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Los asesinatos de los radicales Pacheco, Vásquez y Matons en la campaña electoral 1941

En las elecciones para gobernador mendocino durante aquel 5 de enero de 1941, las balas asesinas golpearon fatalmente en tres cuerpos radicales.

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La cosa venía muy brava. Recién empezaba enero de 1941. Para algunos: tiempos de la “década infame”. Para otros: “ni década, ni infame”. Lo cierto fue que la historia de ese momento electoral mendocino se tiñó de sangre. “Ganaron con fraude”, reclamaba la oposición ante la justicia. “Pero el fraude es un hecho patriótico porque impide el regreso de las masas entregadas a la demagogia y al poderío indiscriminado del número”, respondían, justificándose los oficialistas. Épocas donde votaban hasta los muertos, y en muchos casos, “nada de cuarto oscuro; se votaba a la vista”; donde sin escala se pasaba de: “¡no tiren radicales!”, a son ustedes: “¡gansos asesinos!”.

De un lado, y de otro. Virulencia verbal, y balas. No había medias tintas. Tristemente; se daban con todo. Así, enero del ’41 en Mendoza resultaba ser el coletazo de una serie de situaciones políticas muy poco claras que habían venido pasando desde hacía tiempo. Pero concretamente, en las elecciones para gobernador mendocino durante aquel 5 de enero de 1941, las balas asesinas golpearon fatalmente en tres cuerpos radicales.

La provincia por ese entonces era gobernada por Rodolfo Corominas Segura y como vice: Armando Guevara Civit, a la postre electo senador nacional. En la contienda del fatídico verano del ’41 se enfrentaron, el descendiente de inmigrantes italianos, Adolfo Ángel Vicchi, junto al radical antipersonalista, José María Gutiérrez (PD), contra el binomio “radical puro”: Bautista Gargantini – Rubén Palero (“la fórmula de acero”).

Los prolegómenos de la elección del 5 de enero de 1941

Tras el golpe de estado de 1930 se había profundizado una época donde los conflictos conllevaban una crisis de violencia extrema, pero la provincia de Mendoza ya venía de un hecho sin precedentes en la argentina contemporánea: el asesinato del ex gobernador Carlos Washington Lencinas (1929). Habría que agregar durante esa decena de años varios hechos rimbombantes de corrupción y el atentado en el Senado de la Nación a Lisandro de la Torre y la muerte de Enzo Bordabehere (1935).

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Un fenómeno paralelo fue la proliferación en las formas de acceder a la información y la cultura. Durante esta década del ’30, el cine sonoro, la popularidad de la radio, más la multiplicación de revistas y diarios jugaron un rol importante en la expansión de nuevas tendencias políticas y culturales. A su vez, se profundizaron los debates sociales entre intelectuales, lo que estimuló la emergencia de nuevas coaliciones partidarias. Por ejemplo, a la presidencia de la nación había llegado en 1938, el doctor Roberto Ortiz, un radical “antipersonalista” que integraba la Concordancia, alianza política formada entre el Partido Demócrata Nacional, la Unión Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente, ala conservadora del viejo tronco partidario socialista que habían fundado Alfredo Palacio y Juan B. Justo.

La Mendoza de esa época no estuvo para nada ajena a los avatares políticos de ese tiempo, aunque paralelamente vivenció algunos estimulantes hechos en materia socio - cultural que nos parecen insoslayables. La creación de la Universidad Nacional de Cuyo (1939), la realización de la primera Fiesta de la Vendimia (1936), el surgimiento de distintas asociaciones de artistas y escritores, la apertura de la Escuela Municipal de Artes bajo la dirección de Cecilio Luis López Buchardo, el primer Salón Anual de Bellas Artes de Cuyo en el Círculo de Armas y el nacimiento de la Academia de Bellas Artes, donde se encontraban, lo que muchos de aquellos intelectuales y artistas autodenominaron: “la nueva protesta”.

Las muertes en Rivadavia

Rivadavia por esos años presentaba una particularidad. En ese departamento estaba uno de los emprendimientos vitivinicultores más grandes de la provincia y la residencia del candidato a gobernador radical. Ahí se enclavaba la bodega, fincas y casa de Bautista Gargantini. Rivadavia había sido también la tierra donde nació “el gauchito” Carlos W. Lencinas, siendo el propio Gargantini su electo vicegobernador. Pero además era el departamento de nacimiento de quien fuera hasta 1938 gobernador de Mendoza, el demócrata Guillermo Cano, muerto sorpresivamente en 1939. Por ende, lo que pasaba en la provincia, tomaba una dimensión muy sensible en el Este provincial por el lazo afectivo directo que unía los protagónicos actores políticos del momento con la historia reciente de Mendoza.

Precisamente, durante ese cierre de campaña gubernamental se realizaría un gran acto en la plaza municipal rivadaviense. Desde la misma bodega de Gargantini (distante a 10 km. del centro departamental) había partido una caravana con más de 300 jinetes a caballo, cientos de correligionarios en bicicletas, motos y camiones hasta el mitin partidario. Por ende, las autoridades municipales y la policía local relacionados con el oficialismo gobernante dispusieron una requisa ingresando a la ciudad, en las inmediaciones del nuevo puente del rio Tunuyán (inaugurado en 1936), con el pretexto de palpar de armas a los manifestantes radicales.

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La guardia policial estaba a cargo del subcomisario Venacio Toro, el oficial José Soto y los agentes principales Barrera y Peregrina, más un puñado de milicos rasos. La manifestación de cerca de mil personas no se detuvo ante el primer pedido de alto cuando ingresaban al puente, lo que deparó que la segunda línea de requisa, a mitad del mismo puente, tuviera que enfrentarse con la vanguardia de la caravana que venía presidida por Miguel Pacheco, quien portaba una bandera radical, Antonio Pup, Dante Mácola, Manuel Ozán, llevando una bandera argentina y también un tal Bernal. Bajo esa coyuntura sucedería el desenlace fatal. Pues ante el avance de los manifestantes sin obedecer las órdenes de detención, el subcomisario Toro abrió fuego, matando a Miguel Pacheco, padre de siete hijo y capataz de Gargantini.

El cuerpo de Pacheco fue trasladado a la morgue judicial de Mendoza y sería velado en su domicilio particular de carril Florida (distrito Los Campamentos – Rivadavia). El cajón mortuorio y entierro fueron pagados por Gargantini. Su tumba se encuentra en el cementerio viejo de Rivadavia y fue donada a perpetuidad por el intendente demócrata, Oscar Bernasconi, como un gesto de pretendida reconciliación.

"La carne envenenada"

La otra muerte rivadaviense se dará en el marco de la misma contienda electoral de 1941. Será de Nicanor Vásquez, conocido dirigente del radicalismo local. Aquel acto, ya mencionado, en la plaza municipal terminaría con una gran “carne a la masa” para la concurrencia. Dos vaquillonas habían sido donadas por el candidato a gobernador.

Será el mismo Vásquez, “(…) quién el 31 de diciembre de 1940 se dirigió al comité departamental que estaba en calle Constitución, a unos 100 metros de la principal San Isidro. Allí recibió las instrucciones de los candidatos a intendente y diputado, Bautista Aristegui y Rodolfo Ozán, respectivamente, para que recibiera la carne. Como este tipo de alimento requiere un tratamiento especial, porque lleva mucho tiempo de cocción, se encomendó a un grupo, entre ellos a Vásquez, para que ayudara en su preparación que se realizaría en la casa de Víctor Lencioni (cerca de la calle “del medio”, hoy Avellaneda). También darían una mano: Mario Moreschi (luego en 1946, senador provincial por el peronismo), Juan Stipech, Manuel “el mono” Sanz, Enrique Bandoni y Gregorio Martínez. La carne una vez preparada fue trasladada a la panadería de Pascual Venditti (calle Lavalle 645) para su cocción” (“Política y Poder en Rivadavia” de Enrique Pizzuto. EN: “Rivadavia, historia y perspectiva”. Pablo Lacoste, compilador. Diario Uno. Abril de 1996).

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Seguramente la carne fue trasladada a la panadería para ser horneada y servirse en el acto del día siguiente (1 de enero de 1941). Luego cada uno de los radicales se retiró a sus hogares para esperar la cena de año nuevo. En paralelo, un rumor retumbó en el ámbito radical. “Los gansos” estarían pensando envenenar la carne del asado que estaba en la casa de los Venditti o robarla. A partir de ahí una serie de historias y leyendas se abrieron sobre ese triste asunto. Que hubo perros que sacaron un pedazo y murieron, que fue rociada con estricnina, que la “engualicharon” con venenos para pericotes (por el apodo radical), etc.

En tanto, como precaución, Vázquez y otros radicales de dispusieron concurrir a la panadería tras los brindis familiares de año nuevo para custodiar la carne. Será en esas circunstancias confusas donde en medio de una balacera morirá Nicanor Vásquez. La versión nunca aclarada fue que unos matones contratados por los demócratas buscaban matar a Lencioni, pero que en la trifulca cayó de varios balazos el “negro” Vásquez. Hubo más heridos esa noche, pero la semana electoral siguió increíblemente su curso.

La muerte del doctor Matons en Tupungato

Ernesto Matons nació en Buenos Aires durante 1892. Siendo muy joven viajó a España, donde concluyó su carrera como médico, llegando a actuar en simultaneo como un joven voluntario paramédico y cronista en la primera guerra mundial.

Tras ese conflicto bélico, y ya recibido, regresará al país para radicarse en Mendoza por 1924. Fue médico en el viejo Hospital San Antonio y el Provincial (luego Emilio Civit). En el primero creó la primera sala de obstetricia de la provincia a pesar de que no era su especialidad. Su consultorio particular era recurrido por gente de todo nivel social, a quienes atendía sin ningún tipo de discriminación, lo que le valió ser considerado uno de los tantos “médicos de los pobres” que circulaban por nuestra provincia. Como también lo fueran los doctores Perrupatto, Scaravelli, Schestakow, Sicoli y Tagarelli, por nombrar solo algunos. (Todos los mencionados, muy justamente, honran con sus nombres muchos de los hospitales de la provincia).

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Tras el golpe del 1930, Matons, fue cesanteado y encarcelado en Buenos Aires. Una vez liberado, y de regreso en Mendoza, siguió militando en la UCR provincial ocupando el cargo de diputado provincial y luego nacional. Vivió denunciando permanentemente el famoso “fraude patriótico” ejecutado por el Partido Demócrata Nacional. Así, fue como en la tarde del viernes 3 de enero de 1941 (a dos días de las elecciones), cuando se encontraba junto a varios correligionarios (entre ellos el doctor Piaggi) en la plaza departamental de Tupungato, investigando el robo de unas 300 libretas de enrolamiento sobre un padrón de 1.000 votantes, se le acercó un sujeto increpándolo y mostrándole una hoja de papel del diario “La Libertad”, donde Matons exponía su crítica por el robo de los enrolamientos en una carta enviada al gobernador Corominas Segura. Sin mediar palabra, el sujeto sacó una pistola y le dio un tiro en la sien derecha. El asesino era Segundo Rousseau, un matón a sueldo proveniente de Avellaneda. Matons moría a las 20 horas en el Sanatorio de Cuyo.

Había pasado así, una semana trágica que concluiría con el triunfo de Vicchi – Gutiérrez del Partido Demócrata. La Unión Cívica Radical de Mendoza y la prensa nacional tomaron abiertamente partido, repudiando airadamente los hechos, denunciando fraude, muertes, persecuciones, proscripciones y hasta pidiendo la intervención provincial. Fue en vano. Nada alteró la situación. La enfermedad del presidente Ortiz, su inmediata renuncia, la asunción de Castillo y la posterior revolución del 4 de junio de 1943 hicieron que todo se diluyera.

Así pasó la campaña 1941, con tres muertes que son historia, aunque muy pocos conozcan lo sucedido y otros no quieran recordar.