Nuevas maternidades: "Mis perros son mis hijos"
Silvia adoptó a Nina y Hendrix hace 7 años. Los tres son una familia y ella no duda en afirmar que son sus hijos. Cómo es su relación y qué cambió en su vida.
Silvia Rivas y sus dos hijos: Nina y Hendrix.
Marcos Garcia / MDZEntran los primeros rayos de sol por la ventana y Silvia Rivas se despierta. Hace un par de años que está jubilada pero la costumbre de madrugar sigue intacta. Extiende el brazo para alcanzar a Nina, la acaricia y se levantan. Al pie de la cama, en su cucha está Hendrix. Empieza el día y los dos golden retriever serán su sombra a donde vaya.
Desayunan, juegan, salen a caminar, almuerzan, charlan, se acercan por caricias, duermen debajo de una mesa, cenan y de nuevo a dormir. La rutina a veces se altera por algunas visitas o salidas. Silvia no duda en afirmarlo: “Mis perros son mis hijos”. “Los amo, los cuido y ellos me cuidan, nos acompañamos, se dan cuenta de todo”, agrega y hace foco en un tema muy importante: la tenencia responsable de mascotas.
Silvia no es un caso aislado, cada vez son más las personas con o sin hijos que deciden sumar a sus vidas perros y gatos en calidad de miembros de la familia, en la mayoría de los casos como hijos. “Nunca busqué hijos, no vinieron. Siempre me gustaron los perros y de chica mi mamá no me dejaba tener. Hace muchos años adopté un perrito y cuando falleció fue un gran dolor. Desde que Nina llegó, cambió todo”, cuenta la socióloga retirada.
Amor a primera vista
En 2018, la perra de una tía tuvo cría. Nina y Hendrix nacieron un 22 de abril. Cuando la vio, no dudó, se quedó con la hembra y el macho se fue a la casa de la hermana de Silvia. Nina es más tranquila, no se separa de Silvia. Vivieron solas unos cinco años.
“Vamos a todos lados juntas. Cuando empezaron a liberar las actividades en la pandemia tenía que ir a Jujuy a ver a mi familia y nos fuimos las dos en el auto. Parábamos cada dos horas. Hizo todo el viaje sin problemas”, cuenta Silvia con nostalgia una de las aventuras que ha compartido con Nina.
Hace un par de años, la hermana de Silvia que vivía en Jujuy falleció y ella no dudó en ir a buscar a Hendrix. “Nadie se podía hacer cargo. Me fui, compré un canil y me lo traje en avión. Tuvimos que hacer algunos papeles pero el viaje estuvo bien. Ahora somos tres”, detalla.
Hendrix es más juguetón y guardián. Nina es más pasiva. “Cuando tengo que salir me quedo tranquila porque se hacen compañía. Si tengo que viajar sí o sí se queda alguien con ellos, solos nunca”, cuenta Silvia.
Hijos sin humanizarlos
“Yo los amo, son mis hijos pero sé que son perros. No los humanizo, respeto sus comportamientos animales y no trato de adaptarlos a mi”, comenta Silvia.
Sin embargo, en el compartir la vida, Nina y Hendrix se han convertido en dos pilares que le dan un sentido a su vida y una compañía. “En la mañana Hendrix me acerca las pantuflas a la cama o si les pido algo me lo traen. Entienden todo”, resalta.
Silvia no comparte la idea de vestir a los perros, hacerlos dormir en cochecitos de bebés o festejarles cumpleaños como si fueran niños. “Yo los cuido, me encargo de su bienestar, les doy amor y ellos a mi. Cuando los adopté sabía todas las responsabilidades que eso significaba y me ocupo de que tengan todo”, aclara.
Por otro lado, el vínculo con Nina y Hendrix modificó algunas relaciones con otras personas que no quieren o le tienen miedo a los perros. “Mi casa es la casa de Nina y Hendrix. Hay personas que han dejado de visitarme por eso, pero no me importa. Mi vida es con ellos”, cierra.
Cambios sociales
En una década los cambios de la vida familiar han sido radicales. Los nacimientos se redujeron un 42% en 10 años. Según el Indec en 2013 nacieron 34.530 bebés y en 2023, solo 20.051. Actualmente, la mitad de las mendocinas en edad fértil -entre 14 y 49 años- no tiene hijos porque no quiere o porque no puede.
Estos cambios sociales tienen consecuencias, una de las más notorias ante la falta de bebés, es la adopción de mascotas como parte de la familia: como hijos. La semana pasada una pareja logró que sus perros sean testigos simbólicos de su casamiento en San Rafael y tendrán una hoja en el libro del Registro Civil donde quedarán marcadas sus patitas, en la Legislatura avanza una ley para reconocer a los animales como seres sintientes y sujetos no humanos con derechos propios (un estatus similar dictaminó en 2016 una jueza para la mona Cecilia para que fuera trasladada a un santuario), en el invierno una persona en situación de calle murió de frío por no abandonar a su perro en la intemperie, Mendoza se revolucionó con la historia del pato Juan, siguió de cerca la liberación del tortugo Jorge y celebra la nueva vida de la elefanta Kenya en el santuario de Brasil.
En este contexto es habitual escuchar hablar de perrijos y gatijos, visitas habituales a la veterinaria, hoteles para perros, crecimiento de tiendas para mascotas, ropa para perros y gatos, accesorios, y alimentos especiales.