Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal, la mujer que sembró el futuro
Entre las mujeres que marcaron la historia de Mendoza, Lucila Barrionuevo de Bombal dejó una huella profunda en la educación y la vitivinicultura.
.Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal
La vida social, académica, productiva y política de la provincia de Mendoza está plagada de mujeres que hicieron historia. La nómina sería inmensa si pretendiéramos reconstruir y visibilizar una lista de grandes referencias femeninas. Interminable. Inagotable.
Las menciones podrían nacer en tiempos prehispánicos, desde la india huarpe Clara Tabalque, la hija de aquel cacique (Tabalque; una de las cuatro acequias que sorprendieron a los españoles llevaba su nombre) que dominó Mendoza durante el siglo XVI, cuando esta tierra todavía se denominaba Huentota. O de Estepe, madre del mismo cacique Goaimalle (Guaymallén), referencia insoslayable de Mendoza hasta nuestros días.
Pero la nominación también podría arrancar en los iniciales momentos de la conquista con Lorenza Bustos: la primera mujer española que piso tierras cuyanas y esposa del expedicionario capitán Pedro de Ribas, llegado en la expedición colonizadora de 1561. Paralelamente, Lorenza fue además la primera ibérica que parió un español en Mendoza: Pedro Ribas Bustos, a la postre el primer mendocino nacido en el nuevo tiempo colonial. Al poco tiempo de llegar, Lorenza quedará viuda, convirtiéndose en una tenaz emprendedora sobre lo que luego sería el departamento de Las Heras y a su vez, la primera “maestra de castellano” de la provincia.
De ahí en más, cientos de mujeres podrían cubrir miles de célebres páginas en la historia mendocina. Lamentablemente, muchas de ellas, son injustamente ilustres olvidadas en el marco de nuestra frágil memoria. La estanciera Francisca Contreras, la soldado Pascuala Meneses, la mítica Martina Chapanay, Laureana Ferrari de Olazábal, Merceditas San Martín, la bodeguera Melchora Lemos, Petronila Sotomayor, la incomprendida amante y luchadora Genoveva Villanueva, la altruista Olaya Pescara, la filántropa Narcisa Araujo, la cantante lírica Mercedes Day, la pionera escritora Antonia de Monclá y Santander, Carmen Romero (la primera médica mendocina), Virginia Gaviola (la primera abogada de Mendoza), Delia Larrivé Escudero (la primera reina vendimial), la reconocida académica Emilia Puceiro, la dirigente radical Margarita Malharro, la gran maestra Florencia Fossatti, la gremialista y candidata a presidenta en 1928: Angélica Mendoza, la escultora Eliana Molineli, la genial Liliana Bodoc, la rectora María Victoria Gómez de Erice, la actriz Gladys Ravalle, la atleta Gladys Ortega, la distinguida Elvira Calle, la hacedora cultural Rosa Fader, la mendocina por adopción: Mercedes Sosa, y un largo etcétera. Pero también, las vigentes Eliana Bórmida (arquitecta), Vilma Rúpulo (actriz y directora teatral), la escritora Vilma Vega, la pintora Sara Rosales, la soprano Verónica Cangemi, la periodista Lila Levinson o una eminencia como Aida Kemelmajer, primera mendocina en integrar la Suprema Corte de Justicia provincial. Solo por nombrar algunas, y a riesgo de cometer seguramente groseras omisiones.
Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal: los gestos que atraviesan generaciones
En la historia de Mendoza hay nombres que permanecen vivos no solo por la acción que desarrollaron en su tiempo, sino por el legado que dejaron en la comunidad. Uno de ellos fue el de Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal; una mujer cuya visión y generosidad marcaron profundamente el desarrollo educativo y productivo de la región.
Había nacido el 8 de julio de 1869 en una casona de Villa Nueva (que luego donó para la construcción del colegio Leonardo Murialdo) en una época en la que la participación femenina en decisiones sociales y políticas era limitada, Lucila supo convertir su posición y recursos en una oportunidad para construir algo que trascendiera su vida personal.
Había sido educada para cumplir otro rol (propio como se educaba a las damas de la alta sociedad por esos tiempos), pero su pronta viudez hizo que ante la circunstancia se convirtiera en una líder y referente que supo conducir con determinación los destinos de su familia y empresa hasta el punto tal de ser determinante en la formación de la agenda pública y social mendocina del momento. Su historia estará íntimamente ligada a la educación, la vitivinicultura y el compromiso con el bien común.
La herencia social que cambió historias
Lucila heredó una importante fortuna de sus abuelos maternos, quienes la nombraron única heredera de sus bienes. Aquella herencia no solo representó estabilidad económica, sino también la posibilidad de impulsar proyectos que beneficiaran a otros.
En 1887 contrajo matrimonio con Ignacio Bombal Videla, quien era un reconocido juez, camarista y senador provincial, proveniente de una familia con una fuerte presencia en Mendoza, Santa Fe y San Luis.
Ignacio era hijo de Domingo Bombal Ugarte, quien ocupará 11 veces la primera magistratura provincial en forma interina. En tanto, la pareja vivió en un contexto de prosperidad, pero también con un marcado compromiso social, hecho que se profundizará tras la repentina muerte de su marido.
Quienes conocieron a Lucila la recuerdan como una mujer sensible. La caridad y la solidaridad formaban parte de su vida cotidiana. Uno de los episodios que marcó profundamente su visión fue cuando acompañó a su abuela, Escolástica Ilarnes de Pescara, en la donación de dos casas en la Ciudad de Mendoza para la fundación del colegio Sagrado Corazón de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Aquella experiencia despertó en Lucila una inquietud que con el tiempo se transformaría en una obra trascendental.
Lucila tuvo dos hijos: Domingo Lucas y María Mercedes. Vivió un largo tiempo en la Ciudad de Mendoza (sobre la calle Catamarca), y luego tomó como residencia permanente la casona de Rodeo del Medio, llamándola San Ignacio en honor a su difunto esposo, lugar en el que hoy funciona un Centro Cultural. Los niños eran pequeños cuando enviudó y decidió viajar a Europa para educarlos. Estando de viaje en París y sus hijos estudiando en Londres, le llegaron noticias de que María Mercedes había enfermado de escarlatina, muriendo ésta repentinamente, lo que hizo que Lucila volviera definitivamente a radicarse en Mendoza.
Sus grandes obras
A comienzos del siglo XX, Mendoza atravesaba un período de crecimiento impulsado por la vitivinicultura. La formación de jóvenes en técnicas agrícolas y en el conocimiento de la tierra comenzaba a ser una necesidad clave para el desarrollo de la región.
Fue entonces cuando Lucila tomó una decisión que marcaría la historia educativa y vitivinícola de la provincia. Con gran generosidad ofreció 30 hectáreas de terreno cultivable en su propiedad de Rodeo del Medio para que los religiosos de la congregación Salesiana pudieran fundar un establecimiento educativo orientado a la formación agrícola, naciendo así el histórico Colegio Don Bosco, cuna de la enología nacional y latinoamericana de la especialidad. Ya instalada en su casona de Rodeo del Medio, diariamente repartía entre los más necesitados lo que ella llamaba el “Pan de San José”, donaciones de toda clase de víveres: dulces, mermeladas, panes, embutidos, leche, verduras, frutas, etc.
Algunas de sus acciones y reconocimientos
Las escuelas John Kennedy y Juan Isidro Maza se construyeron en tierras que donó. También contribuyó de forma financiera para la edificación del imponente Santuario de María Auxiliadora de Rodeo del Medio. Entregó parcelas de terrenos a familiares, empleados y colonos para fundar la actual Colonia Bombal y, al comprobar
que en dicho barrio no había escuela alguna, cedió 40 hectáreas a las religiosas de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia para que construyeran un colegio.
Habría que agregar la cesión de cinco hectáreas de terreno en el mismo casco de una de sus estancias para que se establecieran las religiosas de María Auxiliadora constituyendo un colegio de niñas. Y como hecho asombroso, sintetizando, la acción caritativa permitió ayudar a tres congregaciones religiosas: josefinos de Murialdo, salesianos de Don Bosco y a las Hermanas de María Auxiliadora y fundar seis escuelas.
Por sus obras de caridad el Vaticano la condecoró con medalla de oro, diploma y un título de nobleza de la Santa Sede otorgado directamente por el papa Pío XI.
Cuando la generosidad se vuelve legado
Mientras repartía su tiempo con la caridad, Lucila Barrionuevo fundó un negocio vitivinícola familiar, que continuaron con éxito sus nietas Lucila Isabel (Chateau d’Ancon, donde se plantaron viñedos a 1.400 metros de altura) y María Lorine (Estancia La Carrera), hijas de Domingo Lucas Bombal y Katherine Harrison West.
Actualmente el legado de los Bombal se proyecta activamente. Una de esas expresiones familiares es la Fundación Lucila “Lucy” Bombal, con actividades culturales, académicas y artísticas permanentes desarrolladas en el histórico Château d’Ancón (Tupungato) con su jardín diseñado por Carlos Thays, institución que se ha convertido en un fiel custodio de la prédica que llevara adelante “Lucy” Bombal, querida nieta de la reconocida Lucila Barrionuevo de Bombal, bajo la inspiración y dirección del esposo de Lucy, Jorge Bailey.
Así pues, como un ejemplo presente, se demuestra que la obra impulsada por Lucila Bombal fue mucho más que donaciones de tierras, creaciones de escuelas, iglesias, barrios o la estimulación de la vitivinicultura. Representó una apuesta al futuro, a la educación como motor de transformación social y al desarrollo productivo de la región y la provincia como instancia emancipadora.
La historia suele destacar grandes figuras políticas o económicas, pero también, esa historia cercana, está hecha de personas (hombres o mujeres) que, desde el silencio de sus decisiones sociales y empáticas, construyen oportunidades para otros. Irrefutablemente, su legado demuestra que cuando la solidaridad se une con la visión de futuro, el impacto puede atravesar generaciones.







