Cárcel para dos "peones" de los narcos mexicanos en Mendoza

Cárcel para dos "peones" de los narcos mexicanos en Mendoza

El Tribunal Oral Federal Número 2 condenó ayer a Ariel Alejandro Rigoletti y Osvaldo Neri Maturano por participar en el traslado de más de 1000 kilos de cocaína escondida en cargamentos de cuarzo. La trama en San Rafael, los contactos en Canadá y el "galpón secreto" al que nadie podía ingresar.

Facundo García

Facundo García

En diciembre de 2015, una camioneta Porsche gris se detuvo en el ripio, justo frente a una cantera de Valle Fértil (San Juan). Se bajaron dos personas. Uno era Arturo Rendón (55), mexicano. El otro era el mendocino Alejandro Rigoletti (31). Los visitantes querían hablar con la gente del lugar para saber qué nivel de dureza tenían las piedras que extraían.

—Queremos exportar cuarzo a Canadá— explicaron. Y era cierto. Pero era solo una parte de la verdad.

La parte más importante era que Rendón, Rigoletti y otro mendocino llamado Orlando Neri Maturano (63) integraban una banda de narcotraficantes con contacto con los carteles mexicanos.

Las piedras eran agujereadas y se les metía droga adentro

¿Su estrategia? Meter cocaína en cargamentos de cuarzo y enviarla por barco a Canadá, logrando así que la droga se volviera muy difícil de detectar.

Los registros muestran que el grupo hizo más de 50 envíos al exterior. En total, se comprobó que habían traficado más de una tonelada de estupefacientes, haciendo base en un galpón que alquilaban desde junio de 2014 en Acceso Sur de Ruta 40 y Ruta 7 (Luján de Cuyo).

En base a tareas de la Policía Federal, la fiscal María Gloria André demostró el delito y el Tribunal Oral Federal Número 2 admitió las pruebas y sentenció a los acusados. Durante la tarde de este miércoles, en consecuencia, Maturano -que es contable- y Rigoletti -maestro mayor de obras- fueron condenados a 8 años de prisión.

En tanto, el mexicano Rendón se borró del mapa y tiene orden de captura internacional.

Pesados

El galpón solía estar cerrado. Solo Rigoletti tenía la llave. No obstante, algunos testigos lograron ver bolsones "de polvo blanco" que llegaban periódicamente y se almacenaban ahí. Las piedras de cuarzo eran agujereadas y la droga se metía en el hueco. Después se hacían los envíos, bajo la pantalla de una activa relación comercial con una compañía canadiense.

Los "jefes" eran capos mexicanos

Para disimular la movida, los imputados habían conseguido testaferros que -parece- no sabían nada. Entre ellos, una peluquera sanrafaelina que había sido nombrada presidenta de la empresa TeleExbe sin adivinar en la que se estaba metiendo.

En 2017, luego de una investigación en la que participaron fuerzas canadienses, la DEA y la Policía Federal Argentina, Maturano y Rigoletti fueron aprehendidos. Por aquel tiempo cobró notoriedad el caso "bobinas blancas", que implicó el hallazgo de miles de kilos de estupefacientes escondidos en grandes bobinas que se planeaba enviar a Norteamérica.

Rigoletti empaquetaba, Maturano arreglaba los papeles

Tras los operativos que desmembraron esa trama, a la banda le quedaron brazos que seguían funcionando. En la instrucción sobre las rocas de cuarzo, de hecho, se develaron los vínculos entre quienes acondicionaban esas bobinas y quienes "exportaban" piedras. Los dos negocios eran parte de las actividades que llevaba adelante una misma gavilla, cuyos jefes serían capos mexicanos.

En ese contexto, Rigoletti se encargaba de tareas relacionadas con la carga y el "empaquetado"; en tanto que Maturano aplicaba sus conocimientos de contaduría para allanar el camino exportador.

La prueba fundamental sobre el asunto de las piedras llegó al detectarse en Canadá un cargamento de 1000 kilos de cocaína disimulada entre el cuarzo.

Negados

En las audiencias, los ahora sentenciados negaron tener conocimiento de lo que ocurría en el galpón de Luján. Los complicó la cantidad de testimonios en su contra, que abundaban en episodios sospechosos como la obsesión por que nadie ingresara al depósito y la llegada de "bolsones de polvo".

Los jueces del Tribunal -Héctor Cortés, María Paula Marisi y Roberto Julio Naciff- consideraron que ambos acusados eran coautores de contrabando de droga.

Y los jefes, el mencionado Rendón y el también mejicano Gustavo Martorell, son buscados por diversas policías del mundo.

Flota en el aire la duda sobre el origen de semejante cantidad de estupefacientes. ¿Elaboraban en Argentina? ¿La traían de otro lado? Probablemente haya que esperar futuras pesquisas para responder esos interrogantes.

 

 

 

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