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"Me quiero morir, nunca estuve así", el drama del argentino que viajó en el crucero con casos de hantavirus

El ingeniero jubilado de Carmen de Areco es el único pasajero argentino del crucero MV Hondius, que se encuentra bajo aislamiento estricto en los Países Bajos.


Carlos Ferello había embarcado el 1 de abril en Ushuaia a bordo del MV Hondius movido por una pasión de toda la vida: la navegación. Su regreso estaba previsto para el 5 de mayo. Hoy, sin embargo, el argentino cumple cuarentena en un hotel de Ámsterdam, sin visitas, sin libros y con la comida dejada fuera de la puerta.

Este crucero no es convencional. Con menos de 100 pasajeros a bordo, la mayoría ornitólogos que buscaban fotografiar aves del mar austral, el barco trazó una ruta por las islas Georgias del Sur, Tristán da Cunha y Santa Elena antes de dirigirse a Cabo Verde. El jubilado de Carmen de Areco era el único argentino de la expedición.

El relato de las muertes por hantavirus a bordo del crucero

Entre los pasajeros viajaba una pareja de holandeses que había recorrido Uruguay y la Argentina antes de embarcar. El hombre comenzó a mostrar síntomas que, en principio, no alarmaron a nadie. "Se murió con síntomas de una gripe, fiebre. Como era una persona un poco grande, tuvo problemas gastrointestinales. Nada hacía sospechar que era el hantavirus", recordó Ferello en diálogo con Urbana Play. La clínica del barco, señaló, "no es de alta complejidad como para determinar eso".

"Los pasajeros supieron que alguien estaba enfermo, pero sin alarma, hasta que el capitán informó la muerte del hombre", agregó.

El cambio de planes en la ruta del MV Hondius

El barco intentó hacer escala en Tristán da Cunha, pero era imposible: la isla no tiene aeropuerto ni infraestructura sanitaria. Continuaron hasta Santa Elena, donde desembarcaron la viuda, el cuerpo de su esposo y un guía y un médico que también presentaban síntomas; estos dos últimos fueron trasladados a Johannesburgo. La viuda murió allí. Un tercer pasajero, que había desembarcado en Cabo Verde, también perdió la vida.

Con la alerta por hantavirus ya declarada, el MV Hondius puso rumbo a su destino original, Cabo Verde, pero no fue bienvenido. "No nos podían recibir, no querían recibirnos", contó Ferello. Luego vino una nueva negativa: Tenerife tampoco los dejó atracar. El barco debió fondear en aguas exteriores mientras se coordinaba la evacuación.

Fue entonces cuando intervino la Cancillería argentina. "Se movieron muy bien", reconoció Ferello sobre el cónsul y el equipo diplomático. La negociación con el gobierno neerlandés permitió que el argentino fuera trasladado a Ámsterdam. El viaje no fue en un vuelo comercial: Holanda envió un avión militar a buscarlo. La urgencia del embarque no le dio tiempo para llevarse sus pertenencias.

El drama del argentino en plena cuarentena

El resto de los pasajeros europeos pudieron hacer la cuarentena en sus domicilios. El jubilado, en cambio, cumple el aislamiento por disposición sanitaria en una habitación de hotel, sin contacto físico con nadie. La rutina es austera: el celular como único entretenimiento y la comida dejada en el pasillo. "Te dejan la comidita ahí afuera", describió. El período de cuarentena es de seis semanas, el tiempo estimado de incubación del virus. "Me quiero morir. Nunca en mi vida estuve así, no sé. Tengo la cabeza dada vuelta", confió cuando le preguntaron cuánto faltaba para el final del encierro.