Las patologías sociales del siglo XXI: el costo humano de vivir como mercancías
La teoría de Axel Honneth explica cómo la falta de reconocimiento y la lógica del rendimiento generan nuevas patologías sociales.
Vivimos en la era de la hiperconexión, pero nunca nos hemos sentido tan solos.
Archivo.Vivimos en la era de la hiperconexión, pero nunca nos hemos sentido tan solos; trabajamos más que nunca, pero la sensación de vacío parece multiplicarse en el día a día. Frente a este escenario, la sociología tradicional suele hablar de crisis económicas o de fallas en el engranaje del sistema, pero la herencia de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt nos propone una metáfora mucho más punzante y humana.
El filósofo alemán Axel Honneth, uno de los máximos exponentes de esta corriente, dedicó gran parte de su obra a demostrar que la sociedad actual padece auténticas "patologías sociales". No se trata de virus ni de bacterias, sino de bloqueos estructurales que surgen cuando una comunidad es incapaz de traducir sus ideales de libertad y razón en la vida cotidiana de sus ciudadanos, generando como consecuencia directa sufrimiento, desorientación y menosprecio.
En la era de la hiperconexión nos sentimos solos
A diferencia de otros pensadores que miran el problema desde las grandes estructuras impersonales y macrosociales, Honneth sitúa la clave de la salud colectiva en algo tan íntimo como crucial: el reconocimiento mutuo. Para que un ser humano pueda desarrollar una identidad sana y una autoestima sólida, necesita verse validado en tres esferas fundamentales de su existencia. La primera es el amor, configurada por los lazos afectivos íntimos como la familia, las amistades y la pareja, que nos brinda la seguridad emocional básica para existir. La segunda es el derecho, que implica el reconocimiento legal y la certeza de que el Estado nos considera sujetos con los mismos deberes y derechos que cualquier otro. Finalmente, la tercera es la estima comunitaria, es decir, el valor social de lo que hacemos, sintiendo que nuestro trabajo y nuestras habilidades son respetados y considerados útiles por los demás.
Cuando las instituciones de una sociedad funcionan de manera justa, estas tres esferas están plenamente garantizadas, pero cuando el entramado social se quiebra, la patología emerge con fuerza. El desempleo crónico, la precarización laboral o la discriminación estructural no son simples variables estadísticas, sino heridas directas a la estima comunitaria y al derecho de las personas. El resultado de ese quiebre institucional no es la mera apatía, sino una profunda experiencia de humillación y menosprecio que impide a los sujetos desenvolverse adecuadamente. Es en este punto donde la teoría de Honneth se vuelve indispensable para ponerle nombre al principal motor de estas patologías en el siglo XXI: la racionalidad capitalista moderna y su tendencia a mercantilizar la existencia humana.
La teoría de Honneth se vuelve indispensable
Para explicar este fenómeno, el autor recupera y actualiza conceptualmente la noción de cosificación, describiéndola de manera brillante como el "olvido del reconocimiento". En una sociedad obsesionada con la productividad, el rendimiento constante y la optimización del tiempo, hemos automatizado tanto nuestras interacciones que olvidamos que el otro es un sujeto que siente, piensa y necesita valoración. Miramos las pantallas en lugar de mirarnos a los ojos y evaluamos a las personas por su perfil profesional o su éxito económico antes que, por su calidad humana, tratando a los demás, y a nosotros mismos, como si fuéramos mercancías con un precio o herramientas descartables.
Volver a mirarnos
El diagnóstico de Honneth es duro, pero abre una ventana de esperanza. Si la patología social nace de la falta de reconocimiento, la cura no vendrá de recetas económicas milagrosas ni de más tecnología. La salida es eminentemente política y ética: reconstruir los lazos comunitarios, humanizar los entornos laborales y exigir instituciones que vuelvan a poner la dignidad y la valoración de la identidad humana en el centro de la escena.
Antes de ser seres económicos, somos seres que necesitan ser vistos, escuchados y valorados. Recordar eso es, quizás, el primer paso para sanar las actuales patologías sociales.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.