La historia de la mendocina que logró un hito en la Armada Argentina
Con una carrera marcada por el esfuerzo y la vocación, una mendocina alcanzó el grado de Suboficial Mayor y rompió un techo histórico en la Armada Argentina.
Tras tres décadas de servicio, destinos en todo el país y misiones en el exterior, una mendocina llegó al máximo grado de su carrera en la Armada Argentina.
Gaceta MarineraLa mendocina Alejandra Aguilar Orozco acaba de marcar un antes y un después en la historia de la Armada Argentina. Con más de 30 años de servicio, se convirtió en la primera mujer furriel en alcanzar el grado de Suboficial Mayor, el máximo dentro de su carrera. El ascenso se oficializó el pasado 31 de diciembre, coronando una trayectoria atravesada por esfuerzo, convicción y vocación.
Nacida en Mendoza, Alejandra supo desde muy joven que quería ser militar. No tenía familiares dentro de la Fuerza, pero sí una motivación fuerte: el deseo de su madre de tener “un hijo militar”. En el último año de la secundaria, y en tiempos sin internet, recorrió distintas opciones hasta encontrar su lugar en la Armada y, especialmente, en el mar.
En 1993 ingresó a la Escuela de Suboficiales de la Armada, en Buenos Aires, formando parte de una de las primeras camadas femeninas de una institución históricamente masculina. “Mi objetivo era ser militar y no lo perdí nunca”, recordó. Desde ese momento, comenzó a construir una carrera sostenida en la perseverancia y el compromiso.
Una carrera forjada en destinos y decisiones
Su especialidad es Furriel, el rol administrativo naval, y a lo largo de su carrera pasó por destinos muy diversos. Cumplió funciones en el Comando de Operaciones Navales, Capitanía de Puerto, el Comando de la Flota de Mar, el Área Naval Austral, la Base Naval Ushuaia y la Escuela de Suboficiales, entre otros espacios.
Uno de los puntos de inflexión llegó en 2006, cuando decidió ofrecerse como personal operativo, en una etapa en la que las mujeres todavía no embarcaban de manera habitual. “Ser operativa implicaba poder navegar, acceder al máximo grado y asumir misiones en el exterior. Lo hablé con mi familia y no dudé”, cuenta. Esa decisión fue determinante para su futuro profesional.
Durante dos años se desempeñó como Maestra de Víveres a bordo del destructor ARA “La Argentina”, una experiencia que recuerda con orgullo. “El buque es como una familia. Aprendés a planificar, a convivir y a conducir personas en condiciones exigentes”, relató sobre la vida embarcada.
Del mar a las misiones de paz
Otro capítulo profundo de su trayectoria fue su participación en una Misión de Paz en Haití, donde integró un equipo de cooperación civil-militar durante seis meses. Allí trabajó junto a orfanatos, escuelas y organizaciones locales, en un contexto marcado por la pobreza y la desigualdad. “Fue una experiencia humana impresionante. Te cambia como persona”, aseguró.
Tras su regreso, realizó el curso judicial, del cual egresó en primer lugar, y continuó su carrera en el área jurídica del Comando de Alistamiento y Adiestramiento de la Armada. En 2021 fue destinada a la Delegación IOSFA Mendoza, donde permaneció tres años, hasta su actual función en el Comando de la Flota de Mar, en Puerto Belgrano.
Hoy, ya como Suboficial Mayor, mira su camino con satisfacción. “Siempre me puse objetivos y los cumplí. Volvería a ingresar. Ser militar es mi vocación”, afirma. También destaca los cambios que presenció dentro de la institución: “Hoy hay mujeres en más especialidades, en buques y en puestos técnicos; eso también es parte de lo que construimos”, relató Alejandra Aguilar Orozco.




