Las Islas Malvinas a 44 años de la guerra: vigilancia, cruceros, dolor y el deseo de invadir la Antártida
Daysi Rendo Gadea, viuda de un excombatiente, tuvo la oportunidad de viajar a las Islas este año. En diálogo con MDZ, la periodista relató cómo fue su travesía simbólica hacia el corazón del conflicto y cómo se encuentra el archipiélago actualmente, bajo el mando británico.
Daysi Rendo Gadea en el Monte Tumbledown, una de las zonas de combate en las Islas Malvinas.
Gentileza Daisy Rendo Gadea/APERADaysi Rendo Gadea siempre supo que debía viajar a las Islas Malvinas y pisar aquel suelo que supo defender su marido, Carlos "Cacho" María Vergara Russo, quien fuera piloto civil del Escuadrón Fénix, una unidad dependiente de la Fuerza Aérea Argentina, durante la guerra por la soberanía del archipiélago frente a la invasión británica.
A casi 44 años del inicio de la guerra de Malvinas-el 2 de abril de 1982-, Rendo Gadea sintió que era el momento de viajar, que los años pasaban y que, si no lo hacía ahora, más adelante no podría. Es así que, en 2025, comenzó a preparar la que sería una travesía hacia el archipiélago en busca de cerrar una herida, recorrer los puntos críticos del conflicto y reconstruir las huellas de los más de 20.000 soldados argentinos que defendieron a la patria.
Pero no sabía que, al llegar, se encontraría con un terreno sumamente blindado por militares, con una extensa lista de elementos y accionares prohibidos para los argentinos, decenas de propuestas con el fin de incrementar el turismo y con un relato incompleto establecido por la corona británica, manchando la huella argentina en las islas.
En diálogo con MDZ, Daysi narró cómo fue su viaje hacia las Islas Malvinas y qué fue lo que vio junto a otros dos excombatientes en febrero de 2026.
Cómo es el viaje hacia las Islas Malvinas y cuánto cuesta el vuelo
Después de meses de preparación, finalmente, el 14 de febrero de 2026, Daysi emprendió su viaje hacia el archipiélago. Pero no fue sola, tuvo la suerte de viajar junto a dos excombatientes de la Guerra de Malvinas: Héctor Tessey y Juan Carlos Yorio, quienes la guiaron y le enseñaron las zonas de combate.
“Por convenio de la Cancillería argentina hay un solo vuelo al mes, que es el segundo sábado de cada mes, a través de la aerolínea chilena LATAM Airlines. La aerolínea chilena hace la escala Santiago de Chile - Punta Arenas (Chile) - Río Gallegos (Santa Cruz, Argentina), donde suben los pasajeros desde Argentina”, explicó a MDZ la titular de la Comisión Malvinas de Apera (Asociación de Periodistas de la República Argentina). Tras ello, el avión aterriza en Mount Pleasant (MPN), conocido en español como Puerto Agradable, en las Islas Malvinas.
De acuerdo con lo investigado por MDZ, el vuelo a Malvinas que ofrece LATAM, desde el aeropuerto de Río Gallegos tiene un valor básico -aproximado- de $519.404,05 (pesos argentinos). En tanto, el vuelo de regreso al continente sudamericano parte de los $416.363,75 (pesos argentinos).
Las zonas de batalla en las Islas Malvinas a 44 años de la guerra
En diálogo con MDZ, Daysy contó cómo fue caminar, por primera vez, en las islas en pleno febrero -mes en el que reina el verano en el continente-. Según recordó, entonces, el termómetro marcaba 5 grados bajo cero y el viento quemaba la piel a pesar del uso del protector solar.
“Nosotros no fuimos con la idea de hacer turismo, nunca fue la idea. Recorrimos todos los campos de batalla y hay cosas que me marcaron muchísimo”, relató la periodista argentina, y agregó: “El recuerdo que tenía el veterano que era comando era que esto cambió muchísimo. Él nos dijo: ‘Esto es otra cosa de lo que nosotros vimos’”.
“La diferencia de hacer la visita con veteranos es que ellos conocían ampliamente el terreno, las posiciones. Llegamos hasta las cocinas del [Regimiento] 7, hasta donde había cañones, donde estaba el helicóptero de Aguilera destruido y donde fue derribado el helicóptero del Escuadrón Alacrán (de la Gendarmería Nacional Argentina). Encontramos restos. Pero encontrar esos pozos de zorro alambrados, siempre mojados, siempre con agua, y decir: ‘Yo fui y volví en el día a un hotel con calefacción’, mientras nuestra tropa se quedó allí todos los días, es muy fuerte”, narró Rendo Gadea.
Como si fuera poco, una de las cosas que más le impactó de su paso por las Islas fue que las huellas de los misiles y las bombas aún siguen presentes. “Hoy, a 44 años, todavía están los agujeros de los misiles y de las bombas. Nunca creció el pasto en esos agujeros. Siguen siendo una esfera gigante donde hay agua, pero no crece nada más. Es una marca indeleble, imborrable de la guerra”, reflexionó.
El milagro de la mantita verde que un excombatiente encontró en Malvinas a 44 años de la guerra
Uno de los momentos más viscerales del relato tuvo lugar cuando uno de los veteranos, Juan Yorio, se apartó del grupo. Entre los nuevos caminos y rutas que hoy surcan las islas, el excombatiente se sintió desorientado, pero su instinto lo llevó hacia un punto exacto a 150 metros de dónde se encontraban. Allí, entre las piedras, encontró su antiguo pozo de zorro y el puesto de comando donde organizaban la defensa.
En ese rincón olvidado en el tiempo, ocurrió lo que parecía imposible. “A 10 metros de ahí (de donde se reunían los comandos), él guardaba su carpa y, con la magia de las islas, encontró su mantita. Entonces, nos abrazamos a la mantita y lloramos desconsoladamente. Fue un momento muy emotivo. Él estaba sobreexcitado, después empezó a temblar y a llorar desconsoladamente”, contó emocionada Daysi.
Cómo están las Islas Malvinas a 44 años de la guerra: vigilancia, turismo y antiargentinismo
A pesar de la cortesía superficial de los isleños, los argentinos se sienten vigilados constantemente, como si fuésemos invasores del terreno. “Hay un sentimiento antiargentino. Nunca nos maltrataron; son educados porque representamos turismo para ellos, pero nosotros llevamos la impronta de que estamos pisando nuestro terreno. Por eso, tenemos prohibido llevar todo lo que sea identificativo de Argentina. Los militares en actividad no pueden ingresar, y los retirados no pueden usar ropa militar ni camuflados”, precisó Daysi, sobre las condiciones que deben aceptar los argentinos para ingresar a las Islas.
Es más, la periodista reveló que se trata de condiciones que están prohibidas por escrito. “Me dieron un papel que decía todo lo que no podía hacer. Las banderas argentinas solamente se pueden mostrar dentro de determinados lugares y de la cintura hacia abajo; jamás permiten flamear la bandera. Aceptadas esas condiciones, podés ingresar”, especificó.
Mientras el grupo recorría el Monte Kent (en la Isla Soledad), “un día gélido con lluvia, niebla y barro”, un vehículo 4x4 militar apareció de la nada, saltando entre las piedras para seguirlos de cerca, según recordó Daysi. No había nadie más en kilómetros a la redonda. Como si fuera poco, en el Cementerio de Darwin, el silencio se rompió con el sonido de las aspas de un helicóptero que se posicionó sobre ellos justo cuando desplegaron la bandera argentina.
Así avanza la ocupación británica en las Islas Malvinas
Lo que Daysi encontró en Puerto Argentino dista mucho de las imágenes de 1982. Se encontró con una ciudad prolija, con un parque automotor de última generación y un desarrollo inmobiliario que incluye nuevos "barrios cerrados" a las afueras del centro, pero con casas de estilo inglés y nada de grandes edificios.
Las islas hoy gozan del producto interno bruto más alto de Sudamérica, impulsado por la pesca -ilegal, debido a la invasión del territorio argentino- y un turismo de cruceros masivo que desembarca miles de pasajeros semanalmente. “Están llegando los grandes cruceros a Malvinas. En la semana que estuve, llegó el Celebrity, un crucero de unos 3.000 pasajeros. Estimo que habrán bajado 2.500 personas a lo largo de 6 horas en Puerto Argentino. Es un ingreso de turismo importante", advirtió Daysi.
La población también cambió drásticamente. Los isleños conviven con una gran cantidad de extranjeros, principalmente de la isla de Santa Elena, así como chilenos, venezolanos y asiáticos, según los registros de la periodista.
En su visita, Daysi se acercó para conversar con algunos de ellos y la respuesta que más le impactó fue la de un residente chileno. “No te va a gustar lo que te responda. Soy chileno y estoy absolutamente convencido de que las islas son británicas (las nombró por su nombre en inglés). Soy un agradecido, vivo muy bien acá. Tengo a mi familia, mi hija es de generación isleña y tengo posibilidades de crecimiento que ni siquiera tendría en Chile", le dijo el hombre.
Tras ese y otros testimonios de las personas que se encontraban viviendo en las Islas, la periodista argentina notó que “casi todos los extranjeros piensan igual”. “Las generaciones que van naciendo son absolutamente probritánicas y nadie les cuenta la historia real desde nuestro lado”, consideró. Esta "población implantada" es la base sobre la que Gran Bretaña construye su argumento de libre determinación, ignorando las resoluciones de la ONU.
El agresivo mensaje del museo británico en las Islas: "Argentina invadió; vamos por la Antártida”
El choque cultural más fuerte se produjo en el museo local, conocido en las Islas Malvinas como Falkland Islands Museum and National Trust. Allí, la historia se cuenta desde una perspectiva parcial, irrespetuosa y agresiva acatando la perspectiva del Gobierno Británico para con el Ejército Argentino.
“Cuentan la historia desde su lado usando términos como ‘Argentina usurpó’ o ‘Argentina invadió’. Es dolorosísimo porque yo viví la guerra, yo era la esposa de un piloto. Sentir que me estaban diciendo ‘invasora’ o que éramos los ‘malos’ fue muy fuerte. Ellos siguen construyendo con un error de parte nuestra”, sentenció Rendo Gadea.
Pero lo más doloroso y shockeante para los argentinos fue el mensaje expansionista que detectaron en murales, postales y afiches comerciales, dentro y fuera del museo: "Nuestro próximo paso es la Antártida". “Suena como un ‘vamos por todo’. Ellos se sienten con derecho a eso y Malvinas es la puerta a la Antártida y a las islas del Atlántico Sur”, advirtió Daysi.
"En 2022 ampliaron la pista de la base militar de Monte Pleasant (Bahía Agradable), que está a 60 km. El aeropuerto antiguo de Puerto Argentino quedó para aviones muy chiquitos. Ellos operan vuelos semanales desde la base militar, algo por lo que Argentina protestó ante la ONU en su momento. Yo aterricé en un avión de línea civil, pero el trato fue absolutamente militar: prohibido fotos, revisiones meticulosas en migraciones y solo podés salir en micros controlados hacia Puerto Argentino. No podés elegir el horario de vuelta; ellos te pasan a buscar por el hotel 6 horas antes. No es una base cívico-militar, es una base militar donde el personal no se junta con los isleños", señaló la comunicadora.
El desarrollo de la pista de aterrizaje y la logística en la zona apuntan a una proyección hacia el sur que debería encender las alarmas en la Cancillería argentina.
La necesidad de seguir malvinizando, desde otra perspectiva
El Reino Unido sigue avanzando con la ocupación y el deseo de imponer a las Islas Malvinas como un destino turístico con ofertas de “turismo fotográfico, de pesca y de trekking”. “Argentina debe insistir en que esto es ilegal. Las Malvinas son una población implantada que no tiene poder de libre determinación, y Gran Bretaña se basa en eso para crear una ilusión”, enfatizó Daysi en diálogo con esta periodista.
Es más, tras esa experiencia, consideró que “tenemos que seguir recordando 1982 y homenajeando a nuestros veteranos, pero hay que cambiar un poco el enfoque”.
“Es un costo emocional, económico y personal muy grande, pero valió cada minuto, momento y gasto hecho, porque eso para mí fue encontrarme con algo que he defendido siempre, con alguien que amo profundamente y encontrar la realidad de poder decir de primera mano qué vi en Malvinas”, concluyó, sobre su imborrable travesía hacia el corazón del conflicto.







