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La pintura que puede bajar el calor de las ciudades y ahorrar energía

Una investigación del CONICET en Mendoza desarrolla pintura capaz de reflejar radiación solar y reducir el calor en edificios y superficies urbanas.

La pintura que refleja el calor y puede cambiar la forma de construir en Mendoza.

La pintura que refleja el calor y puede cambiar la forma de construir en Mendoza.

Gaviotas

Una investigación del Conicet en Mendoza analiza cómo una pintura puede reflejar el calor y contribuir a construir ciudades más eficientes. El proyecto estudia recubrimientos capaces de mejorar el comportamiento térmico de edificios y superficies urbanas, con el objetivo de reducir la acumulación de calor y, potencialmente, disminuir la energía necesaria para refrigerar los espacios durante jornadas de altas temperaturas.

El proyecto es llevado adelante por la investigadora mendocina Noelia Alchapar, del Conicet Mendoza, junto con la investigadora paraguaya Fátima Yubero, en el marco de una acción de cooperación científica internacional. El trabajo explora materiales y nanorrevestimientos con propiedades que permiten reflejar una mayor proporción de la radiación solar y reducir la acumulación de calor.

Mirá la entrevista completa de MDZ Radio:

En El Cruce, el programa de la 105.5 FM MDZ Radio que se emite los sábados desde las 11 y aborda temas de innovación en ciencia, tecnología y el mundo emprendedor, el desarrollo sirvió como punto de partida para una conversación más amplia sobre cómo la investigación aplicada puede contribuir a mejorar viviendas, edificios y ciudades.

No es sólo pintar una pared

El comportamiento térmico de estos recubrimientos se analiza a partir de propiedades concretas de los materiales. La capacidad de reflejar radiación solar y liberar el calor acumulado puede reducir el calentamiento de las superficies y, como consecuencia, disminuir parte de la energía necesaria para refrigerar los espacios.

Pero la investigación no se piensa como una solución aislada. Alchapar explicó que desde su instituto trabajan también sobre arbolado, diseño arquitectónico, iluminación natural eficiente y participación en comités de cambio climático. El objetivo es combinar distintas estrategias para mejorar la calidad de vida a escala urbana.

Ciencia, empresas y cooperación

El proyecto permite observar, además, cómo se conectan diferentes actores del ecosistema de innovación. La investigación surgió a partir de un vínculo con la empresa Macoma, que se acercó al instituto y abrió una línea de trabajo conjunta. Desde el CONICET también se brindan servicios tecnológicos para caracterizar materiales y medir propiedades relevantes para su desempeño.

A esa articulación entre ciencia y sector privado se suma la cooperación internacional entre Alchapar y Yubero. En desarrollos que todavía se encuentran en etapa de laboratorio, compartir conocimiento, capacidades y experiencias puede ser tan importante como la propia formulación del material.

El desafío ahora es avanzar desde resultados promisorios hacia soluciones escalables. La propia investigadora señaló que los materiales han mostrado buen desempeño frente a alternativas comerciales, aunque todavía quedan aspectos vinculados al envejecimiento y a la posibilidad de producirlos a mayor escala.

Innovar también es mejorar lo cotidiano

Cuando se habla de innovación tecnológica suele pensarse en dispositivos completamente nuevos. Sin embargo, una parte importante de la innovación ocurre sobre objetos y materiales que ya utilizamos todos los días.

Una pintura, una cubierta, una fachada o un árbol pueden parecer elementos simples. Combinados con conocimiento científico y planificación, pueden transformarse en herramientas para reducir consumos, mejorar el confort y adaptar mejor las ciudades a temperaturas extremas.

La innovación, en este caso, no busca agregar más tecnología visible a la ciudad. Busca que la ciudad funcione mejor.