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La historia de Ramón Pérez: el histórico ascensorista del Hospital Central

Ramón Pérez se jubiló tras casi 30 años como ascensorista del Hospital Central. Con ceguera total, su trato amable y su compromiso lo volvieron inolvidable.

Durante casi tres décadas, Ramón Pérez acompañó a pacientes y trabajadores del Hospital Central. Su historia de esfuerzo y respeto hoy conmueve a Mendoza.

Durante casi tres décadas, Ramón Pérez acompañó a pacientes y trabajadores del Hospital Central. Su historia de esfuerzo y respeto hoy conmueve a Mendoza.

Durante casi tres décadas, Ramón Pérez fue una de las presencias más reconocidas en los pasillos del Hospital Central de Mendoza. Desde su puesto como ascensorista acompañó a miles de personas que entraban y salían del edificio. Su trato amable y su disposición para ayudar lo convirtieron en alguien muy querido dentro de la institución.

Ramón nació con una discapacidad visual que con los años fue avanzando hasta provocar su ceguera total. Sin embargo, esa situación nunca lo frenó. Al contrario, encontró en el trabajo y en el compromiso diario una forma de seguir adelante y construir su propio camino.

El viernes fue su último día laboral. A los 66 años, Ramón se jubiló luego de una extensa trayectoria en el hospital. Se despidió de los pasillos que recorrió durante casi 30 años, dejando una historia marcada por la constancia y el respeto hacia quienes compartieron el día a día con él.

Responsabilidad y buena predisposición en su trabajo

Ramón ingresó al hospital en julio de 1998. Aunque también cumplió funciones como telefonista, la mayor parte de su carrera estuvo vinculada al ascensor, un espacio pequeño que con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro cotidiano con pacientes, médicos y trabajadores.

Él mismo cuenta que la responsabilidad fue uno de los pilares que lo acompañó durante toda su vida laboral. “Nunca llegué tarde al trabajo, siempre llegaba 10 o 15 minutos antes”, relató en diálogo con MDZ, recordando el compromiso que mantuvo durante años.

Al comenzar su trabajo recibió un consejo del entonces director del hospital, el doctor Morgani. Le dijo que, aunque uno pudiera tener un mal día, debía recibir a la gente con una sonrisa porque muchas personas llegan al hospital atravesando momentos difíciles.

La discapacidad que no frenó su camino

Ramón Pérez

Cuando empezó a trabajar, Ramón tenía baja visión severa. Con el paso del tiempo la enfermedad avanzó hasta dejarlo completamente ciego. Ese proceso lo obligó a reorganizar su vida cotidiana y adaptar sus recorridos para poder seguir yendo todos los días desde Luján de Cuyo hasta Ciudad.

Parte de ese camino estuvo acompañado por la Asociación Luis Braille de Mendoza. Ramón participa allí como voluntario desde hace más de 30 años y reconoce que la institución fue fundamental para que pudiera insertarse en el mundo laboral.

Incluso ahora, ya jubilado, planea seguir colaborando con el voluntariado. “Prefiero seguir activo mientras tenga salud”, explicó, y contó que continuará viajando al centro para participar de las actividades de la asociación.

El cariño que dejó en el hospital

A lo largo de los años Ramón se volvió parte del paisaje humano del hospital. Con su radio siempre cerca y su buena predisposición para orientar a quien lo necesitara, logró generar un vínculo cercano con compañeros y pacientes.

Tras conocerse su jubilación, las redes sociales del hospital se llenaron de mensajes de afecto. Muchos recordaron su amabilidad, su respeto con todos y su capacidad para acompañar incluso en momentos difíciles.

Él mismo confesó que quedó sorprendido por la cantidad de mensajes que recibió. “Les doy gracias por toda esa demostración de cariño. No me alcanzan las palabras. Los voy a extrañar muchísimo”, expresó emocionado.

Un historia inspiradora para su familia y para muchos otros

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Su sobrino Luis también destacó el impacto que Ramón tuvo en quienes lo rodean. Contó para MDZ que para sus cinco sobrinos (Gabriela, Andres, Luis, Mauro y Camila) es como un segundo padre y un verdadero ejemplo por su actitud frente a la vida y por la forma en que enfrentó su discapacidad.

Durante años se levantó de madrugada para tomar el colectivo desde Luján de Cuyo y llegar al hospital antes de su horario. Esa rutina diaria formó parte de una disciplina que sostuvo durante toda su carrera.

Hoy, con su jubilación recién comenzada, Ramón inicia una nueva etapa. Pero en el Hospital Central su historia seguirá viva, en la memoria de quienes alguna vez subieron a su ascensor y recibieron su saludo amable.