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Malvinas: el duelo armamentístico que marcó el conflicto y cambió la guerra moderna

Documentos oficiales y expertos señalaron que Malvinas no fue solo una disputa por la soberanía de las islas, sino un escenario donde colisionaron tecnologías armamentísticas, transformando para siempre las tácticas militares a nivel mundial.

El armamento utilizado en ambos bandos de la Guerra de Malvinas fue un factor determinante, no solo para el propio conflicto donde se utilizó, sino en guerras a futuro por las enseñanzas militares que dejó.

El armamento utilizado en ambos bandos de la Guerra de Malvinas fue un factor determinante, no solo para el propio conflicto donde se utilizó, sino en guerras a futuro por las enseñanzas militares que dejó.

Galería de la Fundación Malvinas.

Normalmente, cuando se habla de la guerra de Malvinas, se suele repetir que los soldados argentinos fueron enviados a las islas a combatir con armamento anticuado y en algunas ocasiones disfuncional, lo que fue un factor determinante en el conflicto frente a las armas del enemigo inglés. Documentos oficiales, estudios y expertos sobre la guerra detallaron este aspecto y el cambio del paradigma bélico que significó a futuro a nivel mundial.

El conflicto del Atlántico Sur en 1982 fue el escenario donde colisionaron tecnologías de la Segunda Guerra Mundial con armamento de, en ese momento de vanguardia, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que generaría un cambio vital en las tácticas de combate naval y aéreo.

Argentina presentaba ventajas posicionales que planteaban un escenario favorable en primera instancia. No obstante, informes oficiales como el bautizado RattenBach describieron la realidad de un campo de batalla donde se vio una brecha tecnológica y profesional que definió el resultado del conflicto.

El armamento en tierra desde el día 1

Las fuerzas armadas nacionales se presentaron en las islas el 2 de abril de 1982, en la llamada Operación Rosario. El desembarco inicial fue apoyado por una flota que incluía tecnología de vanguardia para la época y unidades de transporte pesado.

Los soldados llegaron a bordo del ARA Santísima Trinidad, escoltados por otro destructor Tipo 42, el ARA Hércules. Por su parte, el buque de desembarco de tropas, ARA Cabo San Antonio, fue el encargado de llevar a tierra los vehículos pesados y el grueso de la infantería en la Bahía Yorke.

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En mano, los miembros de la infantería argentina cargaban un Fusil Automático Liviano (FAL), con un calibre de 7.62 milímetros, o una ametralladora MAG. Además, en los registros oficiales se menciona el uso de morteros, cañones sin retroceso y lanzacohetes.

Sobre el FAL, el experto en la historia de la Guerra de Malvinas, Alejandro Signorelli, detalló: "El tirador habitual tenía el FAL, que tira a repetición o tira tiros individuales según cómo lo setees. Es todoterreno, tremendamente duro y resistente".

Además de este, los soldados contaban con el FAP (Fusil Automático Pesado) y granadas antipersonal. Para el asalto inicial, la infantería descendió de los vehículos blindados VAO. Sobre la organización y el equipo, Signolleri aclaró que "muchos tenían visores nocturnos", y destacó la operatividad de las MAG, la cual "necesita a dos personas para operarla" y tiene esa imagen clásica de la tira de municiones al cuello.

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Cómo fue la primera resistencia britanica

De acuerdo con el Informe Final, presentado por la Junta Militar una vez terminado el conflicto, en la Isla Soledad la resistencia británica en ese momento estuvo constituida por un total de 68 Infantes de Marina apoyados por voluntarios de la población local.

Además se señaló que los defensores en Puerto Argentino habían obstruido la pista del aeródromo con máquinas viales y emplazado ametralladoras en el sector.

Concretamente, los 68 hombres, estaban armados con fusiles SLR (la versión semiautomática del FAL), ametralladoras de propósito general GPMG y subfusiles Sterling.

Al verse rodeados en la Casa de Gobierno, los marines británicos respondieron al asedio de los comandos argentinos con un intenso fuego de armas automáticas que se prolongó durante casi dos horas. Un detalle técnico que suele omitirse es que, antes de la rendición final, los defensores lograron utilizar armamento antitanque.

Sobre este punto de la tecnología inicial, el experto aclara que, a pesar de la sorpresa estratégica, el nivel técnico no era tan dispar.

El armamento terrestre enviado desde Londres

Con el avance de las semanas y la llegada de la Fuerza de Tareas británica, el escenario terrestre se transformó profundamente con la incorporación de armamento pesado y tecnología de última generación que no estuvo presente en la defensa inicial.

Tras el desembarco masivo en San Carlos, la infantería británica desplegó una capacidad de fuego muy superior a la de los 68 hombres originales. Se incorporaron misiles Milan, descritos como "rompe-búnkeres" por su enorme eficacia para destruir posiciones fortificadas argentinas.

También llegaron lanzacohetes de 66 mm y los Carl Gustav de 84 mm, que fueron fundamentales para batir los puntos de ametralladoras en los combates de los montes. Sobre este tipo de armas, Signolleri destacó que el soldado británico compensaba su falta de fuego automático en el fusil SLR con un adiestramiento intensivo en estas armas de apoyo.

Además, por primera vez en las islas aparecieron tanques ligeros Scorpion (con cañón de 76 mm) y Scimitar (con cañón de 30 mm), cuya movilidad en el terreno malvinense resultó una sorpresa táctica. A esto se sumaron las baterías de cañones ligeros de 105 mm, que proporcionaron un apoyo de fuego constante y preciso durante el asedio final a Puerto Argentino.

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La batalla en el mar

El enfrentamiento naval en el Atlántico Sur fue un duelo de contrastes. La Armada Argentina operaba con una mezcla de tecnología: contaba con destructores modernos como el ARA Santísima Trinidad y ARA Hércules, similares a los británicos, pero también con buques de la era de la Segunda Guerra Mundial, como el crucero ARA General Belgrano y los destructores ARA Bouchard y Piedra Buena.

"Las armadas argentina y británica eran bastante parecidas en nivel de equipamiento. No andaba tan lejos", marcó el experto.

Por su parte, las fuerzas británicas movilizaron dos portaaviones, HMS Hermes e HMS Invincible, protegidos por una pantalla de destructores y fragatas con sistemas misilísticos avanzados como el Sea Dart y el Sea Wolf. No obstante, el componente más letal de los enemigos fue su fuerza de submarinos nucleares (SSN), cuya mera presencia generó una incertidumbre estratégica durante todo el conflicto.

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Sin embargo, este temor fue recíproco: los submarinos diésel argentinos, como el ARA San Luis, mantuvieron en alerta constante a los europeos, forzando incluso a los buques británicos a abortar bombardeos costeros ante la sospecha de contactos bajo el agua.

Argentina fuerte en el aire

A pesar del repliegue naval, Argentina mantuvo una amenaza latente en los aires, específicamente con el binomio Super Etendard-Exocet.

Signolleri destacó el impacto psicológico de este armamento: "Había una paranoia tremenda a causa de ese misil, los británicos, cuando detectaban algo, disparaban todo el procedimiento de alarma".

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Además, agregó una observación sobre la escasez de este recurso debido al embargo francés: "Argentina tenía solamente cinco unidades. Si hubiera tenido los 15 o 20, que hubiera podido tener y le hundía media flota", determinó.

No obstante, la efectividad argentina se vio limitada por la geografía. Mientras los británicos operaban desde portaaviones cercanos, los pilotos argentinos debían volar cientos de kilómetros desde el continente. Signolleri subraya que los Super Etendard "venían al ras del agua" para evitar el radar, generando una gran tensión en los ingleses. Pero, la gran ventaja tecnológica británica fue el misil Sidewinder AIM-9L, un secreto de la OTAN que, según el experto, fue el responsable de "un montón de derribos de aviones argentinos".

El hundimiento del ARA General Belgrano

El 2 de mayo de 1982 se produjo uno de los eventos más controvertidos y determinantes del conflicto: el hundimiento del crucero ARA General Belgrano.

El ataque fue ejecutado por el submarino de propulsión nuclear HMS Conqueror, que disparó dos torpedos Mark 8 de la era de la Segunda Guerra Mundial, impactando al crucero mientras este navegaba fuera de la Zona de Exclusión Total (ZET) con rumbo hacia el continente.

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Como resultado, el hundimiento significó la muerte de 323 argentinos. Una vez terminado el conflicto, los informes oficiales del Gobierno militar argentino definieron esta acción como un acto "intrínsecamente cruel por innecesario".

Según documentos ingleses, el ataque desarticuló un movimiento de pinzas planeado por la Armada Argentina, donde el Belgrano lideraba el grupo sur y el ARA Veinticinco de Mayo el grupo norte.

Tras la pérdida del crucero, la flota de superficie argentina recibió la orden de replegarse a aguas poco profundas y permanecer en puerto durante el resto de la contienda para evitar la amenaza de los submarinos nucleares. Esto significó un importante dominio inglés en las aguas aledañas a las islas.

En el ámbito político y diplomático, el hundimiento tuvo un efecto saboteador sobre las negociaciones de paz. Informes argentinos de la época sostuvieron que su propósito real fue entorpecer la propuesta de paz del presidente peruano Fernando Belaúnde Terry.

Las enseñanzas de Malvinas a las guerras futuras

Malvinas no solo fue una disputa territorial, sino un conflicto de pruebas que redefinió la guerra moderna para las potencias mundiales.

Una de las mayores enseñanzas fue la vulnerabilidad de las flotas de superficie ante misiles mar-aire y aire-superficie. El hundimiento del HMS Sheffield reveló que incluso los barcos más avanzados de la OTAN carecían de defensas eficaces contra proyectiles de vuelo rasante como el Exocet, lo que obligó a replantear el diseño de buques y a mejorar los sistemas de defensa.

Como bien señaló el experto lo ocurrido en la guerra "no solo cambiaron las reglas de juego durante los 74 días de la guerra, sino que marcaron diferencias a futuro". Sobre esto destacó a la dupla del destructor clase 42 con los misiles antiaéreos de largo alcance, y las fragatas con los misiles antiaéreos de corto alcance, esa combinación, no demostró ser eficaz.

"Malvinas dejó lecciones en cuanto al armamento y la estrategia para aprender". Como ejemplo de esto se mencionó la labor argentina contra "el portaaviones invencible al que postguerra se le saca un puesto de lanzamiento de misiles, y se lo reemplazan por un cañón ultrarápido que está ideado para disparar a ultravelocidad y a baja altura. Justamente para repeler ataques que vienen a baja altura, "exactamente como los argentinos atacamos", concluyó Signolleri.

Así, la guerra por las Islas Malvinas llegó a impactar a todo el mundo con las enseñanzas belicistas que esta significó para un mundo que aún se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial.