Mario Alarcón: "El ego, déjenlo colgado en casa, porque es el enemigo disfrazado de amigo"
El actor repasó su carrera, recordó a Campanella y Alfredo Alcón, habló de su lucha contra el alcoholismo y dejó un mensaje a los jóvenes.
Con más de cinco décadas de trayectoria, Mario Alarcón construyó una de las carreras más sólidas y respetadas del teatro, el cine y la televisión argentina. Compartió escenario con figuras de alto nivel, trabajó bajo la dirección de referentes como Juan José Campanella y Mauricio Kartun, participó en clásicos que han quedado grabados en la retina de los espectadores y se convirtió en uno de esos actores imprescindibles que el público reconoce con solo verlo.
En Entrevistas MDZ, repasa su recorrido, recuerda anécdotas de una vida dedicada al oficio, habla con honestidad sobre su vida y deja una reflexión que resume su manera de entender la profesión.
-
Te puede interesar
Calendario de pagos de Anses en agosto: quiénes cobran primero y cuándo
Entrevista completa a Mario Alarcón
-¿Has tenido un tema de salud últimamente? ¿Cómo te sentís?
-Estoy bien, sí, recuperado. Pero bueno, los años, son los años
-Recuperado y listo para actuar ¿o no?
-Sí, sí, ya estoy listo.
-¿Tenes algún proyecto en mente?
-No, todavía no. Hay algo para el año que viene un poquito todavía preparándolo con el director de Cyrano Willy Landin aún estamos viendo qué pasa. Pero para el año que viene recién.
-Y hablando de Cyrano. El año pasado hiciste Cyrano de San Martín, una obra tremenda, con el Puma Goity un gran elenco que realmente tenía un despliegue impresionante y que tenía un texto difícil. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Mira, yo a Cyrano lo conocía de alguna manera, porque yo hice el primer Cyrano de todos, trabajé en el primer Cyrano de todos años, 77, 78, que lo hacía Ernesto Bianco. Ernesto Bianco fallece y al año siguiente se repone con Enrique Fava. O sea que ya conocía el texto, pero aquella versión duraba cuatro horas, era brava. Esta fue una versión muy ágil, muy piola, de Will Landin con el Puma, obviamente como Cyrano. Yo haciendo la contra figura de Cyrano, el Conde de Guiche, todos compitiendo por la señorita. Después se decide hacer una gira. Pero yo ya había arreglado, tenía otro proyecto, así que no pude hacerlo y me reemplazara. La temporada de Buenos Aires la hice toda yo.
-Ahí estaba María Abadí también.
-Claro, por supuesto María Abadí que hacía de Roxane, obviamente.
-Mario, bueno, obviamente ha quedado en el imaginario popular lo que es ya El secreto de sus ojos como película. Y ese juez que terminaste haciendo ahí de que tiene dos o tres escenas, pero hay una que es formidables, ¿pero antes de preguntarte por esa escena? Vos tenías una anécdota que me contaste alguna vez.
-No, no, que tenía era primero un conocimiento de ciertos jueces. ¿No? Por distintas razones que lo había visto. Me llamó la atención que no se ofenda nadie. Los jueces, cuando hablan contigo de alguna manera te hace sentir que ellos están en un peldaño superior a vos. Te lo hace sentir de alguna manera sutil o no, pero te hacen sentir. Primero lo que me llama la atención. Ellos visten de primera, de primera. La ropa que tienen es de primera. Eso es porque le genera poder. Cuando me llaman me dicen si yo tenía problema en hacer un casting, entonces digo, ¿pero para quién es el casting? Claro, dice para Campanella. Para Campanella ningún problema, lo hago. Y obviamente hice el casting con el presente ahí,
-Me acuerdo que me habías contado que ibas para un personaje que estaba en la barra del bar.
-Me llamaron para el personaje de los que estaban en la barra hablando de fútbol ahí. Bueno, Campanella me vio y habrá dicho lo pruebo después para ver cómo anda. Y me dio el personaje del juez.
Tuve un casting para Juan José Campanella
-¿Y cómo fue esa escena donde retas a los personajes de Darin y Francella? ¿Cómo fue la coreografía? Porque es una escena que parece simple pero no lo es.
-Es una escena complicadita sí, porque hay que moverse mucho y demás, pero después sabiendo la base que es la letra y lo que el director quiere lo demás, te resulta un poquito más fácil, más fluido. O sea que, si era complicadito el movimiento, el típico reto a los empleados, digamos, haciéndole sentir que yo soy superior a ellos, que ellos están haciendo macanas. Pero bueno, sí, sí lo pude hacer bien.
-¿Y se reían ahí entre Darín y Francella o salió derecho?
-Ahí hay una cosa que yo le debo decir, cuando participas de ciertos proyectos, de un protagonista absoluto o dos absolutos, obviamente el orden de la filmación la mandan ellos, por decirlo de alguna manera. Pero acá no, Acá era Campanella sí o sí, claro. Y ellos estaban igual que todos.
-Buenísimo. Bueno, la verdad que tenés Marito una carrera tremenda, tremenda, así que voy a preguntarte con cuál de tantos proyectos que has hecho te gusta mucho a vos, por ejemplo, en televisión. Voy a empezar por televisión, después te voy a preguntar algunos de cine y por supuesto de teatro, pero que me cuentes porque realmente has hecho muchísimas cosas.
-De televisión, lo último que hice, que fue Entre Caníbales, con Natalia Oreiro, Joaquín Furriel y Benjamín Vicuña. Era un proyecto que me interesó muchísimo, no solamente porque era trabajo, sino por la temática, lamentablemente bueno las leyes de la televisión son va bien de rating todo bien y si no viene bien ya está. Esa la ley en televisión, o sino el rating que te pide la productora más o menos. Pero eso sí me resultó muy interesante hacerlo muy muy interesante.
-¿Y en cine cuál?
-Y en cine no tengo más remedio que dirigirme a mi primera película. Yo estaba haciendo Hamlet en el teatro con Alfredo Alcon. Entonces un día me llaman el señor, David José Kohon en realidad un asistente de él para una película que se llamaba El agujero en la pared, película que no anduvo bien, fue un fracaso total, pero fue un Co protagónico con Alfredo Alcon lo cual fue mi debut en cine. Lo poquito que se de cine me lo enseño David Kohon. Pero lo curioso de esta anécdota es que pasó el tiempo, un año, dos años y me encuentro con el productor ejecutivo. caminando por ahí por Villa del Parque y me dice: veni vamos a tomar un café ¿Cómo te va? Tanto tiempo. Que bien que estabas en esa película. Estuve nominado a Martín Fierro Revelación. Y me dice ¿vos sabes cómo estuviste en esa película?Le digo la verdad que no. El productor quería figuras de nombre de la televisión. Claro, Y entonces el director le preguntó a Alfredo Alcon, que le dijo que ya había muchos actores de televisión. "Yo tengo un actor trabajando conmigo", o sea, que entré por el Alfredo, Pero lo llamativo es que nunca me dijo absolutamente nada, ni que entre charla de compañeros trabajando juntos, que me podría haber dicho che, tiré tu nombre por una peli. Nunca me dijo absolutamente. Un señor.
-Yo pude ver este uno de sus últimos proyectos con un Furriel en el teatro San Martín, su último proyecto, porque ya estaba enfermo. Alfredo.
-¿Sí, ese cómo era?
-La obra Final de partida.
-No, no lo vi.
-Una obra tremenda. Pero volviendo a tu carrera. Bueno, ahí tenemos cine, tenemos televisión y en teatro.
-Bueno, el teatro es lo que más he hecho digamos porque básicamente yo soy actor de teatro. Hay muchas cosas.
-Bueno, entonces si decime tres, tu top tres.
-Bueno, te voy a decir. Algo que no se hace más, o por lo menos que a mí me gusta hacerlo. ¿Época 71 72 En el Teatro Cervantes se hacían clásicos españoles en verso ¿no? Y a mí me encantaba actuar en verso. Hicimos La dama boba de Lope de Vega, dirigido por un español, Esteban Serrador. Eso me encantaba hacerlo.
-Una cosita hace poco entrevistamos a Osqui Guzmán acá, que hace el Bululú y que hace mucho teatro en verso porque tiene parte del Bululuú viejo. Y nos contaba sobre eso.
-Es muy lindo hacer en verso, caminar como se camina pararse en cuarta, el saludo, en fin, teatro clásico puro. A mí me encantaba hacerlo. No debo decirle la verdad, que curiosamente me han dirigido tres o cuatro mujeres. Alejandra Boero, Laura Yusem, Helena Tritek. Y debo reconocer que no sé por qué, Siempre trabajé con directoras mujeres con una comodidad absoluta. Un día pensado esto me llamo la atención, he trabajado con un montón de directores.
Escena sublime de "El secreto de sus ojos"
-Igual las tres directoras son buenísimas todas. Trabajaste con Kartun también en La Vis Cómica.
-Con Kartun dos veces, porque La vi cómica y allá lejos y hace tiempo en Teatro Abierto, en una obra que él escribió que se llamaba “Cumbia Morena, Cumbia” con Ulises Dumont. Claro, ahí trabajé. Además, lo del teatro Cervantes, en verso. Ahí me vino bien porque ahí trabajé y me conocí con muy buenos actores, Gianni Lunadei, Lydia Lamaison, Elena Tasisto, Juan Hidalgo, trabajé con todos y yo era el Nene, el Pibe y me trataba muy bien obviamente.
-Es que vos empezaste desde muy de chico Mario y la verdad es que has trabajado con muchísima gente.
-Claro yo me vine a Buenos Aires a los 23 años. Pero me vine con ya con la idea de trabajar. No como actor, de hacer base, de trabajar y tenía un actor conocido, que ha fallecido, que es el suegro de Juan Leyrado, Mario Lozano, que era un actor que hacía los malos en las películas. Isabel Sarli, que a su vez tenía una fábrica de zapatos o algo así. Mi tío tenía una zapatería en Rosario, yo le había comentado a mi Tío que tenía ganas de venirme a Buenos Aires y entonces dije mira, cuando venga Mario Lozano te lo presente y hablas con él. Y bueno, me lo presentó. ¿Me preguntó qué querés hacer? No, le dije yo quiero trabajo, hacer pie primero, un trabajo y después ir viendo como es el tema. Bueno, cuando llegues a Buenos Aires llámame, obviamente llegué a Buenos Aires, lo llamé y me consiguió y empecé como vendedor de zapatos en la proveeduría municipal frente al parque, allá en Caballito. Y ahí me empecé a mover, me empecé a ambientar en Buenos Aires. No conocía a nadie ni nada obviamente, ya me hice unos amigos santiagueños que trabajaban ahí, que vivía en una pensión en Pasaje El Maestre y ahí fui empezando a moverme, digamos solo. Pero ojo debo aclarar que era otra época en todo sentido y económicamente era otro país, era todo mucho más accesible, más fácil, era muy muy diferente.
-De todas formas, si bien es cierto que ha cambiado mucho todo, tu carrera antes, durante y en el presente, es tremenda Mario, porque vos sos uno de esos actores que está en muchos proyectos. Yo te vi, por ejemplo, hacer El Jardín de los cerezos, que es una obra muy difícil y maravillosa. En el teatro San Martín. Has trabajado con grandes directores, han estado en muchas películas. Digo, es una carrera que no es fácil de hacer.
-No, la verdad es que a veces no me doy cuenta, Pero de vez en cuando me lo dicen compañeros. En este caso me lo decís vos, yo no tomo conciencia, porque yo básicamente, básicamente me considero un laburante. Yo, por ejemplo, no salgo con el ego, el ego lo dejo colgado en el perchero, porque si no te el ego te hace ver cosas que no son ciertas o te crees más de lo que sos. Pero sí me doy cuenta que soy reconocido en entre los compañeros como como mínimo, por la forma en que me trata. Incluso los directores. Así que me doy cuenta de esas cosas.
-Y por la gente también. La gente te conoce mucho, porque te ha visto en muchos lugares.
-Es mi oficio, es mi trabajo, de eso vivo.
-Mario Y te puedo preguntar, por supuesto, sin compromiso. En toda esta trayectoria larga que has tenido y obviamente con la fama, el ego y las participaciones en televisión, cine y teatro, ¿hubo alguna época turbulenta? ¿Cómo fue? ¿Cómo lo manejaste?
-No tengo ningún problema en contarlo. Al contrario, si alguien escucha, le puede servir. Yo sin darme cuenta, me convertí en un alcohólico feroz, pero feroz, incluso me levantaba a la mañana y temblaban las manos. Bueno feroz al borde del coma alcohólico. Me contacto con la Clínica Guadalupe del doctor Eduardo Kalina, mejor dicho, mi mujer que vivía en ese momento que vivía. Ella se murió y yo estoy vivo. Mira lo que la paradoja y ella me comenta. Y bueno, fui y me quedé internado desde un 26 de diciembre hasta un 15 de enero, que es donde se me acabó el dinero y salí de ese momento y no tome más. Hace 30 años que vivo en sobriedad, pero al principio te cuesta muchísimo
-Pero el alcohol vino por esto, por la fama, por el trabajo, o fue una mezcla.
-Y anda a saber, fue una mezcla de cosas, en mi caso personal, porque no hay ningún adicto parecido a otro. Cada uno llega por distintos motivos. Yo nunca me puse a pensar mucho, pero bueno, no sé, qué sé yo. Quizá por porque quedaba bien, viste que socialmente quedaba bien, pero me fui sin darme cuenta fui cayendo en un pozo complicadito.
-Y para alguien que te vea en esta entrevista, que te escuche, que esté en una situación similar, ¿que qué consejo le darías?
-Primero hay que asumir que uno tiene un problema. Si vos no asumís que tenés un problema, podes internarte en la mejor clínica y no te va a dar resultado. Yo voy a tocar un caso de alguien que está muerto pero que es una maravilla como jugador de fútbol de Diego Armando Maradona. Diego estuvo internado en las mejores clínicas de tu internado en Suiza. Ojo, es mundialmente famosa, pero yo, viendo el proceso de él, me di cuenta que íntimamente no estaba convencido. Si no estás convencido que te va a hacer mal y asumís que tenés un problema y las recaídas son ahí nomás al alcance de la mano, pero es un tema difícil. Es una decisión personal que hay que tomarla, porque uno tiene tantos años de esa adicción que le parece que va a ser otra persona, porque las estupideces que piensan en la cabeza. Pero cuando empezás a recuperar laburo, empezás a sentirte mejor, ya te das cuenta de que ya es algo lejano. Es más, algunos me dicen ya hace 30 años que no tomas, qué te va a ser ahora. Bueno, un vaso de vino puede ser el mejor vino y eso es como como si fuera veneno. Hay un rechazo, un rechazo absoluto.
-Bueno, Mario, volviendo un poco el presente. Digo, en esta carrera tan vasta, tan grande y con tantas cosas ¿qué sentís que te queda por hacer? ¿o qué te gustaría hacer? ¿o cuáles son las cosas que te llaman la atención? Porque creo que vos, como por ahí me pasa a mí también con Carlos Belloso, siento que son esos obreros. Se ponen el overol y van a trabajar. Son obreros del teatro o de o del audiovisual o del rubro que le toque.
-Mira, yo no sé si ya tengo o he tenido sueños cuando era más joven ahora en este momento. Que me sigan convocando para trabajar ya para mí es un lujo y además porque me hacen sentir muy bien cuando me convocan a trabajar. Sí te puedo hablar de algunos personajes que me han llamado la atención que en su momento, cuando era un poco más joven, pensaba hacerlo. ¿No? Hay una obra de William Shakespeare que se llama Ricardo Tercero y es algo maravilloso porque es todo lo que hace un hombre por llegar al poder. Es capaz de cualquier cosa y si uno se pone a ver un poquito por arriba, algunos políticos no tienen una adicción al poder.Es muy llamativo la comparación que ya hacia Shakespeare en esa época, ese hombre era capaz de cualquier cosa con tal de llegar a ser rey, con tal de llegar y en muchos políticos o en la política que no sé en la mundial, porque conozco la mía nada más. Uno ve gente que, por ejemplo, que se cambian de partido de A a B sin ningún tipo de problema. No sé le cae nada, pero bueno, siempre me llamo la atención ese tema del poder. Siempre me llamó la atención cómo se transforma una adicción.
-¿Entonces por ahí te gustaría hacer algún proyecto que pueda tener que ver algo con eso?
-Claro, sí, sí. Me interesa. Son capaces de hacer cosas que uno dice, pero cómo puede ser esto ¿Y no se le mueve un pelo? Pero es una adicción. Ellos tienen una adicción al poder, se traicionan entre ellos. Es un mundillo complicadito, complicado, pero atractivo para hacerlo, para representarlo.
-Bueno, Mario, la verdad que es un placer tenerte acá. Te quiero agradecer mucho por haber venido. Sinceramente, podríamos estar hablando dos horas porque tenés una carrera impresionante. Y me gustaría, para cerrar, que le dejes un mensaje a los actores más jóvenes. De alguien como vos que tiene esta carrera y que la tiene porque arrancó de abajo y siguió y trabajó. Que le dejes un mensajito para cerrar.
-¡Cómo no! Actores jóvenes los envidio por ser jóvenes en principio obviamente no, pero bueno, es una carrera dura, pero cuando uno elige y tiene la vocación tiene que seguir la muerte. Algunos se quedan en el camino. Entonces no era tan fuerte la vocación, pero si bien la vocación. Síganla a muerte. Y un pequeño consejo de un viejo actor el ego, déjenlo colgado en casa, porque es el enemigo disfrazado de amigo. Ojo con el ego, pero para adelante es un camino espinoso. Pero si uno tiene la vocación, va para adelante.
Alcón me recomendó para una película y nunca me lo dijo
Lejos de cualquier discurso grandilocuente, Mario Alarcón habla del oficio con la misma sencillez con la que dice haberse manejado toda su vida: como un trabajador de la actuación. Después de cientos de proyectos, escenarios compartidos con las máximas figuras del país y una carrera que atraviesa generaciones, sigue creyendo que la vocación, la disciplina y la humildad pesan más que cualquier reconocimiento. Quizás por eso su consejo final para quienes recién empiezan termina siendo también una definición de toda su trayectoria: dejar el ego en casa y seguir trabajando