El asesino de su hijo obtuvo la domiciliaria: "Ojalá cambie de vida"

El asesino de su hijo obtuvo la domiciliaria: "Ojalá cambie de vida"

Silvia Ontiveros es la mamá de Alejo Hunau, un joven asesinado en 2004. Este martes la Justicia dejó que el hombre que mató a su hijo se vaya a casa. Pero lejos del odio, ella sigue creyendo que el homicida merece otra oportunidad.

Facundo García

Facundo García

Silvia Ontiveros admite que hoy ha llorado mucho. Por la mañana, el asesino de su hijo recibió el beneficio de la prisión domiciliaria. Como mamá le parece atroz, un desgarro. Pero hace tiempo que no le desea lo peor a nadie. Entre los pedidos de mano dura que campean por los medios y las redes, la mamá de Alejo Hunau ofrece otra perspectiva. Sabe de lo que habla: ella misma estuvo presa durante toda la dictadura.

El asesino, Diego Arduino, está detenido desde 2007: cumple una condena de 16 años y por lo tanto debería quedar libre en febrero de 2022. No obstante, debido a que padece una dolencia respiratoria, la jueza Mariana Gardey lo consideró dentro del grupo de riesgo frente a la pandemia de Covid-19 y le permitió seguir el confinamiento en su domicilio

"Como mamá, una parte mía siente mucha bronca -confiesa Ontiveros en diálogo con MDZ-. Como ciudadana, sé que no me puedo dejar llevar por la violencia. Espero sinceramente que esto le sirva para empezar una nueva vida"

El camino de la paz

Cuesta entender cómo una persona a la que le han matado el hijo acepta con tanta templanza que el asesino se vaya a su casa. Para desentrañar esos abismos hay que tener en cuenta que Ontiveros fue presa política durante 7 años, es decir que pasó toda la última dictadura militar tras las rejas. Luchaba por una Argentina más justa. Más humana. "Y fijate -recalca- que después de todo lo que nos hicieron los genocidas nosotros nunca pedimos pena de muerte".

"Lo de las cárceles es un emergente de lo que son nuestras sociedades"

"Cuando se habla de punitivismo en las cárceles se niega una realidad: que los penales son un emergente de lo que pasa en nuestras sociedades. Esta pandemia no hace otra cosa que desnudar las desigualdades. Porque hay una cárcel para los genocidas y otra para los delincuentes comunes", expresa la mujer.

Ahora la pandemia abre la puerta para que muchos internos con problemas de salud o mayores de 60 años salgan de sus celdas y pasen a domiciliaria. Arduino es un caso. "Estamos ante una pandemia que en la situación de hacinamiento en las cárceles puede llevarlo a la muerte. Yo no quiero que muera. Deseo que sea una nueva oportunidad para él", afirma la mamá de Alejo.

Alejo Hunau era un reconocido comunicador de Mendoza.

El mito de los "presos liberados"

Desde que comenzaron las protestas en los complejos penitenciarios, una parte de la sociedad argentina repite que "están soltando a los presos". Al menos en Mendoza, ese mito es fácilmente refutable a partir de datos concretos: en la provincia hay unos 400 detenidos en condiciones de solicitar domiciliaria; y de todos los que hicieron el pedido, el cálculo del Juez de Ejecución Penal Sebastián Sarmiento es que la consigue solo un 20 o un 25%. La cantidad de internos excarcelados, en todo caso, no llega a los 100.

"Nadie pidió un castigo para Paolo Roca..."

Por otra parte, no se están concretando "liberaciones" masivas ni nada que se le parezca. Ante el habeas corpus que se elevó hace unos días, la respuesta del Poder Judicial fue que se estudiaría caso por caso, teniendo en cuenta la gravedad y el tipo de delito, a lo que se suma un estudio ambiental y el factor salud. Y lo cierto es que se han rechazado muchas solicitudes.

Ontiveros reflexiona: en la tele se insiste con el discurso de la "mano dura", "pero nadie pidió un castigo para Paolo Roca, que decidió despedir a muchísimos trabajadores al principio de la pandemia".

Mientras se mantengan estos niveles de desigualdad social -subraya Ontiveros- persistirá una doble Justicia. "Siempre pedimos la muerte para los últimos de la sociedad, para los que están en el fondo. Como mamá, yo a Arduino siento que lo quiero agarrar a patadas. Después lo vi con su mamá, que lo acompañó todo el tiempo, y me di cuenta de que no tiene sentido multiplicar odio. Confío en que al menos haga un esfuerzo para recuperarse".

Cerca del final, Ontiveros recuerda a su hijo y se emociona. "Hablando de esto, a veces imagino que él me diría 'mamá, qué loca que estás'. Pero él me conocía, sabe que soy así".

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?