"Mirá, él también es del rojo... no, él no es del rojo, es de Racing"
Una mirada sobre la pasión, la histeria del fútbol argentino y el rol de los liderazgos en un Racing atravesado por debates.
Mi hijo es de Racing Club.
Esa conversación tuve en la puerta del jardín de mi hijo más chico hace unos meses. Resulta que una madre con el afán que su hijo ingrese al jardín, quiso convencerlo acudiendo a una confraternidad por el color de lo que se llaman “houses” en algunos colegios, señalando a mi hijo que le tocó ese color en su sala.
Enseguida le aclaré que mi hijo era de Racing
Hasta que segundos después me di cuenta a que se refería realmente. Muy pocas veces me sentí tan cabeza de termo como ese día. Pero también fue un golpe de realidad de lo que hoy siento y vivo por Racing. Cosas que antes no me pasaban. Tengo 40 años, y a Gustavo Costas si bien lo vi jugar, no es la primera referencia de ídolo que tengo. Para mí, mis ídolos de Racing son el “Licha” López y Diego Milito. No porque Costas no lo sea, pero mi contemporaneidad generacional me condiciona. Pero estos últimos dos años, Costas me dio un sentido de pertenencia que nunca lo había sentido. Y me encanta. Me da más seguridad sobre lo que siento como hincha. Me da más orgullo y me da más ganas de transmitirle todo eso a mis hijos.
Gustavo Costas no es mi primera referencia d ídolo
Eso es lo que me gustaría que nos suceda a todos ahora. Las últimas semanas en los diversos grupos que comparto con gente de Racing, nos pasamos sobre analizando todo. Y nos olvidamos de lo que somos, hinchas. La última elección donde los socios votamos como presidente a quien para mí es un ídolo del club, nos pone ahora casi en una encrucijada. Esa elección de final de 2024, le dio a Racing, a mi juicio, después de mucho tiempo competitividad electoral. Algo vital para cualquier democracia.
La centralidad que tiene el club en los últimos años producto de su performance deportiva, trajo consigo todo lo bueno y lo malo que tienen estas cosas. Ser noticia porque ganamos una copa internacional o porque trajimos tal o cual refuerzo, pero también serlo por el estado del campo de juego o por la “novela de Salas”. A los grupos de trabajo, sean del orden que sea, lo sustentan, mantienen y salvan los liderazgos. Los líderes deben iluminar el camino. Un camino que no siempre es perfecto y nunca es armonioso. Un liderazgo debe generar admiración para que te respeten, te crean, te validen y te de la autoridad necesaria para mandar y ordenar. Hoy tenemos el privilegio que muy poca clubes tienen; al club lo lidera un ídolo, y al equipo de fútbol profesional, otro. O sea, dos liderazgos inter generacionales.
El fútbol argentino vive bajo una histeria absoluta
A tal punto que en nuestro caso, estamos esperando que Maravilla pida perdón por el penal que erró con Independiente por “una mala decisión” o que Marcos R, tenga que explicar porque saludó a un ex compañero que juega en un equipo del exterior que nos ganó en la Copa Sudamericana. Solo por mencionar dos casos recientes. Son las reglas de juego, lamentables para mí, pero las acepto y en un punto las valido porque cuando termina un partido ya cuento los días para que llegue el próximo. Pero esa histeria nos hace perder perspectiva. Puede ser que estemos inmersos en una crisis futbolística y que al no encontrar rumbos o salidas rápidas, buscamos culpables y no responsables.
Pero esa perspectiva nos tiene que ayudar a entender que estos últimos meses, más allá de la mala sangre que nos hacemos y el impacto en el humor personal, no tiene el costo que a veces le queremos asignar. Hoy hay una comisión directiva que se eligió en elecciones; hay un cuerpo técnico que viene de una gestión anterior y que tiene contrato (aunque poco importe) hasta fin de mandato de la actual conducción. Y un plantel que entre ambas partes, fue armado.
Esos liderazgos que antes mencionaba son enaltecidos y/o bastardeados por los hinchas. Nosotros, los que todos los partidos ahí estamos. Los que siempre vamos con la sensación de victoria. Los que cantamos, gritamos, puteamos y alentamos. En definitiva lo único que podemos y sabemos hacer bien: alentar. Es cierto que si la pelota entra, hay cosas que no debatiríamos, pero también es cierto que Racing es un club grande. Y como hinchas tenemos que rendirle pleitesía a ello. Aguante Racing, siempre!
* Mariano Vila, hincha y socio de Racing Club de Avellaneda.