Minería urbana: qué materiales valiosos se esconden en la basura de Mendoza
Un aparato viejo no siempre es basura: puede contener cobre, aluminio y otros materiales recuperables que vuelven al circuito productivo.
La minería urbana busca recuperar materiales de objetos descartados para que puedan volver al circuito productivo en lugar de terminar como basura.
Rodrigo D'Angelo / MDZ
Un celular viejo guardado durante años en un cajón, una computadora que dejó de funcionar o una caja llena de cables pueden parecer basura. Sin embargo, esos objetos todavía pueden contener materiales que tienen valor y que, con el tratamiento adecuado, pueden volver al circuito productivo.
De eso habla la minería urbana, un concepto que propone mirar a las ciudades de otra manera: no solamente como lugares donde se consumen productos y se generan residuos, sino también como una fuente de materiales que pueden recuperarse. En Mendoza ya existen empresas que trabajan con residuos electrónicos, metales y otros descartes, aunque todavía resulta apresurado hablar de una industria consolidada de minería urbana.
La ciudad como una mina
La idea es bastante sencilla. En lugar de obtener cobre, aluminio u otros materiales únicamente a través de la extracción de recursos naturales, la minería urbana busca recuperarlos de objetos que ya fueron descartados.
El concepto abarca distintos residuos. Entre ellos aparecen los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), como computadoras, celulares, impresoras, pequeños electrodomésticos y otros equipos, pero también pueden entrar en este universo los metales, vehículos fuera de uso o determinados materiales provenientes de obras y demoliciones.
La diferencia de este tratamiento de los residuos con tirar un objeto a la basura está en lo que ocurre después. Un residuo puede ser recibido, clasificado, desmontado y tratado para recuperar partes y materiales que tengan una nueva utilidad, en lugar de terminar desechados.
La correcta gestión de este tipo de residuos
Los residuos electrónicos tienen una particularidad: mezclan componentes que pueden aprovecharse con otros que requieren cuidados especiales. Distintos aparatos pueden contener metales como cobre, aluminio, hierro y, en determinadas piezas, materiales de mayor valor, mientras que también pueden incluir sustancias potencialmente peligrosas.
Por eso los RAEE no deberían manejarse como un residuo domiciliario común. La gestión adecuada busca evitar que sus componentes terminen contaminando el ambiente y, al mismo tiempo, permite recuperar materiales que pueden volver a utilizarse. La normativa y los documentos oficiales argentinos remarcan justamente esa doble condición: son residuos con potencial económico, pero también requieren un tratamiento diferenciado.
La cadena puede resumirse de una manera bastante más simple que el nombre “minería urbana”. Una persona entrega un aparato que ya no usa, una empresa lo recibe y clasifica, se separan sus componentes y aquellos materiales que pueden aprovecharse siguen distintos caminos hasta volver a convertirse en insumos o productos.
¿Quiénes realizan esta tarea en Mendoza?
En la provincia existe un ejemplo concreto de este tratamiento de residuos. Reciclarg, es una empresa mendocina especializada en residuos eléctricos y electrónicos. Su planta recibe RAEE, realiza tareas de separación, clasificación y tratamiento, y también ofrece servicios de transporte y gestión de Puntos Limpios junto con organismos públicos y privados.
Esto permite bajar el concepto a una situación cotidiana. Los residuos electrónicos que una persona tiene acumulados en su casa no necesariamente deben terminar en el mismo circuito que una bolsa de residuos común: existen puntos destinados a recibir este tipo de materiales para que puedan ingresar a un proceso específico.
Reciclarg también trabaja con la reutilización y el reacondicionamiento. Según la información publicada por la empresa, algunos materiales y equipos pueden convertirse en repuestos, computadoras o impresoras, mientras que determinados componentes recuperados también son utilizados en productos de diseño y otros proyectos.
En qué se convierten los residuos tratados
Uno de los puntos más interesantes de la minería urbana es que recuperar no siempre significa fundir un metal y fabricar nuevamente el mismo producto. En algunos casos, el aparato puede repararse o reacondicionarse y seguir funcionando; en otros, se aprovechan piezas o componentes.
Cuando eso ya no es posible, comienza el trabajo de recuperación de materiales. La propia Reciclarg explica que parte de los residuos procesados puede convertirse en materias primas para otras empresas, mientras que otros componentes encuentran una segunda utilización en productos o repuestos.
La lógica es la de una economía circular: intentar que los materiales permanezcan dentro del sistema productivo durante más tiempo y reducir la necesidad de obtener permanentemente nuevas materias primas. En ese punto, la minería urbana se cruza con el reciclaje, aunque no son exactamente lo mismo.
Una actividad que crece localmente
Mendoza cuenta además con empresas dedicadas a la recuperación y comercialización de metales. Reciclados Mendoza, por ejemplo, trabaja con aluminio y otros metales, además de papel, cartón y vidrio, y ofrece servicios de retiro y tratamiento de materiales para empresas. Entre los metales que menciona se encuentran acero, aluminio, cobre, chatarra y radiadores.
Algo similar ocurre con Himan Reciclajes, ubicada en Maipú, que trabaja con residuos y comercializa materiales descartados para que puedan volver a ser utilizados mediante procesos de reciclaje. La empresa recibe, entre otros, chatarra, cobre, bronce, aluminio, plomo, baterías, radiadores y acero inoxidable.
Eso no significa que haya que llamar automáticamente “minería urbana” a todo lo que hace una chacarita o una empresa de reciclaje. Pero sí demuestra que en Mendoza existe un mercado de recuperación de materiales y que determinados descartes tienen un valor económico concreto después de ser separados y procesados.
Al mismo tiempo, los datos nacionales muestran que la cadena todavía está lejos de tener una estructura consolidada. Un manual oficial sobre gestión de RAEE señala que en Argentina se generan unas 465.000 toneladas de estos residuos por año y estima que la gestión formal alcanza apenas al 3%, dentro de una cadena de valor desarticulada y heterogénea. El mismo documento ubica a Mendoza entre los lugares del país donde se concentran capacidades para gestionar RAEE.
Qué hacer con la basura electrónica
Los residuos electrónicos tienen una doble cara: pueden contener materiales con valor económico que todavía pueden recuperarse, pero también componentes y sustancias peligrosas que requieren un tratamiento específico. Cuando una computadora, un celular o un electrodoméstico termina junto con la basura común, no solo se pierde la posibilidad de recuperar esos materiales, sino que también puede generarse un impacto ambiental.
Por eso, los RAEE necesitan una gestión diferenciada que contemple su recolección, transporte, clasificación, tratamiento y reutilización, además de una disposición segura de aquello que ya no puede aprovecharse. En Mendoza existen empresas que trabajan en esta cadena y también Puntos Limpios donde los ciudadanos pueden acercar sus residuos electrónicos para evitar que terminen en el circuito de la basura domiciliaria.
En ese sentido, la idea de una “mina” dentro de la ciudad deja de ser solamente una metáfora: los objetos que descartamos pueden convertirse nuevamente en recursos si llegan al lugar adecuado. Reciclarg, por ejemplo, desarrolla y gestiona Puntos Limpios junto a organismos públicos y privados, mientras que distintas empresas mendocinas reciben, separan, reacondicionan y recuperan materiales; el desafío es que cada vez más de esos residuos ingresen a esta cadena.








