Presenta:

Caso Aliaga: todas las pistas que condujeron al cadáver

Tras 40 días de investigación, ayer se encontró en Costa de Araujo (Lavalle) un cuerpo que -casi seguramente- es del empresario desaparecido. ¿Cómo se llegó allí? ¿Por qué se sospecha que lo mataron? Un recorrido en detalle por el camino que hicieron los detectives.

En la tarde de ayer, la Justicia Federal encontró el cadáver de un hombre que sería Diego Aliaga (51). El empresario está desaparecido desde el 28 de julio, y su ausencia generó una búsqueda que incluyó pericias, rastrillajes y hasta análisis de las antenas telefónicas. El hallazgo, por tanto, no es una casualidad. Son muchas las pistas que apuntan a un secuestro que salió mal, con una víctima que los delincuentes quisieron "eliminar" para no quedar pegados. 

Para empezar, el misterioso informante que tiró el dato -es decir, la ubicación aproximada del cuerpo- habría tenido que ver con el crimen. En la causa ya están imputados y con prisión preventiva Diego Barrera, Bibiana Sacolle y los hijos de la mujer, Gastón y Lucas Curi. Se presume que este "datero" sabía sobre la muerte de Aliaga. De hecho, él es el quinto imputado.

No es común, por otra parte, empezar a excavar 15 kilómetros campo adentro y hallar un cadáver reciente, justo en la zona señalada por un sospechoso. En criollo: hay fuertes indicios de que a Aliaga lo asesinaron.

De un lado a otro

Repasemos: aquel 28 de julio, el ahora detenido Diego Barrera quedó en reunirse con su "socio" Aliaga en Bandera de Los Andes 9846 (Rodeo de la Cruz, Guaymallén), donde habían planeado montar una clínica para personas discapacitadas. La víctima ingresó al enorme predio, pero nunca se la vio salir.

Se conjetura que ahí adentro había personas que redujeron al secuestrado y lo metieron en una combi. Las cámaras del barrio detectaron la partida de una Mercedes Benz Sprinter anaranjada donde -según la hipótesis de la fiscalía- viajaba el prisionero, ya en manos de sus captores.

Parece que de ahí lo llevaron a un garaje ubicado en Jujuy al 840 (Cuarta Sección, Ciudad), espacio en el que había varios vehículos guardados. Es probable que Aliaga haya permanecido encerrado algún tiempo. Y lo habrían sacado -no se sabe si con vida- en un Renault Fluence, con rumbo a otro destino.

Diego Aliaga (51).

Señales

Cuando Aliaga ya estaba desaparecido y el fiscal Fernando Alcaraz avanzaba en la pesquisa, Barrera contrató a un hombre para que lo ayudara a limpiar el garaje de la Cuarta Sección y por lo menos seis vehículos. Una limpieza exhaustiva, ideal si uno quiere borrar rastros.

El changarín estaba sorprendido: "Primera vez que me pedían un lavado así a domicilio", dice.

Limpió un Renault Fluence, un Corsa 2, dos Mercedes Benz Sprinter -una era la famosa combi anaranjada-, una Fiat Cubo y un Chevrolet Astra. "Nos fueron trayendo los vehículos durante varios días, desde un martes hasta un viernes", sigue el trabajador, que recuerda que todo esto se hizo una semana antes de que cayeran los allanamientos pedidos por Alcaraz.

"Dejá nomás las bolsas. Ya las sacamos nosotros..."

"Barrimos grasa, aserrín, pasamos el lampazo, fuimos acomodando y limpiando los pisos", continúa el tipo. Al terminar la tarea, los sospechosos lo despacharon y le dijeron que dejara las bolsas con mugre, porque "ya las iban a sacar ellos". En esas bolsas, claro, podía haber evidencia.

A la semana siguiente se realizó el allanamiento en el garaje. Los vehículos estaban impecables. Pero un perito aplicó luminol -un reactivo que permite detectar restos de sangre- y al comprobar los resultados los investigadores quizá se miraron con gesto de alarma.

Sacolle y Barrera, dos de los sospechosos.

Sangre

Aquel 6 de agosto, las pericias con luminol detectaron manchas que podrían corresponder a restos hemáticos. Una era de 2 centímetros, otra de 1,5, y estaban en distintas butacas de la famosa combi anaranjada. En la parte trasera del rodado había microgotas -¿un golpe? ¿un disparo?- que habían salpicado la zona.  

La tesis de un asesinato ganó fuerza. Cuando el 12 de agosto se convocó a la Escuela de Adiestramiento Canino Mendoza (ESCAM) para que revisara el garaje con perros rastreadores, la teoría se fortaleció. 

Ipa -una Border Collie de 3 años- y su entrenador Facundo Candillu chequearon el sitio. Ipa se quedó clavada frente a un vehículo: la combi anaranjada. Más tarde, también marcó al Renault Fluence.

Lo alarmante era que Ipa está entrenada para detectar restos humanos: gente fallecida

Antenas

Todo lo anterior, más los datos que parece haber ofrecido el informante, orientaban la investigación hacia el rastreo de un cadáver. Pero hay otro elemento que -según deslizó ayer el Comisario José Vega, Jefe de Investigaciones de la Policía de Mendoza- puede haber conducido al campo lavallino donde finalmente se excavó la tierra: la geolocalización de los teléfonos.

"Nos llevaron hasta ahí los testimonios, pero también los aportes técnicos", admitió Vega. Se refería a los mecanismos de ubicación de los celulares que, a través de estudios sobre el uso de las antenas, permiten inferir dónde estuvo un usuario en determinado momento. No es una tasa 100% exacta, pero brinda una buena aproximación

Ocurre que los teléfonos celulares se organizan en "células", de ahí su nombre. A cada "célula" le corresponde un área de cobertura del servicio. Si uno es capaz de demostrar que el móvil de uno de los sospechosos estuvo cerca del sitio donde se encontró el cuerpo, su situación puede complicarse.

¿Será esa la llave para resolver el caso Aliaga?  

  • Para aportes o comentarios, puede escribir a [email protected]
  • Investigación: Jorge Caloiro - Facundo García.