La increíble resiliencia de Hernán Barreto: de la violencia a la gloria deportiva
Hernán Barreto atravesó una infancia marcada por la violencia y la pérdida de su mamá y su hermana. Logró vencer la depresión para llegar a la élite deportiva.
Hernán Barreto, el velocista paralímpico argentino que se recompuso del dolor.
Gentileza Hernán BarretoLa vida de Hernán Barreto estuvo atravesada por pérdidas, dolor y momentos límite mucho antes de convertirse en uno de los atletas paralímpicos más importantes del país. Detrás de las medallas, las competencias y el reconocimiento deportivo, hay una historia marcada por la violencia, el hambre y una pelea constante y silenciosa contra la depresión.
Por su nacimiento prematuro, Hernán enfrentó, a pocos días de nacer, una parálisis cerebral espástica, clasificada como diparesia. Esta es una condición que afecta su motricidad fina y causa rigidez en los músculos de sus piernas. Durante años, correr no tuvo nada que ver con el deporte. Antes de competir por medallas, muchas veces corrió para escapar de la realidad que le tocaba vivir.
El velocista paralímpico nació en Zárate y creció en un contexto muy distinto al que hoy muestra arriba de una pista. Su infancia estuvo atravesada por carencias económicas y situaciones violentas que, según él, lo obligaron a hacerse fuerte demasiado temprano. “Hubo días donde no sabía si iba a comer”, recuerda.
Hernán Barreto y las heridas que marcaron su vida
La herida más fuerte llegó cuando asesinaron a su hermana. El impacto fue todavía más brutal porque el crimen fue cometido por el propio padre de ella. Barreto debía competir apenas dos días después de enterarse de la noticia. “Ahí entendés que la vida no espera, no frena”, relata sobre uno de los momentos más duros que atravesó. Ese momento se convirtió en un antes y un después.
Apenas dos meses más tarde murió su mamá. En medio del dolor, el atleta tuvo que seguir adelante mientras continuaba compitiendo y sosteniendo una carrera de alto rendimiento. Con el tiempo entendió que ninguna preparación deportiva alcanza para atravesar pérdidas de ese tamaño. Incluso hoy reconoce que cambiaría todas sus medallas por la posibilidad de volver a compartir un momento con su madre o haber podido evitar la muerte de su hermana.
La batalla invisible detrás del atleta
Aunque desde afuera muchas veces se lo relaciona únicamente con sus logros deportivos, Barreto asegura que la pelea más difícil no estuvo en la pista. La depresión apareció en uno de los momentos más oscuros de su vida y lo enfrentó a situaciones límite. Hubo días en los que levantarse de la cama era mucho más difícil que cualquier entrenamiento o competencia.
Mientras conseguía resultados deportivos, por dentro atravesaba un proceso emocional devastador. Esa reconstrucción personal, lejos de las cámaras y de los podios, terminó convirtiéndose en la victoria más importante de su vida. “Hubo momentos donde no era entrenar o no entrenar; era levantarse o no levantarse”, cuenta. El atleta también debió convivir con prejuicios vinculados a la discapacidad y al origen social. Muchas veces sintió que tenía que demostrar el doble para ser valorado de la misma manera.
El deporte, las personas y la medalla que no se ve
A lo largo de su carrera hubo personas fundamentales que lo ayudaron a sostenerse en los peores momentos. Desde docentes que lo acompañaron en la infancia hasta entrenadores que estuvieron a su lado durante casi dos décadas. Por eso, cuando habla de sus logros, no pone el foco únicamente en los podios paralímpicos. Para él, la verdadera medalla fue haber logrado seguir de pie después de todo lo vivido: “Seguir de pie. Esa es la más importante de todas”
Lejos de buscar que su historia genere lástima, Barreto intenta que sirva para reflexionar sobre la realidad de muchas personas que atraviesan situaciones extremas en silencio. Y aunque reconoce que las marcas del pasado siguen ahí, asegura que después de todo lo que le tocó vivir, hay algo que ya no le da miedo: los límites.