creó el espacio Psicopedagogía del Alma, donde acompaña a personas que atraviesan duelos por distintas pérdidas: la muerte de un ser querido, rupturas, cambios vitales profundos o pérdidas simbólicas. Señala que no todos los integrantes de una familia o de un grupo de amigos viven el duelo de la misma manera y que cada proceso es individual, aunque el acompañamiento mutuo puede convertirse en un sostén clave. Este lugar ofrece escucha, contención y recursos emocionales para quienes atraviesan procesos de duelo.
“El amor no muere, se transforma. Y eso permite que el dolor no sea solo sufrimiento, sino también una forma de seguir vinculados desde otro lugar”, afirma.
A 12 años de la pérdida de su hija, su historia muestra que no se trata de “dejar atrás” lo ocurrido, sino de construir una nueva manera de vivir con lo que duele.
¿Qué le digo a un amigo que acaba de perder a un ser querido?
También pone el foco en un punto que suele generar incomodidad: cómo acompañar a quien está en duelo. Frases hechas, silencios incómodos o el miedo a “decir algo mal” suelen paralizar a quienes quieren estar presentes. Para Carolina, escuchar sin juzgar, validar el dolor del otro y sostener desde la presencia suele ser más importante que encontrar las palabras perfectas.
En su proceso personal, Carolina cuenta que, con el paso del tiempo, pudo resignificar señales y mensajes que su hija Emma había expresado en vida: palabras, miedos, preguntas o momentos que en ese instante no logró comprender del todo. “Muchas veces los niños perciben cosas y, al estar menos contaminados por el mundo adulto, nos dan mensajes que no siempre sabemos interpretar”, reflexiona. Con el tiempo, esas escenas adquirieron otro sentido en su propio proceso de duelo.
No hay manuales, no hay tiempos “correctos” y no existe una única forma de transitar el duelo. Esta entrevista habla de culpa, retrocesos emocionales, fechas difíciles y del camino para volver a vivir.


