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Los $4.400 que separan la supervivencia de la vida digna para un niño en Mendoza

La diferencia entre el costo de la comida y la vida básica deja en evidencia la presión económica que enfrentan miles de hogares mendocinos.

Las ventas en supermercados no reaccionan Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
ALF PONCE MERCADO / MDZ

La Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) establece los umbrales de pobreza e indigencia con base en una metodología que busca reflejar las necesidades de una familia tipo. Para ello, utiliza el concepto de "adulto equivalente", una unidad que asigna un valor según la edad y sexo para medir el consumo de cada miembro del hogar.

Sin embargo, lejos de la estadística están las distintas realidades, aunque en los números y la teoría son poco más de $4.000 los que separan la supervivencia de la vida más digna.

Este análisis se centra en el "hogar Tipo 2", compuesto por una pareja con dos hijos: una niña de 8 años y un niño de 5 años. Según la metodología oficial, estos menores representan 0,72 y 0,63 "adultos equivalentes", respectivamente, sumando un total de 1,35 "adultos equivalentes" en el hogar. Es a partir de este cálculo que se determina la porción de las canastas básicas que corresponde a los hijos, un número que evidencia la presión económica que ejerce la crianza.

Para no ser considerados indigentes, los dos hijos de esta familia necesitan que el ingreso cubra el valor de la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Este monto, de $180.879,88 mensuales en junio de 2025, se destina exclusivamente a la comida, buscando garantizar el mínimo nutricional para la subsistencia. Desglosado a nivel diario, el costo de la alimentación de un niño en Mendoza asciende a $3.014,67. Este es el presupuesto para que un menor no pase hambre.

Sin embargo, para no ser pobres, la misma familia debe generar un ingreso que cubra la Canasta Básica Total (CBT), que suma a la comida los costos de bienes y servicios no alimentarios. El valor de la CBT para los hijos asciende a $444.904,28 mensuales. Esto se traduce en un costo diario de $7.415,07 por niño.

La brecha de $4.400 que lo cambia todo

El dato más revelador surge al comparar ambos umbrales, que separan la supervivencia de una vida digna en términos de costo diario:

  • Costo diario de la comida (para no ser indigente): $3.014,67 por niño.

  • Costo diario de la vida básica (para no ser pobre): $7.415,07 por niño.

La diferencia entre estas dos cifras es de $4.400,40 diarios por niño. Este número representa el costo que una familia debe cubrir cada día para que su hijo pueda tener acceso a bienes y servicios esenciales, que se encuentran más allá del plato de comida.

Esta brecha de $4.400 diarios por cada hijo pone de manifiesto que, si bien la lucha por el acceso a la comida es fundamental, el verdadero desafío económico de las familias se concentra en el costo de los bienes y servicios que garantizan un desarrollo integral. La delgada línea entre la indigencia y la pobreza se dibuja en ese monto, y es el verdadero indicador de la precariedad que enfrentan miles de hogares mendocinos.

Los productos de la canasta: mucho más que un listado

La Canasta Básica Alimentaria (CBA) de la que se derivan estos valores no es una cifra abstracta, sino que está compuesta por una "receta" de 27 productos que se consideran indispensables para que un adulto equivalente cubra sus necesidades energéticas y proteicas.

El mayor peso de esta canasta recae en alimentos clave como las carnes, los lácteos y los cereales. La canasta especifica cantidades significativas de carne, un producto que en los últimos años ha visto un aumento considerable de su valor. Del mismo modo, productos como el pan, la harina, los fideos y el arroz constituyen el eje de la alimentación diaria. A estos se suman otros imprescindibles como la leche, los huevos, el azúcar y el aceite.

Aunque en menor medida, la canasta también incluye un surtido de frutas y hortalizas, que si bien son cruciales para una nutrición equilibrada, son a menudo el primer rubro que se recorta ante las presiones económicas. Es este conjunto de 27 productos el que conforma el piso mínimo de alimentación que, según la medición oficial, se necesita para que una persona no caiga en la indigencia.

La brecha entre la teoría y la realidad

Para contrastar el valor de la canasta oficial, se realizó un ejercicio de simulación a partir de la lista de 27 productos que la componen. Al tomar las cantidades establecidas y asignarles un precio de referencia a partir de catálogos online de un mayorista de Mendoza, el monto final obtenido para un adulto equivalente fue de $121.482,08. Este número, notablemente cercano a los $133.962,94 que indica la estadística oficial de la DEIE para el mismo período, demuestra que si bien la cifra oficial se construye con los precios mínimos de distintos puntos de venta, el valor monetario de la canasta está fuertemente anclado a la realidad del mercado de la provincia, validando la precisión del cálculo.

Si bien el listado ofrece un marco de referencia sólido, su aplicación en la realidad no está exenta de debate. La metodología asume que estos bienes están disponibles y son accesibles en todo el territorio del Gran Mendoza para que las familias puedan adquirirlos a precios mínimos.

Sin embargo, en los barrios más pobres o en zonas rurales, la provisión de productos no siempre es completa, obligando a las familias a sustituir los alimentos de la lista por otros de menor costo o peor calidad nutricional, lo que puede tener un impacto directo en la salud. Esta disparidad en la disponibilidad y acceso a los productos esenciales podría significar que la situación de precariedad de muchas familias es, en la práctica, aún más grave de lo que sugieren las cifras oficiales.