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Lionel Scaloni, el argentino más japonés

Más allá de Messi y los títulos, Lionel Scaloni, construyó una identidad basada en el trabajo colectivo, la mejora continua y un liderazgo sin figuras imprescindibles.

Lionel Scaloni, el director técnico de la Selección Nacional.

Lionel Scaloni, el director técnico de la Selección Nacional.

@Argentina

Hay algo de Lionel Scaloni que recuerda más a Japón que a la tradición futbolera argentina. No porque haya estudiado allí ni porque copie sus métodos. Su liderazgo conserva rasgos profundamente argentinos: cercanía, sensibilidad, capacidad de adaptación y una enorme lectura del contexto. Lo que lo acerca a Japón es una convicción sencilla y profunda: las organizaciones más sólidas no se construyen alrededor de las estrellas, sino de una filosofía compartida.

Cuando una filosofía vale más que un talento

Esa idea se refleja en gestos concretos. Reparte el protagonismo, expone poco a sus jugadores, corrige sin estridencias y nunca deja que una victoria clausure el aprendizaje. Más que administrar un plantel, construye una identidad colectiva. Durante décadas, el fútbol argentino encontró buena parte de su identidad en el talento individual. El jugador capaz de resolver lo imposible. Scaloni no renunció a esa tradición. Hizo algo más inteligente: la organizó. Incluso teniendo a Lionel Messi, consiguió que el verdadero protagonista fuera el equipo. Las figuras dejaron de sostener al sistema. Fue el sistema el que empezó a potenciar a las figuras.

No siempre fue evidente. Cuando asumió la Selección, muchos cuestionaban su falta de experiencia y atribuían cada éxito exclusivamente al talento de Messi. Con el tiempo ocurrió lo contrario: cuanto más sólida se volvió la identidad del equipo, menos convincente resultó ese argumento. Las grandes organizaciones no eliminan la necesidad del talento. Eliminan la dependencia del talento.

Lionel Scaloni, más que administrar un plantel, construye una identidad colectiva.

Lionel Scaloni, más que administrar un plantel, construye una identidad colectiva.

Cuando la filosofía se convierte en ventaja

Argentina y Japón suelen representarse como extremos: uno asociado a la creatividad y la chispa imprevisible; el otro, a la disciplina y la mejora sistemática. Sin embargo, cuando se trata de construir organizaciones de alto rendimiento, ambos convergen en una misma convicción: el talento individual nunca es suficiente si no está subordinado a algo mayor. Esa coincidencia también se refleja en sus entrenadores. Como Hajime Moriyasu, Scaloni llegó sin el prestigio de los grandes nombres y terminó consolidándose por los resultados y por la identidad que construyó. Ninguno organizó un equipo alrededor de una figura. Organizaron un grupo alrededor de una idea. Uno expresa el rigor meticuloso característico de muchas organizaciones japonesas. El otro lidera desde la cercanía y la confianza. Pero ambos entienden que un proyecto sólido siempre debe estar por encima de cualquier individualidad.

El éxito como punto de partida

En Japón existe un concepto conocido como kaizen: la mejora continua. No sostengo que Scaloni haya tomado esa filosofía de allí. Pero su forma de conducir la selección recuerda esa lógica: mejorar incluso cuando se gana. La evolución del equipo lo demuestra. El que conquistó la Copa América de 2021 no era igual al que ganó el Mundial de 2022. Y el campeón del mundo tampoco es idéntico al que hoy sigue compitiendo. Scaloni nunca dejó de corregir, ajustar y aprender. Entendió que el éxito no es una meta, sino el punto de partida para seguir mejorando. Esa búsqueda permanente explica muchas de sus decisiones: rota jugadores, prepara reemplazos antes de necesitarlos, renueva funciones y genera una competencia interna que mantiene vivo el compromiso del grupo. Los grandes líderes no esperan la crisis para cambiar. Cambian mientras todavía están ganando. Las organizaciones no suelen fracasar por falta de talento, sino porque dejan de aprender y el éxito reemplaza a la autocrítica.

El legado invisible

Quizás dentro de algunos años recordemos a esta selección por los títulos. Sería lógico. Sin embargo, el legado más importante de Lionel Scaloni probablemente no sea una copa, sino una manera distinta de competir. Habrá demostrado que liderar no consiste en encontrar héroes, sino en construir organizaciones capaces de sostener su rendimiento cuando los héroes ya no estén. Que una filosofía de trabajo puede convertirse en la mayor ventaja competitiva. Y que el respeto, la humildad, la mejora permanente y el compromiso colectivo producen resultados mucho más duraderos que cualquier inspiración individual.

Scaloni nunca dejó de corregir, ajustar y aprender.

Scaloni nunca dejó de corregir, ajustar y aprender.

El talento puede decidir un partido. Incluso puede decidir un Mundial. Pero solo una filosofía compartida puede sostener el éxito cuando cambian los nombres, las generaciones y los resultados. Los campeones levantan copas. Las organizaciones extraordinarias cambian la forma de competir.

Ese será, probablemente, el mayor triunfo de Lionel Scaloni.

* Eduardo Muñoz. Criminólogo. Creador del Teorema de la Omisión Preventiva. Autor de La doble cara del gol (2026), un análisis criminológico del fútbol y el poder.

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