Marisol Otero: "Como dice ABBA, gracias por la música"
El fenómeno musical Mamma Mía con canciones de ABBA se disfruta en Buenos Aires con una producción nacional que ya genera ovaciones.
Marisol Otero
Agustín Tubio / MDZEl musical Mamma Mia, protagonizado por Marisol Otero, y basado en las canciones de ABBA, se disfruta en los escenarios de Buenos Aires con una gran puesta en escena que reversiona el clásico con talento nacional. La obra se presenta en el Auditorio Belgrano, de la ciudad de Buenos Aires y es uno de los grandes éxitos de la temporada.
La comedia narra la historia de Sophie, una joven que está por casarse y quiere descubrir quién es su padre. Para eso, invita a tres hombres del pasado de su madre, Donna, sin que ella lo sepa. Con humor, romance y música que atraviesa generaciones, la obra combina drama familiar y fiesta en partes iguales. Nos visita en la redacción de MDZ, Marisol Otero, ella es esposa, es mamá de Valentín, cantante, coautora de varias canciones, actriz. Y en este momento interpreta a Donna en Mamma Mía!
Mirá la entrevista a Marisol Otero
-Bienvenida, Marisol.
-Muchas gracias, Marisa. Muy contenta haciendo esta obra maravillosa ahí, en el Auditorio de Belgrano, en esta versión de Ricky Pashkus, que venían haciendo con Flor Peña y que, cuando se fue a hacer Pretty Woman, tuve la suerte de que me volvieran a convocar. Es maravilloso porque realmente genera mucha alegría en la gente. Es una fiesta poder encontrar la manera de que a través del arte uno pueda hacer su catarsis, el llanto, la risa, todo lo que hace que nos sanemos un poquito el corazón.
-¿Y te funciona también en lo personal, que estás pasando un momento difícil con tu mamá que está enferma?
-Y sí, mirá, toda la vida tuve la suerte de contar con esta herramienta hermosa que me ayudó y me ha salvado en un montón de situaciones de mi vida. Así que considero que el arte es un gran refugio para todos. Para mí se transformó en un lugarcito de contención. También tengo una escuela de arte, de comedia musical y un grupo de mujeres mayores que creé a partir de lo que pasaba con mi mamá, en la Casa de la Cultura.
-Es fabulosa la acústica del Auditorio de Belgrano.
-Sí, tiene un sonido que es espectacular. Es un teatro enorme. Cuando yo veía las butacas dije ¡Mamita, hay que hacer una temporada acá! Además que nunca se hacían temporadas, habitualmente se hacían obras de gira. Entonces, una primera experiencia de teatro, de hacer toda una temporada y con un éxito mundial. Es algo muy, muy lindo y al mismo tiempo una oportunidad para todo el público de la zona de Belgrano y de más allá de Zona Norte, para poder tener más cerquita un teatro y una obra tan linda como esta.
-¿Y cómo te hallás en el rol de mamá? ¿Es de los principales de tu vida en este momento?
-Sí, la verdad que sí. Bueno, si hay una diferencia, además de todo lo que es la producción y todo entre el personaje que hice en el 2012 con “esta Donna” de hoy, es eso; haber sido mamá. Creo que que me da como otro tránsito en la experiencia de vivirlo desde ese lugar. Mucho más verdad, más genuino y me encanta, porque el público lo recibe también así. Es hermoso lo que se genera con “esta hija” que es Guadalupe Devoto. Estamos todos muy contentos, somos muy amigos en el elenco, muy compañeros. Flavia Pereda que es un amor, que hace de Tanya; Manu Perin que alterna entre personajes , Lula Rosenthal, que ya estaba en el espectáculo, como Rosie. Compartir con ellas es hermoso y también, se ha generado un vínculo muy lindo entre todos. Entre los varones, está Mariano Taccagni, que lo conozco desde hace mil años y hoy está haciendo el rol de alternante de tres personajes, un trabajo enorme, Ale Parker que ya estaba y que además compartimos con él también en Grease y otras experiencias hermosas, Pablo Silva y Carna (Crivelli), que es un sol y es una sorpresa enorme para todos porque es conocerlo y descubrir a un ser maravilloso que nos une y nos hermana a todo el grupo. Cuando uno va creciendo empieza a elegir también los entornos, el grupo de trabajo, porque en algún punto es lo que nos construye como humanos, poder compartir con el otro desde lo sano, desde el vínculo lindo. Y creo que este elenco tiene esa genialidad desde la producción, desde cada uno de los chicos de producción que son hermosos Manu, Alu, Ali, Karin, todos, todos son personas hermosas. Ricky (Pashkus), que es un amor. Vero Peccolo que hace las coreografías. Agustín Vidal y Lili Popovich, que hacen también la dirección de actores. Es un grupo tan hermoso, tan hermoso que uno no quiero que se termine. Ahora quedan las últimas funciones porque el 9 de agosto ya se termina. Pero, nunca se sabe si sale alguna girita o alguna cosa. Y bueno, ojalá que sí, porque sería hermoso seguir compartiendo con esta gente.
La experiencia de ser mamá y el teatro
-Marisol, mencionás mucho el vínculo y el tema humano. Desarrollaste una carrera profesional con varios obstáculos. ¿En qué momento se despierta la vocación? ¿Eras muy nena, muy chica? ¿Cómo fue?
-Todo de muy, muy de chiquita. Yo creo que ya lo traía de otro lado porque la docencia, por ejemplo, digo, con mis hermanos; yo soy una de las de las mayores, la segunda mayor, y ya de chiquita me encantaba enseñarles cosas de arte y cantar juntos y bailar y actuar. Era un juego. Creo que desde ahí empecé a cantar Bueno, tengo un dibujito de los cuatro años, en el jardín, que me dibujaba con un micrófono en la mano.
-¿Cuántos hermanos son? ¿Nueve?
-Somos; éramos nueve. O sea, ahora somos ocho.
-Son ocho y los ocho tienen una veta artística, algo han hecho juntos.
-En realidad empezamos a desarrollarlo, como te digo, jugando en casa. Igualmente, mi papá era como muy estructurado y no quería que yo me dedicara a esto. Yo fui la primera que se animó a decir “quiero ser artista”. Y bueno, ahí tuve como el primer “no”, porque bueno, era una época en la que se creía que las artistas eran todas drogadictas y prostitutas y toda esa cosa de la vieja escuela o de la estructura de nuestros padres, y tenías que ser algo más concreto; en el caso de mi papá, que era muy religioso, muy católico, digamos casi ortodoxo, quería que yo fuera monja. Además me veía que me gustaba todo lo que era solidaridad y espiritualidad, y que hasta hoy lo conservo, pero no desde el lado de querer ser monja, sino de misionar, de ser solidaria. Entonces un poco no fue solo su responsabilidad. A mí también me interesaba eso de lo social y de la espiritualidad. No sé si dentro de una institución en sí; me parece que yo soy más abierta, más ecuménica, si se quiere. De hecho, me he metido mucho también con las meditaciones, con yoga, con cosas que son mucho más expansivas, digamos que una religión en sí. Y bueno, imagináte que yo iba para para ese lado, para cantar y entonces podía cantar sólo en la iglesia. Y yo empecé como más a escaparme un poco; a los 13 años empecé a cantar, escapándome a estudiar y a trabajar. Como teníamos una familia muy humilde, entonces trabajaba en una fábrica de plantillas de la esquina de mi casa, a escondidas de mi papá y con esa platita me pagaba en la Casa de la Cultura en Ramos Mejía, mis clases de canto. Mi papá trabajaba de noche y dormía de día, entonces no se enteraba. Mi mamá me cubría. Y un día, después, a los 15 años que se enteró mi papá, dije chau, revolea la chancleta y no, por suerte, no. Mi mamá lo llevó engañado a verme a la Casa de la Cultura. Le dijo que iban a ver un show y yo estaba ahí cantando.
-¿Y saliste al escenario y lo encontraste?
-Sí. Y cuando terminé, mi mamá estaba afuera esperando y él no estaba. Se había ido a comprar unas flores. Y a partir de eso fue como que entendió que yo lo iba a ser igual; que no había manera de contenerme. Y bueno, no le quedó otra que aceptarlo. Después, cuando quedé en La Bella y la Bestia que fueron mis primeros grandes pasos, protagonizando en el Ópera, que después estuvo en Broadway, bueno, se dio cuenta que por ahí, podés ser artista sin cruzar esos lugares que tanto miedo le generaban. O sabiendo que con los valores que uno puede tener, también se puede salir adelante y que hay otros caminos. Creo que después de eso fue como el más orgulloso del mundo de que su hija fuera artista. A partir de eso yo empecé a abrir camino. Entonces empecé a meter a uno y a otro de mis hermanos y al final todos empezaron a desarrollar un mundo dentro del arte y creo que eso nos ayudó mucho a todos con esto que te decía de la infancia difícil. El arte es este refugio, esta catarsis, que hace que uno pueda seguir adelante más allá de todo.
-Y que es fuente de alegría también, al menos eso es lo que trasciende.
-Y sí. Bailar, cantar... Fijáte que en ese mismo lugar donde yo estudié, ahí en la Casa de la Cultura es donde hoy tengo mi grupo de señoras mayores que van a cantar y hacer también sus catarsis expresándose y conectándose consigo mismas, con su cuerpo, con su espiritualidad, con tantas cosas. Para mí se unen un montón de cosas en el arte.
-¿Lo iniciaste a partir de lo de tu mamá?
-Lo inicié hace dos años, a partir de lo de mi mamá, porque ya hacía como tres años que estaba con Alzheimer y yo quería encontrarle un lugar. Mi mamá hubiera querido ser artista, creo que por eso me apoyaba un montón. Pero a ella le costó mucho más trascender ese “no” de su papá, de su mamá. Por eso también empujaba para que nosotros sí pudiéramos. Y entonces me pareció que estaba bueno que pudiera cantar. Fui a buscar lugares y como no encontraba ninguno que lo hiciera, pensé en ocuparme yo. Y ahí, en la Casa de Cultura, que fue el primer lugar que también me abrió las puertas, lo damos de manera gratuita para 40 personas. Es un grupo hermoso y lo sostenemos con dos amigas: Verónica Cibrián y Natalia Castelli, de manera desinteresada. Es una belleza porque uno siente también que puede aportar algo. Descubrimos que que mi mamá tiene un punto de conexión muy fuerte con la música. Es como la medicina perfecta. Yo creo que es eso. La música tiene como una cosa de medicina total. Así que, agradecida con la música, como dice Abba: “gracias por la música”.
-Marisol y cuando filmaste “Convaleciente” ¿a tu mamá ya le habían diagnosticado el Alzheimer?
-Eso fue re loco. Mi mamá venía ya con olvidos pero como que no se hacía mucho cargo y también nosotros decíamos bueno, como que todos nos olvidamos cosas... Yo grabé con Matías De Leis Correa esta película “Convaleciente”, donde hacía de cuidadora de una mamá con Alzheimer. Y en el transcurso de grabar tuve que aprender muchas cosas de la enfermedad, de cómo se trataba una persona con Alzheimer tan avanzado como el que cuenta en la película y el rol de esta cuidadora y la enfermedad del cuidador en sí. Con mis hermanos lo fuimos charlando mucho porque nos repartimos esta tarea de cuidar y empezaron a pasar cosas de salud con nosotros, de estrés, de empezar a sentirnos mal, desde problemas estomacales hasta problemas de fibromialgia. Porque el cuidador empieza a sufrir un montón de cosas. Hay un punto donde tenés que delegar y entender, como me dijo mi hijo en un momento en el que me vio muy triste, “mirá mamá”, diez años tiene, “el amor también es soltar, yo sé que es cursi la frase porque lo escuché por ahí, pero creo que en este momento te lo tengo que decir. Amar también es soltar”. Y es eso, es darse cuenta de que uno puede acompañar en el proceso, pero que también hay un momento donde hay que dejarse ayudar por los que saben más. La salud de uno también está en juego, uno también tiene su propia familia para la que tiene que estar bien y no es un acto egoísta estar bien para poder cuidar al otro.Cuando empezás a entender esas cosas, dejás también de juzgar. El amor propio es el acto más humano que venimos a aprender, en algún punto.
El poder de la música
-Marisol, dejá una invitación puntual a Mamma Mía! y una reflexión de cierre o agradecimiento de tu vida.
-Bueno, los invito a ver Mamma Mía! de miércoles a domingo a las 20:30hs. en el Auditorio de Belgrano. Es una obra que es la maravilla misma porque con música de Abba te transporta a otra época, para todas las edades. Es familiar y es una fiesta, así que vení porque la vas a pasar bomba. Y el agradecimiento es a Pardo Producciones por haber confiado en mí para volver a hacer este proyecto y a Ricky Pashkus. Me da una alegría enorme y está siendo para mí una música-medicina en este momento, que tanto lo necesito. Así que gracias y les comparto esta experiencia porque si alguno de ustedes está pasando por un momento difícil, nada más lindo que conectar con el arte para agarrarse fuerte de ahí y salir adelante.