Monumento al General Justo José de Urquiza en Paraná: Arte, Memoria y Nación
En el Parque Urquiza de la ciudad de Paraná se alza el que consideramos uno de los monumentos más imponentes de la Argentina a uno de los grandes próceres.
El bronce de Querol en el coronamiento del monumento
En la revisión de los monumentos a los próceres nacionales que constituyen obras arquetípicas de nuestra escultura, en la columna anterior dedicada al de Bartolomé Mitre en la Recoleta, aludimos al desplazamiento del gran escultor español Agustín Querol Subirats (1860-1909). Se arguyó para ello que la simbología del proyecto del catalán tenía referencias al antagonismo del retratado con el General Urquiza, en un momento que se buscaba cicatrizar divisiones.
Se tomó su revancha Querol, cuando, poco después, le fue adjudicado el monumento de la ciudad de Paraná en Entre Ríos del que hoy nos ocupamos. Valga la aclaración de que soslayamos para repasar el rol fundamental de don Justo José de Urquiza (1801-1870) en la unificación nacional, al monumento porteño que tardíamente (1958) la Ciudad instaló en la intersección de la Avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento por la escasez de valores artísticos.
El personaje
Justo José de Urquiza, caudillo entrerriano, general y estadista, jugó un papel crucial en la transición hacia un Estado argentino moderno. Enfrentó y derrocó a Juan Manuel de Rosas (cuyo monumento también se erigió en Palermo en época reciente) en la Batalla de Caseros en 1852, poniendo fin al poder hegemónico de Buenos Aires sobre el resto de las provincias. Ese mismo año impulsó el Acuerdo de San Nicolás, que convocó al Congreso Constituyente de Santa Fe, el cual sancionó la Constitución Nacional en 1853. Fue elegido primer presidente constitucional de la Confederación Argentina, un proyecto político que intentó equilibrar las autonomías provinciales con un gobierno nacional fuerte.
Durante su presidencia (1854–1860), la ciudad de Paraná fue designada capital de la Confederación Argentina, debido a la separación de la provincia de Buenos Aires del resto del país. Allí funcionaron los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación. Urquiza promovió políticas de desarrollo económico, apertura al mundo, educación pública y modernización institucional, a pesar de las tensiones internas. Su asesinato en 1870 lo convirtió en una figura martirizada del federalismo argentino.
El Monumento
El Monumento al General Justo José de Urquiza representa el cruce entre arte y política, entre memoria y nación desde una mirada distinta a la del centrismo de Buenos Aires.
A través de un proceso complejo que incluyó concursos, polémicas y la participación de escultores de renombre la obra se convirtió en un símbolo de la historia institucional argentina y del legado federalista que Urquiza encarnó. La iniciativa de erigir un monumento a Urquiza surgió a fines del siglo XIX como parte del proceso de conmemoración de los próceres de la historia nacional. En 1900, el Gobierno de Entre Ríos, junto con autoridades nacionales, convocó un concurso internacional de escultores para seleccionar el diseño del futuro monumento. En ese certamen participaron figuras destacadas como Lola Mora, Torcuato Tasso y escultores europeos de renombre.
Finalmente, el proyecto ganador fue, como dijimos, el del escultor que poco antes había concebido “La Carta Magna y las cuatro estaciones”, más conocido como el Monumento de los Españoles. La piedra fundamental se colocó en 1901 en tierras que pertenecieron al propio Urquiza que luego se parquizaron con diseño de Carlos Thays.
Querol, famoso por su estilo neobarroco y grandilocuente, sin embargo, falleció en 1909 antes de concluir la obra, que fue continuada y finalizada por Mariano Benlliure (1862-1947), también español, quien respetó el diseño original pero le aportó su sello personal, caracterizado por una mayor fluidez y expresividad en el modelado de las figuras.
El monumento fue esculpido en Madrid, España, donde se fundieron las piezas en bronce y se tallaron los basamentos en granito. La magnitud de la obra demandó varios años de trabajo. Una vez finalizada, fue desarmada y transportada por barco hacia Argentina. Llegó al puerto de Buenos Aires en 1910, coincidiendo con los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, y luego fue trasladada a Paraná por vía fluvial a través del río Paraná. Viajó dividido en 88 bultos con un peso total de 81 toneladas. Una vez montado alcanzó una altura total de 17 metros.
Por distintas razones la inauguración oficial se postergó por una década. Factores como la complejidad del montaje, ajustes en la estructura base, y las dificultades económicas y políticas de los años posteriores, demoraron el acto definitivo. Finalmente, el Monumento al General Justo José de Urquiza fue inaugurado en un gran acto cívico de carácter nacional en el 11 de noviembre de 1920, aniversario del pacto de Unión Nacional.
La obra se encuentra ubicada en un lugar estratégico del Parque Urquiza
Sobre una elevación natural que permite su contemplación desde distintos puntos. El centro del conjunto lo constituye la estatua ecuestre de Urquiza, en bronce, representado con actitud serena y decidida. Esta imagen remite a la tradición heroica de los líderes militares, pero también al estadista que guio el destino institucional del país.
A su alrededor, el monumento cuenta con figuras alegóricas que representan valores como la justicia, la libertad, la constitución y el trabajo. También incluye relieves que aluden a momentos clave de su vida pública, como la Batalla de Caseros y la sanción de la Constitución de 1853 (en Santa Fe), así como representaciones de la organización institucional de la Confederación con sede en Paraná.
Ubicado en la ciudad que alguna vez fue la capital de la Confederación Argentina, el monumento es hoy testimonio de un pasado complejo, lleno de tensiones, pero también de ideales. Recordar a Urquiza es también interrogar el presente desde las raíces del federalismo, la autonomía provincial y la construcción democrática.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.





