Muertes en cuarentena

Por qué hay chicos que se mueren si no van a la escuela

Desde el inicio de la cuarentena, las escuelas de la modalidad Jóvenes y Adultos de Mendoza se vieron sacudidas por al menos dos muertes. Sin ánimo de ignorar las medidas sanitarias, el hecho muestra que los chicos, además de saberes, necesitan del afecto que ofrece la educación presencial.

Facundo García
Facundo García sábado, 11 de abril de 2020 · 15:03 hs
Por qué hay chicos que se mueren si no van a la escuela
Escuela Las escuelas tienen una dimensión afectiva que la digitalización no siempre contempla.

"Anoche mataron de un tiro a un pibe de uno de los CENS donde trabajo. Es el segundo de mis estudiantes que muere en esta cuarentena", escribió este miércoles el Profesor Federico Aciar. Él los recordaba, claro: les había enseñado Formación Ética y Ciudadana y se preguntó, como todo docente, si acaso hubo alguna clase, algún concepto, que -de haber alcanzado a los muchachos- les habría salvado la vida.

"El primero de los pibes, apenas empezó esto, se suicidó. Lo había tenido como alumno hace un par de años. Era boxeador. Y fanático del Tomba. Yo lo toreaba gastándolo con eso. Que mejor se dedicara al boxeo porque en fútbol había elegido mal. Se reía. Y me miraba desafiante. Me acordé de esas chicanas cuando me enteré de su muerte. Al que murió ayer no lo tengo muy presente. En el 2020 hubo pocas clases antes de la suspensión. Pero me puedo hacer una idea de quién era a través del dolor de sus compañeros, que compartieron con él más tiempo: están partidos al medio", continuó el profesor.

El primer chico se llamaba Ariel. El otro, Misael. La sonoridad propone una simetría, o un reflejo. Los dos tenían el sueño de terminar la escuela. El primero lo consiguió, el otro no.

"Los nombro de nuevo para que le ganen a la estadística que los va contar como una cifra"

Y Aciar anotó: "además de ese sueño en común, tenía cada uno un hijo chiquitito. Se me estruja el alma al pensar que ahora esos niños no van a poder conocer de grandes al Ariel y el Misael. Los nombro de nuevo para que le ganen a la estadística que los va contar como otra cifra de este lugar cada vez más complicado para los jóvenes que intentan gambetear el destino y de prepo alcanzan a llevarse un par de sueños cumplidos. Si es que acaso pueden".

Según el profe, Ariel Agüero, el chico que se suicidó, había cursado en el CENS 3-415 del Barrio Aeroparque (Las Heras). El otro era Misael Ontiveros, que apareció fugazmente en las crónicas policiales del miércoles tras ser asesinado a balazos en la puerta de su casa, ubicada en la calle Paula Albarracín de Guaymallén.

¿Y qué sienten en plena cuarentena los otros chicos y chicas, que no llegan a morir pero habían encontrado en las escuelas para adultos una luz de expectativa para su futuro? "Todavía no lo sabemos con certeza -cuenta Aciar- pero recibimos mensajes de angustia. Los docentes de esta modalidad no solamente damos contenidos académicos, sino que a veces el estudiante se te acerca porque te quiere contar algo que le pasa. En ese sentido, muchos creen que la escuela era la única institución que los estaba escuchando. Todo eso se interrumpió en gran medida con la modalidad virtual".

El posteo de Ariel cuando cumplió su sueño de terminar la secundaria.

Más allá de los balazos

Los CENS, cabe aclararlo, son las escuelas para Jóvenes y Adultos de la provincia. Quienes llegan allí suelen haber tenido experiencias educativas truncas, cuando no inconvenientes de Salud o problemas con la Ley. En ese sentido, la primera tarea de los profesores al recibir a estos estudiantes es transmitir -cara a cara y mirándolos a los ojos- que no todo está perdido.

Daniel Vega es Profesor de Historia y Director del CENS 3-456 "De la Libertad" (Villanueva, Guaymallén). Allí asistía Misael. Vega se enteró de que se había muerto el pibe e hizo una de las tantas tareas docentes que no figuran en su bono de sueldo. Se acercó a la casa del alumno, ofreció dinero a la familia en nombre de la comunidad educativa y se prometió que iba a luchar junto a sus colegas para que el hijo del muchacho, que tiene 2 años, llegue un día a la universidad.

"A muchos de nuestros estudiantes, antes de enseñarles, los tenés que abrazar"

"Al 'Misa' lo recuerdo muy flaquito. Cuando lo abrazaba, sentía sus huesos. ¿Y sabés por qué me acuerdo perfectamente? Porque a muchos de nuestros alumnos, antes de enseñarles, los tenés que abrazar", explica Vega. "Otras veces, cuando te llega el estudiante, le tenés que poner un plato de comida antes de enseñar lo que sea, porque viene de pasarse 8 horas trabajando en la construcción". Ante esa realidad, se comprende que "lo virtual" reemplaza una parte, y solamente una, de lo que implica la educación en la Argentina.

Por no hablar de la brecha que se abre entre los estudiantes que tienen Internet y los que no, los que tienen computadora y los que no, los que tienen un escritorio y los que no. Vega recuerda que una de las cosas que más le dolió cuando se acercó a despedir a Misael fue que alguien comentara: "y sí, esto que le pasó al flaco ya estaba cantado".

"Eso me lastimó, porque justamente en la escuela trabajamos para que esos supuestos 'destinos marcados' no sean tales. Insistimos en que ellos no son fracasados, solo vienen de un fracaso. Vienen de un padre que les dijo inútil o un profe que les dijo burro".

—¿Cree que si la escuela hubiera estado abierta este chico se salvaba? 

No lo sé. Sí sé que él la estaba remando y quería salir adelante. Decir más es contrafáctico, pero dejando de lado el contexto de la pandemia y del aislamiento, la escuela es un lugar en el que nuestros estudiantes pueden ser ellos. Se quitan cargas y empiezan a buscar quiénes son. La educación los libera.

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