El asesino que atacaba mientras dormías

El asesino que atacaba mientras dormías

En los 80´, Ricardo Leyva Ramírez fue sinónimo de terror. Acechaba las casas y cuando el silencio y la oscuridad lo cubrían, entraba y te obligaba a rezarle a Satán. Después te mataba.

Facundo García

Facundo García

El fin del verano muestra una Mendoza de calles desiertas. Pandemia mediante, las veredas se estiran hacia lo hondo de la noche, y así quedan, silenciosas, hasta la mañana. Por eso recordar la historia de Ricardo Leyva Ramírez, "el acechador", produce inquietud. ¿Quién sabe lo que hay ahora mismo en los rincones de la ciudad, en la esquina más cercana, en la vereda de enfrente?

"Richard" Ramírez generó una ola de escalofríos entre los californianos de mediados de los 80´. Su primer crimen grave fue el asesinato de una mujer de 79 años, en junio del 84. A cuchillazos. Ramírez ya había pasado por la cárcel condenado por robo. sabía que la Policía tenía sus huellas dactilares. Tal vez por eso se tomó unos meses para ver qué pasaba. Dado que las autoridades no lograron dar con él, lanzó su carrera como asesino en serie.

El 27 de marzo del 85, en Whittier (California) entró a la casa de la familia Zazzara. Le pegó un tiro en la cabeza al hombre y violó y mató de otro tiro a la esposa, tras lo cual le dejó marcada una letra T en el pecho izquierdo. Un mes y medio después, se escabulló en el hogar de Harold y Jean Wu, un matrimonio maduro. Hizo más o menos lo mismo: le disparó al marido y violó a la mujer, aunque esta vez no la mató.

Al revisar el caso, los nombres de las víctimas se acumulan como en un mal sueño

Al revisar la lista de homicidios, los nombres se acumulan como en un mal sueño. Aparte de usar armas de fuego, "The nightstalker" -tal es el alias que le adjudicó la prensa estadounidense- utilizaba cuchillos, los puños, un martillo. Y fue precisamente con un martillo que atacó a dos hermanas que tenían más de ochenta años. Esa madrugada, Ramírez abrió otra puerta del Infierno: dibujó un Pentagrama, el signo del Diablo, en la pared. El otro pentagrama lo dibujó en el muslo de una de las viejas. 

Las víctimas que no morían daban descripciones, y entonces se conoció el rostro del miedo:

Retrato policial de Richard Ramírez.

Temporada del horror

El verano avanzaba en California y los habitantes de la Costa Oeste, tan adeptos a la diversión, la libertad sexual y las ventanas abiertas, habían empezado a dormir encerrados. En agosto del 85 Ramírez reaparece en Misión Vieja, a unos 80 kilómetros de Los Ángeles. Entra en casa de un muchacho y le pega tres tiros, al tiempo que viola a Inez Erickson, la novia, y la obliga a rezarle a Satanás.

Como un villano de película, Ramírez terminó su "acto" con una carcajada y se fue. Inez, sin embargo, tuvo tiempo para asomarse a la ventana y ver el auto que conducía el asesino. Por casualidad, un chico que andaba por ahí anotó la patente del vehículo porque le pareció sospechoso.

Pasó poco tiempo antes de que la Policía encontrara el Toyota con huellas dactilares de Ramírez, quien ya había sido fichado en sus épocas de ladronzuelo. Al cotejar ese rastro con las bases de datos, resultó que el sospechoso había dejado la misma impronta en cinco violaciones y trece homicidios. Se consiguieron imágenes del psicópata y se difundieron por la prensa.

Ramírez se camuflaba entre la gente.

De ahí que cuando lo vieron subir a un colectivo en un barrio de la comunidad latina fueron los propios vecinos los que casi lo linchan hasta que llegaron las patrullas. Richard quedó detenido y fue condenado a muerte. Con un detalle espeluznante: durante el juicio, muchas personas comenzaron a escribirle contándole que se habían enamorado de él. La locura nunca es un fenómeno estrictamente individual.

Infancia y muerte

De hecho, y sin ánimo de ninguna justificación, es de resaltar que la infancia de Ramírez estuvo llena de violencias. Su primo Mike, por ejemplo, le disparó a su esposa en la cara frente al pequeño Richard cuando él contaba apenas diez años: la mujer le había pedido al tipo que dejara de burlarse de las violaciones que había cometido durante la Guerra de Vietnam.

Ninguna de esas excusas hicieron que el jurado le disculpara a Ramírez los catorce asesinatos por los que estaba imputado. Fue sentenciado a muerte mientras gritaba: "no entienden nada. Estoy por encima de sus opiniones, más allá del bien y del mal. Ustedes son presas y yo su cazador ¡Disfruto viendo cómo mueren!".

En la cárcel, sus admiradoras le seguían escribiendo cartas, e incluso una -Doreen Lioy- terminó casándose con él.

Living del amor: el acechador y su esposa.

Ramírez nunca fue ejecutado. Murió de un linfoma el 7 de junio de 2013. Tenía 53 años. 

 

 

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