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¿La inteligencia artificial desplaza o transforma al empleo público estatal?

La inteligencia artificial (IA) puede mejorar los servicios públicos si hay formación continua, criterios éticos y una política estatal que guíe su uso.


La presencia de la inteligencia artificial en la administración pública ya es una realidad: trámites automatizados, sistemas predictivos y asistentes virtuales forman parte de una transformación que llegó para quedarse. Pero esta innovación despierta un debate crucial: ¿la IA reemplaza a los trabajadores estatales o redefine su rol?

Según Eugenia Bertizzolo, investigadora y docente del curso “Inteligencia Artificial, Estado y Sociedad” de FUCER, no se trata de un reemplazo masivo. “La IA impacta en tareas vinculadas al procesamiento de datos y detección de patrones, pero aún necesita intervención humana”, asegura. En este sentido, destaca usos actuales como los chatbots para atención ciudadana, la organización digital de documentos oficiales y algoritmos para prevenir fraudes en áreas como la seguridad social.

Suplanta o no al trabajador estatal

“La inteligencia artificial no suplanta al trabajador estatal, pero sí requiere una reconversión de sus funciones. La supervisión humana, el análisis crítico y el diseño ético de estas herramientas son fundamentales”, explica. Es decir, se necesitan perfiles más estratégicos y capacidades que integren lo técnico con lo humano.

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La inteligencia artificial no suplanta al trabajador estatal, pero sí requiere una reconversión de sus funciones

Para avanzar en ese camino, Bertizzolo insiste en la capacitación continua de los agentes estatales: “No se trata solo de manejar herramientas digitales, sino de entender cómo funcionan los sistemas de IA, identificar sus sesgos, evaluar sus impactos y sostener el criterio profesional cuando sea necesario”. Agrega que también son clave las habilidades colaborativas y la flexibilidad frente al cambio.

En este contexto, el Estado tiene un doble papel insoslayable: “Debe ser un regulador del uso ético de estas tecnologías y también un empleador responsable que garantice políticas de formación accesibles para todos los trabajadores”, afirma.

Inteligencia artificial ¿amenaza o fortalecimiento?

La tecnología, entonces, no debe entenderse como una amenaza, sino como una oportunidad para fortalecer el rol público. El verdadero desafío es definir qué tipo de Estado se quiere construir, con qué herramientas y, sobre todo, con qué tipo de personas.

En ese sentido, el Estado tiene un rol clave. No solo como usuario de tecnología, sino también como regulador y como empleador responsable. “El Estado tiene un rol central desde dos aspectos: por un lado, como regulador del uso ético de la tecnología y, por el otro, como empleador responsable”, remarca Bertizzolo.

“Es fundamental que el Estado planifique esta transformación de forma inclusiva, que incluya políticas de capacitación accesibles”. No se trata solo de incorporar inteligencia artificial, sino de definir qué tipo de Estado construir y con qué herramientas. Y, sobre todo, con qué personas. Porque como concluye Bertizzolo, “hay procesos que no podrían ni deberían automatizarse”.