Robo y recompensa por el anillo de Menem: una loca tradición argentina

Robo y recompensa por el anillo de Menem: una loca tradición argentina

Murió el ex presidente y bastaron un par de horas para que se supiera que le habían quitado su famosa joya. Ya surgieron amenazas para quien la tenga y hasta una recompensa para quien la devuelva, avivando un viejo ritual que funcionó cuando robaron la corona vendimial y el muñeco Chirolita.

Facundo García

Facundo García

Cuando en junio de 1987 un grupo que algunos vinculan a lo que entonces era la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) ingresó en la tumba de Perón y se robó las manos, un sable y un poema que le había dedicado Isabel Martínez, el hecho causó estupefacción. Días después llegaron tres cartas dirigidas a referentes del justicialismo: en ellas, un tal Dr. Hermes Lai exigía ocho millones de dólares para devolver lo robado. 

Tal vez haya que atribuirlo a la costumbre: esta semana causó menos sorpresa que le afanaran un anillo al cadáver de otro ex presidente. Sería absurdo compararlos, pero lo cierto es que las manos de Carlos Menem también concentraron durante años la atención de los argentinos. Son otro símbolo.

¿Qué hacer cuando alguien roba un símbolo? Práctico, un financista de derecha, Carlos Maslatón, ofreció públicamente por MDZ Radio una recompensa de 200.000 pesos para quien devuelva la joya de Menem. "Lo hago por simpatía con el gran líder", explicó en sus redes. Y la escena parece bizarra, pero Maslatón se engarza con una tradición que también salpica a los mendocinos.

Robo para la corona

El 13 de mayo de 2003, boqueteros ingresaron a la joyería Vendemmia, en San Martín y 9 de julio de Ciudad, y se llevaron nada menos que la corona que usan las reinas provinciales en ocasiones especiales, valuada en unos 28.000 dólares. No habían ido a buscar específicamente ese botín, pero ya que estaban se lo llevaron. 

Fue un golpe en dos etapas. "Los ladrones no sabían lo que tenían. En el video del robo se puede ver que la segunda vez que ingresan, justo antes de irse de la joyería, manotearon la corona como si fuera cualquier otro objeto", comentó por entonces el ministro de Seguridad, Carlos Aranda

La prenda, que está hecha de oro 24 y plata, con piedras preciosas -zafiros y esmeraldas- es un emblema del orgullo mendocino. Su desaparición era noticia nacional. 

En medio de la conmoción, el abogado penalista Martín Ríos recibió el llamado de un joyero: "Che, ¿vos lo conocés al Vity?", dijo la voz al otro lado del teléfono, en referencia a Víctor Fayad, a la sazón intendente de Capital. "Tengo que devolverle algo", añadió. Era la corona, claro

El anónimo joyero había charlado con los delincuentes para que le dieran la pieza que buscaba toda la Policía provincial. Los convenció y llamó a Ríos para que le gestionara los trámites de devolución al Estado. Nunca se supo si se pagó un rescate o qué pudoroso sentido de la responsabilidad lo movió.

Al final, el abogado metió la corona en una bolsa de supermercado y se la llevó al fiscal a cargo del caso, Daniel Carniello. Ríos fue criticado por no revelar los detalles de la recuperación, los involucrados, las negociaciones: el respondió que su deber era mantener el secreto profesional. Y hoy persiste el misterio

Al rescate de Chirolita

Hasta Chirolita, el famoso muñeco de ventriloquía, fue víctima de los delincuentes -más de una vez, incluso- y debió ser recuperado mediante un rescate.

Se sabía que el atorrante personaje era amado por su dueño, Ricardo Gamero ("Mr. Chasman"), que pagaría cualquier monto con tal de tener de vuelta una cosa que el consideraba "un miembro más de su familia"

Por eso a principios de los 70 un grupo de "secuestradores" se llevó al muñeco y planteó sus condiciones telefónicamente. "Poné la plata en una valija envuelta en nylon y tirala en la Fuente de los Españoles, en Palermo", ordenaron. "Vamos a dejar al muñeco en esa fuente".

El periodista Cicco  Abdul Wakil investigó el caso y relató que Chasman metió papel de diario en la valija, poniendo billetes verdaderos en la zona más visible y luego la tiró en la fuente. Acto seguido, aferró a Chirola y se fue con él en brazos.

Las malas lenguas agregan que ese día llovía en Buenos Aires y que las huellas del agua pueden notarse si uno mira con cuidado la cara del muñeco.

Un robo en los setenta, otro en 2003, otro la semana pasada. Con formas y protagonistas diferentes, la trama parece reiterarse como en un loop infinito. Algo de nosotros resuena en estas historias que se repiten sin que podamos evitarlas. 

  • ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com

 

 

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