Entrevista MDZ

¿Cómo tratar con secuestradores? Las lecciones del negociador que intervino en el "robo del siglo"

Miguel Ángel Sileo se especializó en situaciones límite. Por encima de las presiones, aprendió a lidiar con tomas de rehenes, suicidas y locos violentos. A lo largo de su carrera actuó en más de 60 casos. "Y nunca murió ninguna víctima", asegura. Conocé las anécdotas y secretos de su arte.

Facundo García
Facundo García domingo, 16 de agosto de 2020 · 09:15 hs
¿Cómo tratar con secuestradores? Las lecciones del negociador que intervino en el "robo del siglo"
Adrenalina Sileo fue "sniper" (francotirador), es Experto Internacional el Tácticas Policiales (Univ. de Cádiz) y Experto en Armamento (UTN).
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Los secuestros y tomas de rehenes están a la orden del día, y Miguel Ángel Sileo (57) es una de las personas que más sabe sobre el tema en la Argentina. Fue el negociador que intervino en el llamado "Robo del siglo" del Banco Río en 2006, experiencia que fue la base para un film que se estrenó este año. Aunque para él ese fue un capítulo entre tantos otros que ahora, desde su retiro, empieza a repasar junto a MDZ.

"En cualquier toma de rehenes vos tenés 3 etapas. El inicio, el cautiverio o desarrollo y el final. La primera y la última parte son las de mayor peligro. Son esos los puntos en que tenés una gran probabilidad de que haya muertos", se larga Sileo. Sabe lo que afirma: a lo largo de su carrera, este ex miembro del Grupo Halcón participó como negociador en más de 60 situaciones críticas. Lo hizo hablando; conversando con individuos dispuestos a matar o morir

Y basta escucharlo para que a uno le "caiga la ficha". La voz de este hombre es casi un destilado del tono que uno imagina para un amigo. Clara, sin ser impositiva; cercana pero no intimidante. Si no se hubiera inclinado por las situaciones límite, el entrevistado podría haber sido locutor publicitario. Y a lo largo de la charla también quedará claro que es dueño de una inteligencia emocional fuera de lo común.

Sileo se formó como comando pero luego se dedicó a las negociaciones.

Cuando la cosa se complica

Por lo general, el negociador llega cuando los ladrones ya están dentro del lugar, apuntando a la cabeza de alguien. O cuando el suicida se ubicó al borde del balcón, con los dedos de los pies en el aire. De ahí en más, lo que se pueda lograr a través de palabras marcará la frontera entre el final feliz y la sangre.

"El factor más difícil de prever es la reacción de la gente"

"En el caso de las tomas de rehenes -enumera Sileo-, tenés 3 formas de resolución: o se los libera negociando, o intervienen los francotiradores, o hacés un asalto táctico, es decir un ingreso con gente armada".

Los números parecen indicar que él siempre se inclinó por la solución pacífica. En los operativos en que participó nunca murió un rehén. Fueron 168 vidas salvadas, "sin contar a los captores que se entregaron".

Es un mérito, porque con la adrenalina a mil, el delincuente que ha tomado prisioneros tiende a deshumanizar a las personas que están bajo su poder. "Al convertirte en rehén, vos pasaste de ser Carlitos, el pibe que iba a hacer un trámite al banco, a ser una cosa. Por eso lo primero que yo trataba de hacer era establecer la identidad de las personas. Si yo les doy entidad, el captor ya sabe que sus rehenes no son bolsas de papa".

Miguel se reconoce como "un tipo de acción".

En la película El robo del siglo, esa estrategia se ve al principio de la toma de rehenes, cuando Luis Mario Vitette Sellanes, el miembro de la gavilla que estaba encargado de las negociaciones, tiene el siguiente diálogo con Sileo:

–Entramos con la idea de robar algo rápido, pero tuvimos que tomar rehenes. No quiero que nadie dispare y no quiero hablar con nadie más que vos. Sacame la gente que tenés en el techo porque te mato un rehén en vivo y en directo.

–¿Pero no hay ahí alguna persona nerviosa que puedan liberar? 

La estrategia funcionó. De hecho, los delincuentes accedieron a varias liberaciones antes de irse. Sileo: "ese es un punto clave. El factor más complejo de planificar en un golpe es la reacción de la gente. Un ladrón puede planearlo todo, hasta el mínimo detalle. Pero no puede prever que alguien se le vuelva loco en mitad del robo. Por eso, como negociador, trato de sacar antes a esas personas que puedan ser impredecibles. Si tengo un karateca con ganas de hacerse el héroe al que han tomado como rehén y tengo también a un señora tranquila; intento sacar primero al karateca. Es el que me puede complicar el procedimiento".

El entrevistado en plena labor.

El caso del empresario desaparecido

En Mendoza, la desaparición del empresario Diego Aliaga se investiga como un posible secuestro extorsivo y es uno de los casos en agenda. El hombre fue visto por última vez el 28 de julio y tras un llamado en el que le pedían a la familia "un palo verde", la comunicación se interrumpió. Al momento de escribir esta nota, los avances de la investigación se mantienen en estricto secreto. Lo cual deja flotando una pregunta: ¿se estará negociando con los secuestradores?

"Suele haber vivos que se presentan como secuestradores y no lo son"

Sileo aclara que él no se dedicaba a los secuestros extorsivos, sino a las tomas de rehenes en bancos, comercios, etc. Sin embargo, teniendo en cuenta semejante experiencia, es inevitable consultarle sobre su pálpito.

"Cuando la comunicación se corta el trabajo se dificulta, porque no podés saber si el móvil del secuestro -en caso de que efectivamente sea un secuestro- es económico, político o sentimental. Además hay que estar muy atento: en la época de auge de los secuestros extorsivos en México, solían aparecer los avivados que se presentaban como los secuestradores y no eran; pero sí se llevaban el rescate. Lo que se llama 'una mejicaneada'. Habría que analizar si ese primer llamado no habrá tenido que ver con eso".

El reino de lo inesperado

No hay manera de planificar un incidente como los que resuelve Sileo. "Es indispensable tener la mente abierta para improvisar. La solución puede estar ahí si uno es capaz de pensar creativamente", recomienda.

Sileo comiéndose un helado en mitad de una negociación con un suicida en Munro (Prov. de Buenos Aires).

Pone como ejemplo un percance que le tocó destrabar: un hombre había matado a otro y luego se había atrincherado en una casa. Mientras dialogaba con Sileo, el sujeto tenía encendida la televisión, y en la pantalla veía cómo la Policía tenía rodeado el lugar. Cada tanto, una placa roja rezaba en la pantalla: "ya hay un muerto".

—El tipo me decía que ya estaba jugado, que le importaba tres carajos todo porque había pasado 18 años en cana y ahora había matado otra vez. Entonces lo que hicimos fue hablar con el canal de televisión para que cambiaran la placa roja. En vez de poner que había un fallecido, les rogamos que informaran que se trataba de un herido y "que incluso se podía salvar". Cuando cambió el mensaje de la tele, yo le pude insistir con la idea de que estaba a tiempo de no hacer más daño. Y se entregó

Terminadas las negociaciones, Sileo no esperaba felicitaciones ni entrevistas. "Nunca fui un héroe, sino un policía que hacía su trabajo", recalca. Si el problema ya estaba "desactivado", el se volvía a su casa silbando bajito. Solitario y final, como diría Raymond Chandler.

"Una sola vez volví a comunicarme con alguien con quien había negociado una crisis. Era un tipo que se quería suicidar y lo convencí de que no lo hiciera. Pasaron años y una tarde recibo un llamado. Era el tipo. Me contó que había formado una familia, que era feliz. Y quería agradecerme por eso".

 

 

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