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Enfrentamientos y otro muerto en una cárcel bonaerense

En la semana ya hubo varios fallecidos en diferentes penales del país. En los lugares con más hacinamiento el clima se caldea. Este mediodía la violencia llegó -otra vez- al complejo de Florencio Varela.

En el mediodía de este miércoles, la unidad 23 de Florencio Varela -que está llena de sujetos peligrosos- registró desórdenes que derivaron en la muerte de un interno. Se trata de la zona en la que hasta hace poco se alojaba Julián Arakaki, el primer preso infectado por coronavirus en Argentina, quien permanece aislado en un hospital. La llegada de la enfermedad, parece, ha alterado las rutinas de ese complejo bonaerense.

Según el informe oficial la violencia estalló por una pelea entre presos. Munidos de facas y adaptando frazadas como escudos, dos facciones se enfrentaron hasta que falleció uno de los contendientes. La gresca generó corridas y persecuciones hasta que el Servicio Penitenciario intervino con balas de goma.

Hace instantes, la fiscal Roxana Granados se acercó hasta el edificio para analizar cómo y por qué fue ultimado el interno, en tanto que el clima general de los penales bonaerenses se vuelve espeso.

Afirman que ya está controlado

Al cierre de esta nota, la situación daba la impresión de estar controlada. Desde el Servicio Penitenciario repiten que lo que pasó no se relaciona con una protesta, sino que se trata de un enfrentamiento interno. Lo innegable es que -como en otras partes del mundo- no son días fáciles para quienes viven o trabajan en las cáceles.

Desde que se impuso el aislamiento obligatorio, la suspensión de las visitas ha incrementado las tensiones tras las rejas. No solo por variables afectivas, sino porque en muchos casos los familiares traen mercadería que completa los alimentos o vestimentas que pueda proveer el penal.

Hay detenidos que piden que se les acorte la condena, otros solicitan la prisión domiciliaria y otros reclaman una mejora en las condiciones de higiene. Ayer hubo una protesta en Melchor Romero y otra en Corrientes -esta última terminó con un muerto-. Además, en la Provincia de Buenos Aires hay cientos de detenidos en huelga de hambre.

En Mendoza se estima que unos 400 internos están dentro del "grupo de riesgo" por padecer dolencias crónicas y tener más de 65 años. Hasta ahora, a nivel local se han otorgado poco más de 35 domiciliarias, y se analizarán caso por caso los pasos a futuro en función de los antecedentes y la conducta de cada detenido.