Presenta:

Mariano Masciocchi: "No percibo la medicina sin la pata solidaria"

En una nueva entrevista MDZ, Mariano Masciocchi, fundador de "¿Me regalás una hora?", reflexiona sobre salud comunitaria y el rol social de la medicina.

La salud comunitaria no es solo una especialidad de la medicina: es una forma de compromiso social. Lo sabe bien Mariano Masciocchi, médico clínico y cardiólogo, que desde hace años destina parte de su tiempo a atender gratuitamente a personas en situación de vulnerabilidad a través de la Asociación Civil que fundó: ¿Me regalás una hora?

La organización cuenta con el apoyo de voluntarios entre los que se encuentran médicos, enfermeros, estudiantes de medicina, psicólogos, nutricionistas y otros profesionales de la salud. Juntos ofrecen atención de fácil acceso, con turnos disponibles, diagnósticos y tratamientos personalizados, en distintos puntos de la ciudad y del país. Gracias a esta iniciativa, Masciocchi recibió en 2019 el premio Abanderados, que distingue a los argentinos que se destacan por su labor solidaria.

Además de ejercer en el ámbito privado y en hospitales, Masciocchi sostiene que los profesionales de la salud deben mirar más allá del consultorio. Cree que es clave salir al encuentro de quienes no acceden al sistema sanitario y que el saber médico debe estar al servicio de la comunidad, sin esperar nada a cambio.

Mirá la entrevista completa a Mariano Masciocchi sobre su labor solidaria

Entrevista completa Mariano Masciocchi

Qué es la Asociación Civil "¿Me regalás una hora?"

—En 2014 fundaste la Asociación Civil "¿Me regalás una hora?" ¿Qué te motivó en ese momento? Y si también querés contarnos un poco qué hace la asociación.

—Bueno, mirá, yo creo que... 2014 fue un año para mí muy especial. Todos sufrimos crisis; casualmente, tengo que dar una charla de crisis dentro de poco, y fue un año difícil personal: falleció mi padre, divorcio, etcétera. La verdad que son esos momentos donde uno por ahí toca fondo y decís: "Che, la verdad es que por ahí no le encuentro mucho sentido a algunas cosas". Particularmente, hasta me deprimí, pero me di cuenta, gracias a Dios rápidamente, en pocos meses, que yo tenía que hacer algo, que tenía que comprometerme.

Yo soy clínico y cardiólogo. La verdad que lo que se me ocurrió en su momento fue acercarme a la parroquia del barrio, San Carlos y María Auxiliadora, y ofrecerle al sacerdote: "Mirá, yo soy médico. Si querés, a las personas que vienen a comer o a buscar su vianda al comedor María Mazzarello —un lugar hermoso, te invito a que lo conozcan, donde se da de comer hoy a 500 personas de lunes a viernes más o menos—, si vos creés que es viable —le digo—, me hacés un lugarcito y yo empiezo a atender gratis a esta gente".

Y así empecé. O sea, empecé a comprometerme yo más allá de lo que dono por la tarjeta de crédito porque yo creo, creía y seguiré creyendo que el comprometerte vos es lo que genera el cambio. Y lo que genera el cambio en una sociedad o en el mundo. O sea, yo si espero a que otro empiece a generar o a gestar, digamos, un cambio, en este caso social, capaz no pasa nunca o capaz que pasa dentro de muchos años. Creo que los generadores somos nosotros, lo tenemos dentro nuestro y tenemos que aprovechar esa oportunidad que nos da la vida a veces para poder comenzar.

—¿Y qué crees que cambió en vos en estos once años desde que te acercaste a esa parroquia?

—Yo creo que cambió mi vida. O sea, la verdad es que yo no percibo la actividad médica que desarrollo en la actividad privada, en mi consultorio, etcétera, sin esa pata solidaria, voluntaria, gratuita que tenemos con "¿Me regalás una hora?", que de paso te cuento, la Asociación Civil "¿Me regalás una hora?" después de dos años de estar medio peleando ahí conmigo mismo, también en esa parroquia donde todavía no había gente que me ayudara, etcétera, y a punto de inclusive patear el tablero, irme y no venir más, totalmente frustrado porque no venía mucha gente. Pero bueno, después te contaré de un problema que yo no sabía hacer difusión.

La asociación, finalmente, se gesta en 2016 con un montón de amigos, no médicos inclusive, y otros profesionales de salud que se suman a hacer asistencia gratuita, solidaria, voluntaria, asistencia primaria de la salud para gente en situación vulnerable, situación de calle. Empezamos en Buenos Aires y, gracias a Dios, hoy te puedo decir que llegamos a algunas provincias del norte, donde creo que lo diferente que planteamos es esto de la continuidad. O sea, yo siempre digo: "Me tocó ir a misionar a la frontera de Venezuela y Colombia por una cuestión de Cancillería Argentina, etcétera, me encantó, pero no tengo el tiempo quizá para hacerlo por mis obligaciones, familia, etcétera, en la medida en que yo lo quisiera hacer. Entonces lo que necesito yo, por lo pronto, es este contacto con el otro y el seguimiento".

Si yo tengo un diabético o tengo un hipertenso y lo veo una vez al año, ponele, me pierdo un montón de cosas de su patología que puede ser necesario que yo asista. Más allá de la medicación, cosa que en la Argentina, en este momento, también es muy difícil de conseguir, nosotros tratamos de proveer, en la medida de lo posible.

Acceso al sistema de salud público

—¿Y qué situaciones encontrás tratando con personas en situación de calle o vulnerables?

—¿Situaciones? Mirá, 10.000 pacientes, así que te puedo contar millones de situaciones. Lo que pasa es que podemos encontrar desde cuestiones de muchísima violencia, angustia, sobre todo de consumo, lo que lleva al descuido personal, lo que lleva a la falta de búsqueda de ayuda, y te encontrás con patologías muy avanzadas, desgraciadamente.

El otro día estábamos en Plaza de Mayo haciendo una atención nocturna, con este frío, el día más frío, creo que 2° estaban haciendo en ese momento, 21 horas, y te encontrás con una otitis supurada, o sea, está saliendo pus del oído. O sea, esto no es algo que se gestó en 48 horas, no es una gripe, es otra cosa, es algo inclusive peligroso, que requiere antibióticos, que requiere control, que requiere drenaje, que puede llegar a complicarse inclusive al sistema nervioso central. O sea, de ese tipo me he encontrado pacientes coronarios, pacientes diabéticos, gangrenas, miasis, infecciones múltiples, ni hablar de toda la patología respiratoria, que es lo que más vemos en esta época del año.

—¿Y qué barreras tienen esas personas por las cuales no acceden al sistema de salud público?

Barreras para acceder al sistema público

—Mirá, yo creo que la barrera a veces es propia. El sistema está. Yo soy un defensor del sistema público, me formé en la Universidad de Buenos Aires y la verdad que siempre pensé en "¿Me regalás una hora?" como una pata de descomprimir, que descomprime, o sea, un lugar más donde podemos inclusive asistir a la gente en su lugar. No necesariamente, ya ni siquiera llamarlos u ofrecerles otro lugar.

A veces es por una cuestión de medios, económica, a veces es porque ellos mismos no se sienten a gusto o bien, o se pueden llegar a sentir discriminados o no. No hago juicios de valor, no me consta, pero mucha gente te dice: "Yo, la verdad, que no voy a una guardia porque estoy sucio, estoy con mal olor, o no sé qué, o mi higiene, y siento que no me quieren ahí, o que me despachan rápido, o que me dan algo para sacarme".

De vuelta a lo mismo: soy un defensor de la asistencia médica pública. Me he formado en varios hospitales y la verdad es que creo que lo que tenemos que hacer es esto, es tratar de darles otros puntos de asistencia a estas personas para que, ya sea como lo hacemos nosotros en la calle, con un colectivo sanitario que asiste el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, o con lugares que nos prestan en parroquias, porque "¿Me regalás una hora?" honestamente, no tiene nada, no tiene ni fondos, ni lugar propio, ni móviles propios, ni nada, pero seguimos laburando. Hace once años que lo venimos haciendo y esto creo que te da la pauta de que lo podemos hacer todos. Vos también.

—¿Cómo logran articular con el sistema de salud? Porque entiendo que hay algunas cuestiones que necesitan que los pacientes vayan al hospital a hacerse, por ejemplo, alguna tomografía, algún estudio más.

—Muy buena pregunta. Nosotros ya con el paso de los años, gracias a Dios, hubo algunos premios, Abanderados de la Argentina Solidaria, etcétera, nos fuimos haciendo un poco más conocidos. Ya no somos un NN. Algún día llegaremos a ser así como Juan Carr, Red Solidaria, o Fundación Sí, digamos gente que es muy conocida y tiene muchísima más trayectoria. Pero bueno, por lo pronto hemos logrado convenios. Con Centro Diagnóstico Rossi, yo he logrado un convenio con Agustina directamente, una de las dueñas, que nos facilita 20 estudios gratuitos mensuales para quien nosotros querramos.

Hemos hecho campañas de vacunación, logramos convenios con universidades porque también consideramos que es fundamental que las nuevas generaciones de médicos, las que nos van a atender a nosotros, a nuestros hijos, etcétera, tengan ese contacto distinto, que no lo tenés en un hospital, porque cuando lo tenés en un hospital, tenés un montón de estructuras, medios, electrocardiograma, placa, laboratorio a la mano, que acá no lo tenés. Estás en una plaza de 19 a 21.30 en Plaza de Mayo. Tenés que usar tu expertise, tu semiología, tu capacidad y tenés que poder hacer diagnóstico igual, en la medida de lo posible, tampoco hacemos cuestiones insanas, pero el tema es: se puede lograr. Hicimos convenios con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, como te decía, con salud, con inclusión social.

En este momento estamos involucrando a muchísimo personal médico para tratar de, en esta campaña de frío cero, lograr la mayor cantidad de puntos de atención para que estas personas primero salgan de la calle, con menos de 5° te podés morir. Y hemos tenido varios días de menos de 5° y los vamos a seguir teniendo. Entonces tenemos que buscar la asistencia, la rápida contención y la derivación a los centros de inclusión social, a los colectivos cama que ha puesto también Red Solidaria, etcétera, digamos, a cualquier punto donde podamos ofrecerle algún tipo de contención. Me parece que muchas veces la palabra es esa, es empatía, es contener, es mirar a los ojos y hacerle sentir al otro que lo estás escuchando.

—¿Y cuántas personas suelen atender por noche?

—¿Cuántos pacientes tenemos?

—Sí.

—Nosotros tenemos un promedio de 25 a 30 pacientes por noche. Involucra esto un equipo de trabajo: mínimo dos médicos, más un montón de personal no médico. Por eso siempre digo: "Che, ¿te querés sumar? Sumate a '¿Me regalás una hora?'", porque podés ser ama de casa y también venir y asistir y darnos una mano enorme. Hay un montón de cosas que el médico no puede hacer porque tiene que estar concentrado en la consulta médica. También, obviamente, necesitamos gente que haga logística para ir a buscar donaciones de medicación que nos ofrecen algunos particulares o algún visitador médico, etcétera, y son el oro en polvo que tenemos para darles a esos pacientes que no pueden comprar una medicación, lógicamente.

Si yo te digo que tenés una neumonía y no te doy el antibiótico en mano para hacer tu tratamiento, quedó en saco roto esa consulta porque difícilmente esa persona pueda conseguir, ni hablar de comprar esa medicación a corto plazo. Podría ir a un centro de salud, etcétera, el sistema está, funciona, no tienen desgraciadamente la cultura o de alguna forma la idea de poder acercarse y a veces pedir lo que se necesita. Para eso también estamos tratando de generar estos vínculos con el Estado, con otros artífices de la sociedad: agentes, ONG, etcétera, que puedan ayudarnos.

Cómo sumarse a "¿Me regalás una hora?"

—Y quienes se quieran sumar, ¿cómo pueden hacerlo?

—Cualquiera se puede sumar. Nosotros tenemos Facebook, Instagram, estamos desarrollando una página web también. Vamos de a poquito, creciendo con mucha voluntad y con mucho esfuerzo. Yo creo que el mejor modo en este momento es el Instagram: @meregalasunahora. Ahí tenemos algunas personas que nos ayudan con la recepción de mensajes, con la distribución, obviamente, con la orientación a mucha gente que quiere ayudar. Yo estoy convencido de que el argentino es voluntario, es solidario, muchas veces necesita el saber dónde y cómo.

O sea, esto que me pasaba, volviendo hacia atrás, allá en 2014, yo enojado, frustrado, que no entendía nada, era porque yo no sabía difundir esto y capaz que sigo sin saber hacerlo. O sea, me parece que también uno tiene que saber pedir ayuda y decir: "Bueno, che, necesito gente que haga redes sociales, marketing, que me dé una mano en esto, que pueda donar un poco de su tiempo para asistir a alguien que lo necesita", que es la base de "¿Me regalás una hora?", es eso: dame un poquito de tu tiempo para ayudar a alguien que no tiene nada y que te espera.

—¿Y cuál es tu sueño para "¿Me regalás una hora?" de acá a largo plazo?

—Mirá, yo estoy recontra conforme con lo que hemos logrado hasta acá. Obviamente, pensá que empezamos en un lugarcito muy chiquito y hoy ya estamos hablando de cientos de voluntarios y varios lugares en el país. Ya "¿Me regalás una hora?" yo lo siento como un hijo. O sea, te soy sincero, que lo vio nacer, que gateó, que ahora ya da sus pasos y que empieza por ahí a querer correr. Lo lindo es poder pensar en llegar a múltiples lugares del país porque no es difícil, no es difícil hacer esto.

Nosotros empezamos una sede en Corrientes con la doctora Diana Lancelle, una genia, en forma virtual. "Mirá, Diana, tenés que hacer esto, esto, esto; yo te oriento, yo te guío, te doy el expertise, la estructura, la papelería, asistencia legal, lo que quieras. Andá y hacelo". O sea, es tus ganas de donar, un poquito de tiempo, el lugar donde lo podés hacer, sea un centro de jubilados, un social y deportivo, un merendero, ni hablar de, no sé, parroquia o lo que sea, puede ser una mezquita, no sé, esto no es ni algo político ni religioso. Y las personas que lo necesitan. Es un triángulo que se une fácil. Desgraciadamente, en la Argentina, personas que lo necesitan hay un montón y en todos lados.

La música como puente emocional

—Y además de "¿Me regalás una hora?", hace un tiempo diste un paso más y les cantás a tus pacientes. ¿Cómo fue esa idea?

Mariano Masciocchi y el canto

Mariano Masciocchi le canta a sus pacientes.

—Mirá, eso también surgió en 2014. De hecho, papá tuvo una enfermedad muy grande, un cáncer, falleció en poco tiempo, y ahí yo empecé a cantar, empecé a cantar con él. A él le encanta el folclore y somos gente que, si bien nació en Capital Federal, le gusta mucho el campo, el caballo y siempre de chiquito mamamos esto de la tierra y las vacaciones en el campo, arrendado, propio, no importa, o sea, el punto era el contacto con la naturaleza. Y me he pasado tardes y noches cantando folclore con él, así que bueno, yo claramente lo veía y pensé que en esa cama de hospital, donde yo sabía que no iba a salir, un lindo momento era traer la guitarra y cantar.

Y así empezamos a cantar, y yo lo que descubrí en ese momento es que, más allá de lo que es la relación padre e hijo, la música a él lo trasladaba a otro lugar. Quizá esos veranos en el campo y esas noches de guitarra, etcétera, y me dio el puntapié, digamos, para decir: "Che, esto yo no lo puedo perder. O sea, me parece que es algo hermoso, que genera algo positivo en el paciente y en el médico". Y empecé a cantar con mis pacientes en la sala de internación, en las consultas, cuando voy a ver los domicilios, etcétera.

Yo no sé cantar, pero el tema es brindar ese lugar distinto donde otra vez la empatía es todo. Es decir: "Mirá, no importa lo que te está pasando, no importa cómo estás, etcétera, este momento es para vos o este momento es nuestro y es un win-win". Claramente eso genera que el paciente se descontracture, te espere al otro día, la familia, digamos, obviamente, siente una experiencia que nunca tuvo. O sea, la verdad que a mí me ha emocionado muchísimo, gente de 95 años que me diga: "Esto no me pasó en la vida".

Y eso también me hizo replantear: "Bueno, ¿qué estamos haciendo mal?" O sea, porque digo, si bien yo no soy ni un musicoterapeuta, ni un payamédico, ni pretendo serlo tampoco. ¿Por qué no podemos brindar cinco minutos para hacer algo diferente con mi paciente? ¿No sabes cantar? ¿No te gusta el canto? No sé, jugate un mazo de cartas, trae un poema, leamos algo, El Principito, lo que vos quieras. Generá un vínculo distinto dentro de ese lugar de disconfort. El disconfort es del paciente; no está en su zona de confort, está agredido, está lastimado, está con dolor, está con incertidumbre, está con miedo.

Me parece que eso es lo lindo de generar estos espacios y yo siempre invito a todos a que lo hagan. Desde su lugar, inclusive siendo médicos, enfermeros, he cantado con enfermeros, he cantado con otros profesionales, he cantado con gente que quiere venir a cantar conmigo, digamos, porque le parece que es algo positivo y nada más. No hay que buscarle mucho la vuelta.

—¿Sentís que esta forma de ejercer también te sana a vos?

—Yo creo que sí. Yo creo que es algo... A ver, todo lo que es positivo, genera algo positivo. Acordate de la película Cadena de favores. O sea, siempre para mí es también un ícono. O sea, vos te sentís bien, lleno, pleno, terminaste la atención médica en la plaza y estás con el corazón... No tenés ganas de pegarle un cachetazo a un viejo que cruza por la... No, tenés ganas de ayudar, tenés ganas de sentirte mejor, tenés ganas de seguir haciendo lo que hacés. Bueno, con el canto es lo mismo. O sea, a mí me pareció que es una linda oportunidad para el paciente y para mí.

Yo sí, claramente siento que es algo distinto. Siento que... Todo con respeto, o sea, muchas veces me preguntan: "¿Vos entrás ahí pateando la puerta y te ponés a cantar?". No, yo entro, hago atención médica, termino de hacer la atención médica y, si hay tiempo y si se puede, te pregunto: "Che, ¿te gusta la música?". Si le gusta la música: "Bueno, ¿querés que cantemos algo?". Y así empezó la relación: sacó un parlantito ahí, caballito de batalla, y me pongo a cantar lo que él quiera. Por eso también digo que tengo que estar abierto a tango, bolero, folclore, cumbia, cuartetazos o lo que quieras. O sea, porque la idea no es algo que... No quiero ir a lucirme yo, es a compartir con vos.

—¿Algún paciente o algún momento emocionante que recuerdes, ya sea con el canto o con "¿Me regalás una hora?" que nos quieras contar?

—Muchos, muchos. La verdad es que con el paso del tiempo yo he tenido pacientes que no han salido de la internación, así como papá en aquel momento, 2014, que hemos cantado y fallecieron en la internación y la verdad que la familia inclusive, hasta años después, me han agradecido esos momentos especiales que tuvo su papá, su mamá, su hermano. Porque hizo que ese momento de tanta angustia, donde el paciente también sabe lo que le está pasando, fuera distinto, fuera diferente. Eso desde el canto.

Y desde "¿Me regalás una hora?" pequeñas batallas ganadas, logrando que algunos chicos puedan salir del consumo. Tenemos ahora, inclusive, un dispositivo, que es algo totalmente novedoso para nosotros. Empezó este año; inclusive, involucramos a gente de mucho renombre en esto, psiquiatras, como Federico Pavlovsky. O sea que ha escrito todo un método, digamos, y su equipo, que nos han ayudado a ¿Me regalás un hora? a establecer dos días por semana reuniones para adictos en situación de calle. Ya tenemos 16 pacientes que desde marzo están asistiendo semanalmente a sus reuniones, que han dejado de consumir, que están buscándole trabajo.

Por eso también nos vinculamos con otras organizaciones. Nosotros no buscamos trabajo, pero hay otras que sí. No hacemos comidas, pero hay otras que sí. Entonces, es este esfuerzo mancomunado que también de alguna forma lo empezamos a visualizar más ampliamente desde el Premio Abanderados. Nos vinculamos con un montón de gente para lograr cosas lindas. O sea, así como hicimos en algún momento con Elena Cataldi y Equinoterapia del Azul en Salta, bueno, ir a hacer asistencia médica a los cerros salteños a caballo siete horas, porque la gente de los cerros no baja al pueblo, están en un rancho de adobe a siete horas de la ciudad, entonces teníamos que ir nosotros y bueno, y esas cosas a mí me sanan, como decís vos.

—Y para ir cerrando, me gustaría que le des un mensaje a aquellas personas que pasan al lado de personas en situación de calle y les son indiferentes, ¿qué les dirías a estas personas?

—Mirá, yo creo que... Yo no reniego de mi fe, yo soy católico, la verdad que yo siempre pienso que es Jesús el que está ahí. O sea que te tiende la mano y pasaste o no pasaste. Si alguno no la conoce, es la parábola del buen samaritano, el tema de ¿Te detenés o no te detenés? ¿Te jugás o no te jugás? Yo he escrito algo que está en Facebook, si quieren, pueden leer, que es un poco como nació todo esto. Y digo: "Ahora es hoy, no lo pienses más". O sea, yo creo que todos tenemos que vivir. Decirte que está buenísimo no sirve, tenés que ir vos y sentirlo vos, sentirlo en carne propia, mirar a los ojos a aquel otro que te necesita, de alguna forma ver cómo vibrás.

Hay gente que no es para esto también, me ha pasado. Hay personas que me han dicho: "Ay, no, pero el chiquito está descalzo". Y bueno, preocupémonos por buscarle calzado, no nos larguemos a llorar. O sea, después lloramos en casa, sí, porque claramente te conmueve y te moviliza y está bien que suceda, pero me parece que si todos aportamos nuestro granito de arena, podemos hacer maravillas.